La agresividad de una mujer será dulce y será tierna

acoso callejero agresividad mujer locas del coño
Autora: Daniela Uhlig

¿Por qué te molestan tanto los piropos?”. Me lo pregunta un compañero de trabajo, he de decir que con la mejor de las intenciones. Está de acuerdo conmigo en que escuchar guarradas debe ser algo incómodo pero no entiende por qué me fastidian otros piropos más light.

“Imagina la siguiente situación”, le explico. Camino por la calle y alguien me dice una lindeza. Supongamos que es un piropo de los educados, de esos que inventan una metáfora sobre el brillo de mis ojos y la luz de la mañana -si bien la media sonrisa de consumidor de porno no suele fallar, ya reciten a Bécquer o comuniquen su deseo de ponerme a cuatro patas-. Ha sido un piropo no intimidatorio, pero igualmente no lo quiero. Así que me salto las dos opciones habituales -sonreír sin despegar los labios o fingir que no me entero- y le pregunto al pseudopoeta que por qué se dirige a mi persona si no nos conocemos de nada.

Quizá me ofrezca una disculpa amable, la posibilidad existe. Sin embargo, la experiencia habitual es llevarse media ración de insultos o, siendo optimistas, frases del estilo: “No hace falta ponerse así”; “Relaja ¿eh?, que no te he hecho nada”; “Baja esos humos, bonita”. En otras palabras, lo cierto es que la única opción socialmente aceptada es recibir el piropo con alegría. Los halagos de desconocidos no deben irritarme. O le sonríes, o le ignoras, o serás verbalmente atacada. Eso, la mayoría. Una minoría haría algo peor que insultar.

Los niños no lloran y las niñas son dulces. Tuve una jefa con la que convivía ocho horas al día y que por las noches protagonizaba mis pesadillas. Era cruda señalando errores y jamás te felicitaba por nada. Cuando se levantaba de su silla, se oía un suspiro de alivio grupal. A sus espaldas, los compañeros nos desahogábamos dedicándole un espacio considerable de odio hasta que alguien sentenciaba “No se puede ser así, no está bien cómo nos trata”.

A mi siguiente jefe lo conocí el día que empecé en el nuevo trabajo y prácticamente no le volví a ver el pelo. Una vez fui a su despacho, el cual guardaba un inquietante parecido con la consulta de mi dentista, y puedo asegurar que una mosca zumbando hubiera recibido más atención que yo. Sus respuestas se limitaron a monosílabos mientras mantenía los ojos fijos en su pantalla. ¿Sabría mi nombre o qué hacía en la empresa? Escuché mi voz -tres tonos más aguda y a un mínimo de decibelios- dar las gracias y una disculpa por haberle molestado con mi presencia. Nunca oí comentar en los pasillos lo maleducado que era el tipo. Más bien, quien se lo encontraba en el ascensor o coincidía junto a la máquina de café trataba de caerle en gracia. Hablar de fútbol les parecía funcionar a ellos.

En mi actual puesto, de más responsabilidad que los anteriores, no ha faltado quien me sugiriera de buen rollo que parece que estoy muy estresada cuando no acompaño de una gran sonrisa cada indicación. Los malos modales son injustificables casi siempre, pero los de ellos se pasan por alto mientras que a nosotras nos preguntan si estamos en esos días del mes. Es la testosterona la responsable de su agresividad (qué pueden hacer, los pobres, frente a un argumento científico de peso), pero a ti, mujer, lo que te pasa es que no sabes controlar tus emociones. Que una mujer sea agresiva es poco natural y además no hace bonito. Lo esperable de mí es que sepa apreciar los halagos de desconocidos. Que cuando hable lo haga de forma indirecta, que pierda tiempo dando vueltas para dar mi opinión y por encima de todo, que no moleste.

Para detectar señales de machismo, jugar a intercambiar los papeles es una gran herramienta. Pensar que el personaje es un hombre en lugar de una mujer y viceversa. ¿Alguien hubiera criticado a mi primera jefa de haber sido un hombre? ¿Se le hubiera tolerado a una mujer la actitud egoísta y endiosada de mi segundo jefe? ¿Me consentirían a mí insinuar que lo que le falta a Pepito es un buen polvo? ¿Decir que Juanito es un histérico? El nivel de agresividad asignado y permitido a cada género puede no ser el único factor, pero ¿por qué los artículos sobre feminismo en redes sociales son tan duramente atacados? ¿El término feminazi es casualidad? ¿Y la brecha laboral? Aunque haya disminuido el número de anuncios de jóvenes madres muy guapas y muy felices mientras frotan manchas en la ropa, se nos recuerda de formas más sutiles pero constantes que nuestro sitio es el de la dulzura y la sonrisa tierna. Sobre todo, con la agresividad bien escondida, no fuera a ser que al final algo cambie.

