Lo que no me dejaron leer el 25 de noviembre

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Autora: Asagi Natsume

 

Según las encuestas, 6 de cada 10 mujeres ecuatorianas declaran haber sufrido violencia machista en algún momento de sus vidas… bueno, la verdad es que estos datos son del 2012 y seguro que la encuesta no hablaba de violencia machista, sino de violencia en general, pero queda bien como comienzo. Es impactante, ¿verdad?

Hoy voy más allá, y me aventuro a asegurar que el 100% de las mujeres ecuatorianas han sido víctimas de violencia machista… Suena un poco exagerado ¿no? Tal vez… ¿el 100% de las mujeres presentes?

Les pregunto ¿cuántas de ustedes han sufrido violencia machista? ¿les da vergüenza levantar la mano? No se preocupen, eso es completamente normal, lo de la vergüenza… y, por desgracia, lo de la violencia.

Lo cierto es que la sociedad nos impone a nosotras, como mujeres y por ser mujeres, unos roles determinados… ¡no sólo los de antes! Ahora son esos y unos cuantos más, para que nos empoderemos, para que seamos la mujer del futuro: buena madre, trabajadora, deportista, buena amante, divertida, inteligente, buena cocinera, estudiada, culta, sexy, femenina, dócil pero con carácter, con carácter pero no mucho…

La sociedad nos denigra, pero nos denigra lo normal. Nos denigra en la televisión, en la publicidad para adelgazar para que tu esposo se sienta más atraído por ti, en las propagandas en las que una mujer casi desnuda te vende jugo de limón. Nos denigra cuando nos pagan menos, cuando nos imponen roles de belleza, cuando nos dicen cosas por la calle (no, no son piropos, es asqueroso) la sociedad nos denigra constantemente, mutila nuestra solidaridad y nos hace competir entre nosotras.

Otro día, si quieren, podemos hablar de la “libertad” de aceptar esos roles, y tal vez ese día yo haga uso de mi libertad y me ponga un calzón en la cabeza para ir una entrevista de trabajo, al igual que soy libre de no maquillarme, no ponerme tacos o no depilarme, al menos la nueva moda del calzón en la cabeza no vendría del patriarcado.

Sin embargo, parece que muchas mujeres cumplen con imposiciones patriarcales porque ellas quieren, porque son muy libres: maquillarse, hacer las cosas de la casa, llevar tacos, depilarse… “es que a mí me gusta, no lo hago por él, lo hago por mí, porque así me gusto más y tengo más autoestima”, hasta parece que el patriarcado se preocupase por nosotras.

El hecho de que el origen de todas esas imposiciones sea el patriarcado nos molesta, porque nosotras no somos así, porque la sociedad nos denigra lo normal, pero no por eso somos “víctimas de violencia machista”, porque admitir eso nos acerca un poco más a las “otras”: las violentadas, las que se dejan, las que lo permiten, las que no tienen educación, las que son ignorantes, las que se han criado en no sé dónde lejísimos con unas costumbres machistísimas… ésas que nada tienen que ver conmigo porque a mí ni de broma me maltratan, y es que yo no me dejo porque yo no soy  como “las otras”.

No somos como las “otras” porque leemos un montón, porque sabemos quién es Marcela Lagarde, porque todos los días nos repetimos lo liberadas y empoderadas que estamos y nos alegramos de no ser como “las otras”, porque eso ya lo hemos superado, las “otras” son las que tendrán que hablar de prevenir la violencia.

Yo creo que es un poco culpa nuestra, bueno mía, aunque mi caso es diferente ¿entienden? Yo soy muy mía, tengo un carácter muy difícil y ¡claro! eso sacaba lo peor de él, yo le decía y le gritaba que eso de hablar de las mujeres como objetos o como si fuesen idiotas no me gustaba, y puf, la verdad es que yo me pasaba mucho… exageraba… le provocaba y claro, se le salían unos comentarios, era la cosa del momento, a todos nos pasa alguna vez, que se nos escapa una humillación, a él le pasaba mucho porque yo lo provocaba mucho, varias veces al día incluso… y además yo exageraba un montón, porque estoy loca, eso me dijo, que estoy loca.

También me pedía perdón, él me lo pedía de verdad, porque yo podía ver que de verdad se arrepentía y aceptaba sus errores, se ponía fatal, a llorar, yo me sentía muy mal, me han educado para siempre saber perdonar, tenemos que saber perdonar, pero a mí cada vez me costaba más perdonarle.

Se le escapaban esos comentarios y esos ataques porque decía que se sentía amenazado, luego reconocía que era su sentimiento, que yo no le amenazaba ni le decía nada ofensivo. Ese sentimiento suyo le hacía tratarme mal, y a mí cuando me trataba mal me salía gritarle, o enfadarme, o ponerme a llorar o irme corriendo dando un portazo. Entonces me acusaba de “maltratarle”, y me decían que la relación se había vuelto “violenta”, así en general, “violenta”.

Cuando reaccionas a la agresión tienes que tener mucho cuidado en cómo lo haces, yo por ejemplo, después de probarlo todo (gritos, conversaciones asertivas llenas de amor, los consejos que él mismo me daba, salir de la casa, llorar en el baño) llegué a la conclusión de que lo mejor era no reaccionar, porque siempre se ponía todo peor.

“Tendrías que haberle mandado a la mierda, plantarte!”… cierto, lo pensé, pero me salía mal, porque mandar a la mierda es súper violento, le tendría que haber mandado “al depósito de heces más cercano”, “mira mi amorcito, esto que estás haciendo es machista y violento y cada vez me siento más manipulada por ti, así que por favor mijito ándese al depósito de heces más cercano, besito”.

¡Cómo me ofende que digan que la violencia es violencia y que no importa de dónde venga, que si nos quedamos calladas somos estúpidas y si reaccionamos somos histéricas, que nos ponemos a su nivel! ¡Cómo me molesta que den por hecho que tenemos que ser tan jodidamente buenas como para reaccionar bien ante las agresiones, porque si reaccionamos “mal” ya estamos en la “situación violenta” que no importa cómo haya comenzado!

“Reacciona, Ecuador, el machismo es violencia”, es la campaña de hace unos años, pero ten cuidado ¡a ver cómo reaccionas!, siempre de buenas, sin enfadarte, sin gritar porque si haces eso la violenta eres tú…

Tenía que haber denunciado, me decían, “no tendrías que haberle contestado a sus humillaciones, tendrías que haber ido a poner una denuncia”… ni entro a explicarles cómo funciona el círculo del maltrato, eso está en internet.

Yo pensaba en lo que veía en esas camisetas tan bonitas, lo que les decía de que el machismo es violencia… pero, la verdad, yo no me lo creo. O sea, sí me lo creo, pero creo que ustedes no se lo creen. El machismo es violencia y la violencia se supone que tendría que ser un delito (no soy abogada así que no sé).

Ya no hablo de mí, que he pasado por una situación de violencia psicológica, porque esa no se la cree nadie, porque eso es de las locas que se lo inventan o de las débiles que se dejan… Yo ni me planteé poner una denuncia, ¿quién denuncia a un abogado y además sin pruebas? Porque yo no grababa nuestras conversaciones ni las sutilezas de su maltrato

Para cuando te das cuenta de que te ha pasado algo así han transcurrido varios meses (porque yo me volví muy lenta) y es “extemporal”, entonces lo importante es “una misma”, cuidarte, ponerte bien, ser egoísta, ignorarle, al fin y al cabo no ha sido para tanto. La gente así no merece la pena, la vida le dará una lección… pero es curioso, la vida no da una lección al ladrón, la sociedad le da la lección, por si a la vida se le olvida…

La violencia psicológica y la violencia patrimonial están completamente invisibilizadas, puedes denunciarlas pero no sirve de nada, sirve para que pases por un calvario y te sientas más loca. Las otras violencias sí están “más” reconocidas por la ley… puedes poner denuncias y todo… del grupo de apoyo de mujeres al que voy (donde estamos todas locas) ni uno solo de los agresores está en prisión (disculpen que no utilice lo de “centro de privación de libertad”, las privadas de libertad han sido sus mujeres, sus hijas, sus hermanas, a ellos eso de privarles de la libertad… habría que ver, estudiarlo bien, que es un tema muy serio).

