Una extraña en “El club de los chicos”. O de como transitar buscando tu sitio.

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Via Ambivalently Yours

Alanis Morissette habla en el tema “Sister blister” del “Club de los chicos” al que todo el mundo desea pertenecer y que particularmente legitima o no a las mujeres, enfrentándonos las unas con las otras.

El club de los chicos ha estado ahí toda la vida y ofrece un estatus. La fuerza, la agresividad, la competitividad, son valores en alza en esta sociedad. Los sentimientos, emociones, la empatía, carecen de relevancia en un mundo construido sobre el eje masculino.

Este club se mete por nuestros poros, nos sale por la nariz al respirar en forma de heteropatriarcado rancio y maloliente, ese mismo que intento sudar y expulsar de este cuerpo.

Los ojos del heteropatriarcado no dejan de perseguirme, como a todas y todos, de hacerme un escaner proyectando sus valoraciones. Antes buscaba que esas valoraciones fueran buenas, que me concedieran al menos un suficiente o un aprobado.

Ahora sencillamente espero suspender todas las veces, que me tiren de clase, me expulsen de todos los sitios y ya no sepan que hacer conmigo.

Cuando eres joven y una disidente en potencia (aunque todavía no lo sepas), rechazas “El club de las chicas”. ¿Por qué tendría que ir vestida de rosa? ¿Por qué debo ser dulce? ¿Por qué tengo que ser una princesa Disney? ¿Por qué no puede interesarme el sexo? ¿Por qué debo ir todo el día maquillada? ¿Por qué no puedo gritar fuerte? Así que la sociedad te muestra su binarismo ofreciéndote otro club al que acceder: el de los chicos.

Es entonces cuando encuentras a un grupo de disidentes masculinos. Su disidencia no es consciente y en realidad desean con todas sus fuerzas dejar de serlo. No ser una proyección exacta de la masculinidad hegemónica, les angustia soberanamente. Así que buscan copiar el modelo establecido ampliando si acaso la norma pero no rompiéndola. Porque es ese modelo el que mueve el mundo, el que mueve “El club de las chicas” también e incluso otros clubs que creías diferentes.

Al inicio, “El club de los chicos” es tu espacio a salvo, un soplo de aire fresco, una guarida donde cobijarte, reír descaradamente, salir corriendo, liberarte.

Con los años, el club se queda pequeño, asfixia. La igualdad real que esperabas no existe, aunque ellos ni se hayan planteado que eso pueda ocurrir dentro de su mundo. Solo eres alguien en base a como te definan ellos, esperando de ti que los atiendas, comprendas, soportes y que en general te sacrifiques por su comunidad.

Si quieres jugar su partida debes pasar necesariamente por las casillas de la superioridad, la soberbia, el paternalismo, la condescendencia y la discriminación, normalizando todos estos aspectos, soportándolos y reproduciéndolos. Si eres incapaz de establecer jerarquías de poder y cumplirlas, te recordarán que el problema es tuyo.

La alternativa a no querer el rol femenino asignado pasa por intentar amoldarte, al menos de manera estética, al rol masculino, un rol que te resulta igual o peor de tóxico y tras el cual, sigues siendo la mujer que les recoge la mesa.

También hay hombres con sensibilidad para las injusticias en el club del que hablo. Hombres que quieren de-construirse pero no saben cómo hacerlo, hombres que directamente tienen miedo a perder privilegios o la supuesta lealtad de sus iguales. Miedo porque no saben que hay al otro lado de esta sociedad machista y creen, erróneamente, que la opción feminista no será ni mucho menos mejor.

En cualquier caso, son ellos los que deben hacer camino, posicionarse llegados el momento. Nosotras no tenemos la obligación de pasarnos toda la vida esperando que den ese paso, porque esa espera es injusta y angustiosa. Mientras tanto el heteropatriarcado sigue corriendo por las entrañas del grupo sin que parezca ocurrir nada al respecto. Los siguientes comentarios y comportamientos son buena muestra de ello.

“Debes entender que no se puede herir el ego de un hombre”

Esta frase es tan real como la vida misma. Os resultará increíble, pero la he oído en varias ocasiones. Ellos pidiéndote un sacrificio más, haciéndote chantaje emocional para que sigas siendo la madre sufridora y abnegada, discreta, silenciosa, el complemento auxiliar que los arrope por la noche.

