Hombres feministas, revolucionad los cuidados

Las mujeres nos hemos dedicado a lo largo de la historia a las tareas de cuidados. Tanto en la familia, como en la oficina, en una asamblea o incluso dentro del propio movimiento feminista, se espera de nosotras que ejerzamos una larguísima lista de cuidados que van desde las tareas domésticas hasta los cuidados emocionales, pasando por la pedagogía o el apoyo logístico.

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La dinámica patriarcal en la que nos vemos inmersas nos lleva a ofrecer cuidados gratuitos, obligatorios y unidireccionales. Para más inri, como los cuidados se consideran un trabajo femenino y lo femenino es sistemáticamente despreciado, estos cuidados también son invisibles y devaluados.

Como mujeres feministas, se espera de nosotras que ejerzamos constantemente una pedagogía calmada y amorosa para personas machistas que no se molestan en leer los artículos que les pasas y piensan que han descubierto la gran brecha en nuestras “teorías” sobre el patriarcado. Se espera que aguantemos sin perder los nervios a machirulos de todo tipo en busca de una clase particular a medida por la que no piensan pagarte.

La función de los hombres feministas no es sujetar la pancarta, inventar términos o teorías, acaparar los debates, recomendarnos lectura o mandar a Brigitte Vasallo a unirse a las luchas LGTB. No. Los hombres feministas sirven para hacer pedagogía. De este modo, no sólo dejaréis de dar vueltas como pollos descabezados intentando ocupar posiciones de liderazgo, sino que además ayudaréis a desmontar la dinámica patriarcal de cuidados feminizados, gratuitos, obligatorios y unidireccionales.

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Me explico:

1. No te va a doler a ti como me puede doler a mi

Ni eso, ni el resto de formas de violencia y de apología del machismo. Eres menos vulnerable a las agresiones, por lo que te corresponde a ti, como hombre, exponerte a las agresiones que se dan en estos contextos de “pedagogía”.

2. Liberas a las mujeres de su rol de cuidar

La pedagogía es una forma de cuidados, y los cuidados son y han sido siempre una esclavitud para la mujer. Entre las 2 horas diarias de más que pasamos nosotras cuidando del hogar y los niños y los cuidados emocionales de los que no os dais ni cuenta, nuestro tiempo y nuestras energías se consumen en cuidaros. Con el tiempo que ganamos al no tener que estar cuidando a nuestros opresores, podemos hacer cosas más útiles.

“Las mujeres son el único grupo oprimido del cual se espera que ame a su opresor”

Julie Bindel

3. Te van a hacer más caso

Esto es así, por mucho que me duela. Nosotras llevaremos tropocientos años diciendo lo mismo, pero viene un tío, lo suelta con una voz un poco más grave y ha inventado el pan de ajo.

Debido al sistema patriarcal en el que vivimos, tus palabras valen mucho más que las mías. Si hemos de usar el sistema para desmontar el sistema, hagámoslo.

¿Qué te parece, hombre feminista? ¿Abandonas la hidrofobia patriarcal y te apuntas a esto de la pedagogía?

Skulla

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17 thoughts on “Hombres feministas, revolucionad los cuidados

  1. Supongo que el tema de los cuidados y cariño es complejo. Bueno, como todo.

    En muchos casos, la gran mayoría, se atribuye a que la mujer es la que cuida y ama y, en mi caso personal, cuando visito a mis padres espero que sea mi madre quien me de cariño un rato. Son otra generación y no son responsables de querer cambiar las cosas porque ya les he dicho como están, pero bueno.

    Lo que digo, en la minoría, creo que también va en el carácter. Hay quien conozco que ni en su propia familia se dan un beso de saludo o despedida, o simplemente cariño entre ellos, cosa que en mi familia no pasa… Intenta irte a la calle sin dar un beso a tu padre y a tu madre, ¡si te atreves! No sales de esa casa y te lo van a reprochar.
    Y se junta esta persona del primer caso con alguien más cariñosx, no va a corresponder igual.

    Creo yo.

    1. No creo que sea complejo en realidad… Es simplemente poner en práctica dos tonterías con algo de convicción… bueno y tener acuerdos previos con la pareja porque si no todo se vuelve un lío.

      Pondré mi casa de ejemplo porque lo vale en este punto. Desde siempre nos repartimos las tareas del hogar (limpiar, cocinar, hacer compras) teniendo en cuenta los tiempos de cada uno y lo que a cada uno le gusta más o menos hacer. Tenemos una hija a la que cuidamos exactamente igual los dos. A ver… tuve un año en el que solo trabajé yo y lo hacía por la mañana (que soy la madre) así que decidimos que en esas horas que yo faltaba en vez de mandarla a jardín maternal se quedaría con el padre solamente y funcionó super bien, los dos se acostumbraron a ir por la vida, en el barrio lo vieron hacer compras con ella a upa desde siempre, no sé… es lo más normal del mundo! Al día de hoy conoce más a mis vecinos que yo… No existe en mi casa nada que ninguno pueda referenciar como “tarea de hombre” o “tarea de mujer”, si que hay cosas que le gustan más a uno o al otro… pero no tiene que ver con el género, si no con que somos personas diferentes con gustos y habilidades diferentes.
      En relación a nuestra hija desde el momento cero decidimos que queremos que valore las tareas del hogar como importantes para los demás pero no por ser mujer o varón, sino simplemente porque es la mejor forma de convivir, destacamos siempre que uno cocina sea mi esposo o yo… que está rico, que qué bueno que lo hizo dedicándonos tiempo a los demás, etc, etc… pero sin diferenciar si es cosa de todos los días o si es un super plato. Y también tratamos de hablar delante de ella de que todos los trabajos son importantes, da igual si es fuera o dentro de casa, se hace con dedicación y con amor y por eso hay que valorarlos, desde el hecho de tener un planto limpio hasta el dinero que se gana para poner alguna comida sobre ese plato.
      Otra cosa que hacemos es incorporarla a nuestros hábitos, si mi esposo tiene reuniones con compañeros de la uni o yo reuniones de trabajo o lo que sea y tenemos que ir con nuestra hija, pues vamos! Sus compañeros se han habituado a verlo con ella lo mismo que los míos. A nadie le parece raro y a ella tampoco.

      No sé qué resultado tendremos con nuestra hija (que recién va por los dos años) pero al menos hemos decidido hacernos cargo de no es taaaan complicado. Para luchar por el patriarcado hay que empezar por casa, además de ser un camino que nos unió como familia rompiendo con muchos prejuicios y falsas competencias, también ha servido para que nuestro círculo de amigos se plantee que hay otras formas de organizarse menos exigentes, menos injustas y, finalmente, más amorosas y respetuosas de cada persona sea del sexo que sea.

      Les mando un saludo desde Argentina!

  2. Te cuento; yo conozco “tíos” que no lo confesaran por hacer muchos quehaceres domésticos y cuidado de los niños eso depende del circulo en que se encuentren, pero te diré, tal vez en mi caso fui un adelantado, sobre el 84 nos repartíamos los quehaceres de la casa, ya los dos currabamos y el cuidado de los niños, no niego aún se den casos, si bien el hombre va evolucionando y mucho más aún si es el quién esta en casa por el paro y ella tiene la suerte de currar.

    Un saludo

  3. Hola! Generalmente me encantan sus artículos pero en este no estoy de acuerdo con la última. Diría Audre Lourde “las herramientas del amo no destruirán la casa del amo” así que si seguimos aceptando que la palabra de los hombres vale más que la de cualquier mujer ¿cómo vamos a recuperar la voz que nos negaron?.

    La cuestión de los hombres feministas y la pedagogía es algo que me apasiona porque estoy entre contestar como el culo o tratar de tener toda la paciencia cada vez que me encuentro con uno de estos “hombres feministas”.

  4. Ciertamente, tiene bastante sentido lo que dices. No obstante, discrepo en lo de que la “pedagogía” sea un tipo de cuidado del que os podamos liberar, ya que la vais/vamos a llevar a cabo queráis o no, puesto que la transmisión de conocimientos y de valores se realiza de forma permanente por todas y todos (aunque sean conocimientos o valores negativos), en todo momento, por acción u omisión.