Ana M.

About Ana M.

Hago muchas cosas para pagar las facturas mientras pienso en cómo rentabilizar mi afición por los libros, los bares y los desayunos continentales . Vivo lejísimos.

21 thoughts on “La agresividad de una mujer será dulce y será tierna

  1. El problema siempre es el mismo. La sociedad (hombres y mujeres que la habitamos) espera cosas muy concretas de las mujeres, bajo las pautas de lo “normal”, “correcto”, “esperado”. Una mujer siempre ha de tener buena cara, como madres en potencia que somos (por favor, que se aprecie el sarcasmo en cada letra que escribo) se espera de nosotras el control absoluto de cualquier situación, encarada con una buena sonrisa, una voz aterciopelada y la mejor gratitud. Si añadimos varias toneladas de maquillaje y un bonito pushup estaremos listas para cumplir todas las expectativas

  2. Perdonad.. siento intervenir aquí (espero que no os parezca mal) pero actualmente no creo que esta sea la verdad.. No niego que un gran porcentaje de hombres aun siguen siendo unos retrogradas en sentido de la vision del feminismo, pero no me gustan las generalitzaciones que se llevan a cabo aquí.. Sinceramente me hace sentir mal el hecho de ser hombre este post, i creo que hay que matizar algunas cosas (bajo mi punto de vista). En primer lado, en la parte de piropos me parece que te has dejado un sector en el que me incluyo, en el que nos gusta decir cosas bonitas a las chicas, (de las dulces, no de las groseras) y que si no se lo toman bien asintimos y nos vamos para dejar de “incordiar”. Creo que decir cosas bonitas hacen de este mundo un mundo mejor, mas alegre, mas feliz. De hecho tambien me gusta decir cosas bonitas a mis amigos (anque en mi caso soy heterosexual). Si nos limitamos a ver solo lo malo de las cosas y nos negamos a lo contrario, este mundo se volvera frio. Que hay de malo en querer conocer a alguien?
    Solo venía a decir que los hombres dulces y feministas también existimos, y no queremos que se nos ponga en el mismo saco.

    1. Te alabo la intención, pero si quieres hacer el mundo más bonito, digo yo que igual hay mejores maneras que imponerle tu opinión no solicitada de hombre desconocido a mujeres aleatorias por la calle, ¿no crees?

      No sé, ¿has pensado en colaborar con alguna ONG que reparta comida entre niños sin hogar, por ejemplo?

    2. Tu lo has dicho ” de hecho también me gusta decir cosas bonitas a mis AMIGOS” ese es el dilema, lo mas probable es que tus amigos no tengan drama en que les digas cosas lindas así como a mi no me molesta que mis amigos y amigas me digan cosas lindas, pero piensa que es un poco y harto molesto salir a la calle y que gente que no conoces haga opinión de ti, que si andas con una falda corta o simplemente un vestuario que acentúe alguna parte de tu cuerpo, antes de salir de tu casa ya te estas mentalizándo para ignorar o peliar y responder ; miradas indiscretas, miradas intimidantes, jóvenes con risas y algunos piropos, señores que se las dan de galanes, ancianos rotos, ancianos “educados”, señoras, chicas de tu edad etc todos siempre haciendo una evaluación del otro que es innecesaria, donde siempre esa evaluación es hacia una mujer .

  3. Por qué los hombres han dominado a las mujeres tantos siglos, por que son más fuertes, las mujeres tienen que usar otras armas. En este siglo la fuerza ya cuenta menos, por eso se están igualando. Algún día las mujeres tendrán el poder y cuando les digan piropos a los hombres y se los quieran follar, por follar,…entonces no les gustarán los piropos.

    1. De hecho, una forma en que los hombres vean lo que significa para una mujer recibir “piropos” de un desconocido es cuando ellos se ponen la misma situación y reciben “piropos” de parte de otro hombre. Entonces ven lo que se siente, perciben el acoso e incluso el miedo. Entonces sí. Hasta que no se ven en esa situación, es como si no fuera con ellos.

      1. Y es la razón oculta, o no tanto, de la homofobia. A un hombre machista, le aterra pensar en la posibilidad que otro hombre lo domine y trate como él domina y trata a las mujeres. A pesar de ser yo hetero, jamás me he sentido amenazada por una lesbiana o una bisexual, conociendo a varias y hablando sin tapujos de nuestras relaciones, atreviéndome a decir que para la mayoría de mujeres es igual.

  4. Lo peor es cuando aún eres joven…No es raro ver a tíos de veintitantos gritándoles a chicas “bomboncito de licor” y saber que como les digas algo no vas a acabar bien

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *