No es culpa tuya

Por ese “Si vienes tan tarde no vengas sola, que te acompañe alguien” de mi padre cuando salgo de fiesta. Por los “hija que guapa vas, muy diva como siempre; pero bájate la falda” de mi madre. Por cada vez que me han tocado en una discoteca/fiesta/cualquier sitio.

Soy flaca y me amo

Seré el palo más hermoso del planeta porque me hace feliz, porque me amo enterita, me encanta mi cuerpo, fluyo con él, camino con él, y cargo con sus pesares cotidianamente. Porque aunque me juzguen, o me juzgue a mí misma, en el fondo sé que en amarme está la respuesta, en aceptarme tal como soy. Y no es fácil

Tras la impotencia llega la rabia

Yo estaba en esa parada de autobús, en ese portal en Pamplona, estaba en un callejón oscuro, y en la habitación donde abusaron de una cría de catorce años. Yo estaba cuando mataron a la madre de dos niños de un tiro, porque un exmarido con ansias de poder pensó que si no podía ser suya tampoco sería de otro hombre. Yo estaba y me arrancaría los ojos si así no recordase las cosas que las mujeres hemos visto.

La impotencia de cada día

Espero no tener que volver a morirme de ganas de ver a mis amigos no por echarles de menos, sino por saber que estando al lado de dos chicos no te van a decir nada. Y aquí estamos, dependiendo una vez más de los hombres. Ese puto sentimiento de seguridad que te da ir por la calle con tus amigos, ese puto sentimiento de angustia al saber que nunca te sentirás así de tranquila yendo sola.