    Al margen de esto, los hombres feministas, siendo mínimamente empáticos, deberían entender lo agotador y desmoralizante que puede resultar para las mujeres feministas tener que ir por la vida “dando clases” a unos “alumnos” que, en la mayoría de los casos, no desean aprender. Yo mismo, que he ido paulatinamente haciendo un ejercicio de autoanálisis y de toma de conciencia, he podido comprobar como al hacer pedagogía entre amigos míos “curables” de machismo (todos somos machistas aunque nos joda), he tenido más éxito haciéndoles pensar que cualquier mujer que lo haya intentado antes que yo.

    Es por eso que estoy de acuerdo en que nuestro papel puede ser clave en ese punto.

    Por desgracia, la cuestión tiene sus aristas. Como todas y todos somos machistas porque así se nos ha educado, el proceso de toma de conciencia y de autocrítica es muy duro y conduce a unas contradicciones y frustraciones internas constantes. Creo no ser el único hombre que, al mirarse a sí mismo, se da cuenta de muchos de sus comportamientos machistas en muchos ámbitos de la vida cotidiana y, sin embargo, sufre una enorme tensión al intentarse corregir, puesto que son esos pequeños detalles del día a día los que se graban a fuego en nuestra educación y están más “naturalizados” (recuerdo una bronca muy fuerte con una feminista militante hace tiempo, precisamente porque me decía que todos somos machistas y yo, en ese momento, lo negaba ofendido… para tiempo después comprender a qué se refería, para mi vergüenza).

    Esto viene a cuento de que algunos hombres podemos querer apoyar este flanco de vuestra lucha, la pedagogía, pero… ¿Realmente estamos capacitados por el hecho de decir “ey, soy feminista”? Yo, particularmente, tengo un debate interno constante conmigo mismo debido al machismo, lo que supone que aún me estoy corrigiendo en muchos aspectos. Disfruto de privilegios por ser hombre ¿Soy realmente el adecuado para hablar de igualdad cuando la desigualdad la sufre otro? La voluntad la tengo, pero… ¿no es una forma de ocupar un espacio que os corresponde a vosotras?

    Desde luego, siempre que sea necesaria mi colaboración, la tendréis, aunque admito que muchas veces me siento muy perdido viendo cómo todo lo que se me ha enseñado como “normal” se asienta sobre cimientos de injusticia, y tengo que deconstruirme para no caer en comportamientos que sé que perpetúan la opresión.

    1. Todo tiene niveles, Antonio.

      Obviamente, estamos todxs en deconstrucción, y hay niveles a los que yo aún no he llegado. Pero me siento perfectamente capaz de explicar por qué, por ejemplo, alguien no tiene derecho a piropearme por la calle. Y también estoy hasta el coño de explicarlo, para qué lo vamos a negar.

      Cada uno aportará lo que se sienta capaz de aportar.

      1. Gracias por tu respuesta.También es cierto que en muchas ocasiones, cuando un hombre pide “pedagogía”, lo que quiere en realidad es provocar y “pinchar”, y esto es algo que veo a diario, “tope cuñao”. Razón de más para que estéis hasta el toto, ciertamente.
        Hay una cosa que, no sé si acertadamente o no, a mí me gusta transmitir a algunos chicos con los que puedo llegar a identificarme (soy un hombre heterosexual, pero no entro bien en el patrón de tío “hipertestosteronizado”, soy bastante tranquilote, no me gusta la agresividad y la competitividad de “machotes ibéricos”). Y es que el machismo también puede ser, y es, de hecho, un hándicap para los que somos así, puesto que la sociedad patrarcal espera de nosotros precisamente eso, que ejerzamos de machirulos bien varoniles. Si no entras en el canon de machote tradicional, eres “una nenaza”. Intento transmitir que el machismo, aparte de ser una forma más de opresión y explotación entre seres humanos, a muchos, nos trata de impedir ser como realmente somos, y todo aquello que nos impida desarrollarnos libremente y obstaculice nuestra búsqueda de la felicidad, es aberrante.
         