Y no quiero escuchar sus argumentos sobre el sistema y las leyes, quiero que ustedes me escuchen a mí… no es que “haya que revisar caso por caso a ver qué pasa”, no es que cada caso “sea individual”, se trata de que hay agresores con denuncias en la calle, no denuncias puestas ayer, denuncias puestas hace meses y hace años…

El sistema no está funcionando y eso me alucina, teniendo en cuenta que si bebes alcohol un domingo te vas preso o presa… debe ser que pegar o violar o humillar puede esperar siete años… Sería algo que podrían revisar, lo digo como consejo, porque es bueno escuchar los fallos para aprender y mejorar, aunque ya saben, a las “otras” no nos hacen mucho caso, estamos locas, nos lo hemos buscado y sobre todo hablamos poco, muy poquito porque nos da vergüenza. Nosotras no podemos tener voz, ya habrá alguien que nos la dé, porque es muy incómodo, es difícil discutir con la que lo ha sufrido, porque seguramente esté loca o se haya quedado loca, porque seguramente no tiene la capacidad, porque si le ha pasado algo así es porque no tiene bien puestas sus capacidades.

Lo que pasa es que estas cosas pertenecen al ámbito privado… por eso hablamos y salimos de copas con los agresores que conocemos o los machistas que conocemos, porque no nos lo han hecho a nosotras, porque nosotras no nos dejamos o porque ustedes los hombres tienen que entenderles un poco, porque al fin y al cabo ese agresor que conocen es pana o primo o hermano o papá… y porque hay que ser muy comprensivas, porque víctimas del patriarcado somos todos y todas… Por eso no nos posicionamos cuando vemos que pasa a nuestro alrededor, en nuestras familias o con nuestros amigos, total, es mejor no meterse, eso es privado y da como vergüenza, es realmente muy incómodo, porque dejamos de ser muy buenas y buenos, muy comprensivas, muy humildes.

Decir o insinuar que “eso” es privado es negar la sociedad patriarcal, es negar que la violencia machista es un problema social, es relegar esta lucha… es muy fácil irse a una manifestación, todos en masa… pero negarle el saludo al maltratador, eso es demasiado radical y difícil, porque es personal y nosotros mejor actuamos a lo general. Pensar que ustedes pueden cambiar al agresor es tratarnos como a idiotas,  ¿o acaso creen que no lo hemos intentado nosotras, las “otras”?

Tal vez piensen que lo hacemos mal, y seguramente piensen entonces que nos lo merecemos, que estaba en nuestra mano controlar el maltrato sufrido y que si no lo hemos conseguido es por nuestra culpa. Cuando ustedes no toman una posición con el compañero, con el hermano, con el marido o con el novio de su amiga nos dejan solas, solas en nuestra vida privada y con nuestros problemas privados e íntimos, cuando intentan “entender” qué le pasa al agresor en lugar de entender por lo qué está pasando la mujer, nos dejan solas, perpetúan el sentimiento de locas, de histéricas, de exageradas, de tontas, de culpables, de “algo habrá hecho para que se ponga así” o “habría que escuchar también la opinión de él”. Y si quieren dejarnos solas… entonces… no celebren el 25 de noviembre.

Les pido que tomen partido con la gente que conocen, que no defiendan ni “traten de entender” al agresor (hay psicólogas muy buenas dispuestas a hacer eso en muchas ciudades), les pido que no piensen que “son cosas de la pareja” o “algo íntimo y familiar, cosa de los dos” y tal vez, sólo tal vez les instaría a que los funcionarios y funcionarias públicas no digan cosas como “la mujer tiene que ser dócil” o “como es su esposo poco podemos hacer”.

Tal vez para algunos es muy cómodo mantener este estado de las cosas o no tomar una posición clara, porque “al fin y al cabo es mi hermano, mi cuñado, mi pana del alma y es mejor separar una cosa de la otra”, tal vez no nos da el asco suficiente.

La grieta

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Mujer, de las locas, histéricas y exageradas.. un desastre

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