El Tren de Zamora

No estoy preparada para ser adulta y voy a cumplir treinta años. Fantástico.

Artista: LI HUI https://www.flickr.com/photos/34881092@N03/
Artista: LI HUI     

No me aferro a la niñez. A la adolescencia, tal vez, pero no a la niñez. Me equivoqué de sexo al nacer. Hubiese hecho un hombre fabuloso. A ellos se les permite ser adolescentes eternos. Pero no a mí.

Me sobrepasan las tareas domésticas. Me rodea el caos en menos de una semana. No sé planear un menú, pero cocino de coña con tiempo y un buen pinche. Soy incapaz de vivir demostrando siempre que estoy a la altura. Quiero que supongan que lo estoy. No chocheo al ver un bebé. Y odio tener la regla. Esa sí que es la verdadera maldición bíblica y no lo de parir con dolor. Puestas a elegir condena, preferiría lo de ganarse el pan con el sudor de la frente. Pero si de esa tampoco estoy exenta, ¿a cuántas maldiciones bíblicas tocamos por persona?Pertenezco a una generación diletante, desubicada, en la que es normal llegar a los treinta sin saber qué quieres ser de mayor.

Todos mis amigos tienen talento pero yo tengo, además, tetas.
Y como no soy lesbiana, ¿dónde encontraré a esa persona que me adore y me sustente con su fe hasta que mi talento florezca?, ¿Que mantenga mi casa ordenada y mi ropa limpia para que yo pueda dedicarme a cultivar mi genio y mi ego?
Ellos se casan. O se quedan con su madre.¿Cómo lograr esa certeza de ser imprescindible para el mundo que lleva a los hombres, con talento o sin él, a dedicarse por completo a lo que les gusta sin reparar en las necesidades y sentimientos ajenos?
Para eso hay que haber nacido rey de la creación, y a mí me tocaba ser el reposo del guerrero. Hay que joderse.Vengo de una familia en la que el cromosoma Y debería ser obligatorio. Todas las cualidades que poseo adquirirían un carácter inefable y suficiente en un hombre, pero no bastan para hacer de mí una mujer válida.
Por lo visto recibí el legado genético completo de mi abuelo paterno, por cuyas venas corría, fresca como una lechuga, la sangre de Teodoro Diez Sangrador, el héroe del tren de Zamora.Esta historia, de la que no tengo fechas ni referencias exactas, le sonará a alguien porque en una película antigua, no sé si “El mayor espectáculo del mundo”, hay una escena parecida, creo:Un tren descarrila. En el tren viaja un médico. El médico resulta herido en el accidente. Sabe que la herida es muy grave pero, ante todo, es médico y su deber es auxiliar a las personas heridas, así que se tapona la hemorragia y se dedica a salvar vidas olvidado de sí mismo.
Por supuesto muere. Pero heroicamente.
Seguro que deja mujer e hijos. Pero serán viuda y huérfanos de un héroe. Qué más se puede pedir.

Me he pasado la vida taponándome heridas para atender a otros. Todas las mujeres lo hacen, en uno u otro grado. Pero yo llevo en mis venas, fresca como una lechuga, la sangre del héroe del tren de Zamora. Si fuera un hombre, mi fama me precedería. Pero no lo soy.
Todas las mujeres somos madres en potencia, y como madres, debemos darlo todo sin esperar nada a cambio.
Dar mucho, pedir poco. ¿No dice eso la medallita del Timo Día de la Madre?
Con el tiempo y energía que he dedicado a escuchar, consolar o solucionar problemas ajenos, hubiese podido estudiar dos carreras, escribir cuatro libros, batir el record mundial de resistencia en el agua o aprender chino.
Si me hubiese dedicado a mí misma todo ese esfuerzo, no habría en el mundo talento más desarrollado, cuerpo más perfecto ni ego abastecido con mayor mimo que el mío.

Y mis viudos y huérfanos, estarían orgullosos de serlo. Porque mi legado al mundo sería un acto de creación tan puro, que olvidarían las veces que no estuve ahí cuando me necesitaban. Ellos comprenderían que me debo a mi profesión.
Que no tuve mas remedio que subir al tren de Zamora.
Altair Diez

About Altair Diez

Cuando era pequeña, mi tía me llamaba “Doña No” y decía que era el Espíritu de la Contradicción. Ahora he crecido y soy de letras en un mundo de ciencias, de izquierdas en un mundo neoliberal, motard en un mundo enlatado, feminista en mitad del patriarcado, traductora de francés entre tanta anglofonía… No sé en qué se basaba, la verdad.

4 thoughts on “El Tren de Zamora

  1. Muy real esto que cuentas… yo lo he pensado muchas veces, tantas mujeres con tanto talento que no se dedican en cuerpo y alma a este talento porque ese cuerpo y alma se dedica a los demas (en mayor o menor medida). Todos esperamos de una mujer que cumpla estas espectativas, esta especie de obligación intrínseca en el sexo. Mientras que esa dedicación o esa atención al projimo de forma altruista no se espera de un hombre, y cuando existe es infinítamente más valorada, y en realidad no tiene sentido! y lo hacemos todos, yo includia, dejar atrás sueños, proyectos…ego para satisfacer el de otros!
    Gracias por estas palabras, creo que son muy necesarias en este mundo en el que vivimos!!!(a ti, y a todas las locas del coño, me encanta!!)

    1. Muchas gracias, Patricia. La verdadera fuga de cerebros de la humanidad es la de las mujeres. Entre sobrevivir y cuidar, no nos queda tiempo.
      ¡Hay que exorcizar la culpa!
      El verdadero heroísmo no es morir por nada ni por nadie, sino VIVIR.

  2. No sé si la perspectiva sea la misma, pues es de alguien cerca de los treinta…
    Pero tengo veintiuno y es como haberme leído a mí misma; como leer los pensamientos que me rondan todo el tiempo y que sin embargo estoy de forma constante callando.
    Me quedaré haciendo lectura por un buen rato más de este texto que tal vez suena exagerado, pero algo ha cambiado en mí misma.

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