        ¡Un saludo!

  5. ¿Pero no estaría apropiandome de una lucha historicamente liderada por mujeres si me pongo a enseñar sobre feminismo? Estoy algo confuso en ese tema

    1. Si solo haces de altavoz de nuestras palabras, sin apropiartelas, desde tu privilegio, no. Creo que el artículo lo explica, pero si te queda alguna duda o hay algún punto que no está claro, pregunta.

      1. Esa es una duda que siempre he tenido, y voy a un ejemplo real que me pasó: estaba con tres amigas, y las tres estaban hablando mal del feminismo por “exagerado”, “victimista” y hasta “feminazi”. Claro, por un lado no me correspondía estar dando lecciones de feminismo, pero por otro lado no me gustaba callar ante esas palabras. Al final, no sé si hice bien o mal (seguramente mal), pero les negué ciertos términos que usaban y les dije que si les interesaba el tema había algunas webs llenas de artículos al respecto. ¿Cuál crees que es la mejor reacción en una situación así? Gracias.

  6. Estoy de acuerdo en la mayoría de las cosas, no se trata de apropiarnos del discurso si no de conseguir que se escuche, el discurso debe ser compartido, y las mujeres deben alzar la voz, los tios podemos servir para apoyar, para hacer callar a otros tios, aunque esto tampoco está tan claro. Lo que si que está claro es que primero debemos escuchar, solo escuchando a las mujeres a nuestro alrededor podremos ser útiles.. yo mismo no me daba cuenta de muchas cosas, una compañera de piso casi nunca hablaba, yo pensé que era callada, hasta que me enteré que simplemente era yo que sin darme cuenta, por mi tono voz, le impedía hacerse notar porque era pequeñita y tenía la voz muy débil, y que la escuchara, porque yo hablaba y hablaba y defendía a las mujeres, pero resulta que no escuchaba a las que tenía a mi alrededor.. ¿cómo puedo defender un discurso escrito por sufragistas inglesas hace 80 años y con ese mismo discurso intimidar a las mujeres que conviven conmigo? Primero escuchar y luego ayudar a que el mensaje corra.. Para empezar dejemos de fingir que esos chistes nos gustan, recriminemos a quién sea grosero, si vas por la calle y escuchas algo desagradable de un tio métete, aunque no sea tu velatorio.. debemos actuar plantando cara, que se note que no es divertido, que nos rompen la cara? puede, pero no se trata de una lucha? una vez tuve que salir corriendo de 2 tios que decían guarradas a unas niñas porque me metí y quisieron pegarme… ahi podemos actuar.. poniendo la cara para que nos la rompan..

    Respeto a las tareas del hogar.. no quiero generalizar pero creo que los hombres somos más perros limpiando.. no que se quiera ser machista..sino que tenemos un concepto de la limpieza más laxo… la mayoría pensamos que no va a venir nadie a casa y por tanto si no barro hoy barreré mañana.. las mujeres que he conocido, la mayoría se anticipan, no tiene que venir nadie pero por si acaso barro, que nunca se sabe.. sé que es odioso generalizar y más decir los hombres son así y las mujeres son asá.. dicho esto conozco hombres que son unos neuróticos de la limpieza y mujeres que tampoco esperan a nadie en toda la semana..  Al final es holgazanería y siendo machista lo justificas..

    Escuchar, dejar hablar, ceder la palabra, alzar la voz para que a quién no se le oye se le oiga, enfrentar-te a quién quizás te va a pegar porque sí, mejor que me peguen a mi que peso 80 kilos que a mi compañera con 60.. pero con mi compañera lo tenemos claro, en esa pelea nos meteríamos los 2 y sería un 2 contra 1.. porqué tiene varios nombres, se puede llamar machismo, racismo, fascismo, etc. y debemos ser todos a una ..

    Perdonad por el rollazo.. saludos a todos

    PD.: a los graciosillos que dicen cosas como que las feministas no son igualitarias porque no te dejan publicar en un blog de mujeres.. que sepáis que cada día sois menos y nosotros más y os lo iremos recordando

     

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