De lo que no se habla, no existe

Stoya. Fotógrafa: Kate Blanch
Stoya. Fotógrafa: Kate Blanh. Fuente The Guardian

Bill Cosby, ‘el padre de América’, recibiendo la primera acusación formal tras casi sesenta denuncias de mujeres. Stoya y su denuncia por violación a su expareja el también actor porno James Deen en Twitter. Nuestra Carmen Maura entrevistada por Risto Mejide. Las voces de alarma desde prestigiosas universidades estadounidenses que llamaron la atención de Obama. Son noticias de 2015 sobre agresiones sexuales y violaciones, palabra que, por cierto, parece resultar algo incómoda.

Antes de meterme en fangos puntualizaré algo: sí, todos tenemos derecho a la presunción de inocencia. No, este texto no quiere convertirse en un juicio paralelo. Ni si quiera pretendo realizar un análisis de los hechos, a pesar de que una violación o cualquier cosa que se le parezca es uno de los actos de violencia e injusticia que más me repugnan de este planeta.

Sin embargo, el efecto colateral positivo, no sólo para mí, ha sido el tratamiento y el impacto de estas informaciones. La cobertura mediática en algunos casos ha sido prácticamente mundial. Los debates en redes sociales se han extendido durante meses. La respuesta social nos da motivos para creer que algo está cambiando (¿de dónde sacaré tanto optimismo esta mañana?).

1-: El público se solidariza con las mujeres

Todavía habrá para quien su primera hipótesis sea que todas estas mujeres están mintiendo para sacar provecho de la situación de algún modo. 

¿Cómo no se me habrá ocurrido antes? Si debe ser divertidísimo contarle a medio mundo que has sido violada. Voy a colocar esta nueva afición junto con otras actividades igual de agradables, como nadar entre pirañas o meter la cabeza en avisperos.

Resulta más probable que precisamente fuera el miedo al escarnio público la razón de los años de silencio de las más de cincuenta mujeres que, por ahora (se prevee que la lista aumente), han hablado de cómo Bill Cosby las drogó y las violó.

Pero quizá algo esté cambiando. Hace diez años la opinión pública salió en defensa del cómico tras la denuncia que ahora ha reabierto el caso. En 2015 en cambio, la “hermandad incómoda” de Cosby ha ocupado numerosas portadas.

Cuando Stoya revela en 140 caracteres que fue violada por Deen, la industria del porno automáticamente le cerró las puertas al actor. El mundo empieza a situarse de parte de la “presunta” víctima en lugar del lado del “presunto” agresor.

https://twitter.com/stoya/status/670689154498449413

2-: “Lo privado es político”.

Estas noticias son importantes  porque visibilizan y trabajan por la desestigmatización de las víctimas de agresiones sexuales. De hecho, construyen la definición de abuso, agresión y violación. Las personas a pie de calle encontramos en las figuras públicas, los medios de comunicación y las redes un espejo en donde mirarnos, unos referentes.

Muchas de las mujeres afirman que les llevó un tiempo tomar conciencia de que habían se ha sido víctimas de una violación. De lo que no se habla, no existe. Lo que no existe, no importa. Las consecuencias de la desinformación no se quedan en daños corporales, traumas psicológicos y marginación social. Si me viera en la situación, yo no sabría siquiera qué primer paso dar. ¿Voy al hospital? ¿Mejor a la comisaría? ¿Llamo a mi madre? ¿O qué tal si lío una a lo Kill Bill?

3-: Espacios para la reflexión

Hasta hace no tanto tiempo, mi concepto de agresión sexual tenía mucho que ver con el mito de una calle vacía y uno o varios hombres que, a punta de navaja, abusan de mi cuerpo allí o en alguna otra parte, adonde me llevarían amordazada en el maletero de un coche. Esta es la narrativa dominante sobre lo que constituye una violación, pero una la falta de consentimiento no siempre está tan clara. Si no hay consentimiento, es una violación, no hay escalas de gris. Estos acontecimientos crean un espacio para la reflexión y el debate. ¿Qué se considera un abuso? ¿Dónde marcar y cómo comunicar nuestros límites?

consentimiento afirmativo violacion
Autor: B. Deutsch

Stoya y Deen habían pactado una palabra de seguridad para manifestar su deseo de no continuar. Conocían y compartían un límite previamente trazado. Parece evidente que ella no estaba dando su consentimiento y que él traspasó una frontera. Pero ¿qué hay de las situaciones en las que los límites son difusos, donde la violencia puede ser más sutil? ¿Cómo concluir que algo no debería ser cuando interfieren la excitación, los juegos sexuales o los afectos?

Hay millones de artículos sobre “cómo hacer que tu chico tenga una noche inolvidable”. Sobre los excesos en la intimidad consentida se habla menos. Pueden no constituir un delito como los –presuntamente- acontecidos en las noticias mencionadas.

Quizá yo solita me he bajado las bragas así que es obvio que si estoy allí es por propia voluntad. Es normal entonces si se enfada y se ofende porque ahora resulta que no me apetece hacer esto o lo otro. Es normal también que se quite el condón porque le aprieta y no me diga nada. Todo muy normal, claro. Su “sí” es sí, pero mi “no” no es no. Disculpen que me haga un lío, será que estoy un poco histérica.

Mientras llegamos al mundo ideal en el que no parezca de locos esperar un respeto mínimo como miembros de la misma especie, el machismo también se combate en la cama. No tiene que ver con la moralidad religiosa; es ética, igualdad y libertad de lo que se trata.

Y aún así, y sigo preguntándome el porqué de tanto optimismo, parece que algo está cambiando. Será que acabamos empezar el año y es bonito imaginar que hemos hecho borrón y cuenta nueva.

 

Ana M.

About Ana M.

Hago muchas cosas para pagar las facturas mientras pienso en cómo rentabilizar mi afición por los libros, los bares y los desayunos continentales . Vivo lejísimos.

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