Porque claro, ¿cómo puedes mostrar tu inteligencia? ¿Cómo puedes ser tan precisa con tus reflexiones? ¿Cómo confrontas? ¿No ves que los estás hiriendo sin piedad? ¿No ves que estás siendo una arpía? ¿Cómo manifiestas opiniones propias y plantas cara? ¿Por qué no asumes que viniste aquí para oírles llorar y ofrecerles un hombro? ¿Cómo te atreves a plantear que tu persona es igual que la suya? ¿No ves qué ellos han sufrido mucho más que tú, qué están hartos de ser rechazados por mujeres? ¿No puedes comprenderles un rato?

“El club de los chicos” te pide que no destaques. O al menos, que no destaques demasiado. 

¿Cómo osas decirle que “no” a un hombre?  ¿Eres consciente de los traumas que generas? ¿Crees que tu sexualidad y tu cuerpo son cosa tuya? ¿Por qué no te entra en la cabeza que ES NORMAL que todos los hombres quieran cosificarte? ¿Pero de qué vas? ¿Qué demandas de libertad son esas? ¿Cómo vas a ser aceptada si follas más que ellos o no follas con ellos? ¿Qué no ves que esto es una competición y ellos deben ganar, pedazo insensible?

Si cuestionas todo esto, “El club de los chicos” te quitará algunos puntos del carnet de socia.

“No se comporta bien con las mujeres pero con nosotros es buena persona”

Este punto es fascinante, triste y fascinante. O fascinantemente triste.

La situación es la siguiente: uno de los suyos es machista a cantidades industriales (ellos también pero o bien lo disimulan o lo son a otra escala). Para que nos hagamos una idea; el susodicho es un seductor (y ya sabemos todas y todos que connotaciones tiene eso). El resto lo admiran y odian a partes iguales.

Lo admiran porque en realidad le quieren, le tienen como el hermano descarriado al que cuidar, ese que a veces hace “cositas” mal pero al que se le mima. También valoran que sea un conquistador con las mujeres, que no pare de acostarse con ellas todos los fines de semana. En cierto modo, desearían ser así.

Por otra parte, lo odian. Ven a un narcisista y saben que su comportamiento no es el adecuado, que es un completo cretino sin escrúpulos. En cualquier caso, tampoco hacen por pronunciarse mucho. Al fin y al cabo, las personas a las que suele herir su amigo son mujeres. ¿Qué más da? Ellas también se lo buscan, que se hubieran follado a otros del grupo. Además, hasta la fecha él ha demostrado una lealtad con el género masculino brutal y eso le perdona la vida.

Cuando intentas hacer ver que eso es sexista y discriminatorio, injusto con esas mujeres, que demuestra que su amigo no es la buena persona que dicen es, que te hace dudar de tu postura dentro del grupo sintiéndote marginada y desprotegida y que eso algún día se volverá en contra de ellos mismos, eres la loca exagerada que necesita guerras que no existen.

Con el tiempo la presunta lealtad que se tenían acaba. La mala persona “solo con las mujeres” es mala persona en general. Cuando el resto observa que sus privilegios desaparecen, entonces sí, se posicionan contra él.

Ha tenido que pasar de todo, has tenido que oír como te llamaban pesada y “broncas” pero al final, un grupo de hombres heridos por otro hombre son capaces de reconocer que tenías razón.

Tu opinión sigue valiendo una mierda, eso te lo han dejado claro, y cada vez que vengas con una historia tendrás que oír sus burlas. Solo si tu versión viene acompañada de la firma de un hombre, se te escuchará.

Para ese entonces, tú habrás cogido las maletas y te habrás marchado al espacio sideral donde seguramente tu opinión cuente más que en este maldito planeta.

“Tú no eres una chica, eres uno de los nuestros pero con tetas”

Se sienten cómodos contigo, eso dicen. Sus relaciones con las mujeres han sido complejas, producto también del heteropatriarcado; no saben como manejar su masculinidad, confundidos por un machismo que les exige ser de una manera determinada y no de otra. En ti han visto a una persona con la que no fingir nada, ni intentar aparentar. Eso les resulta agradable.

A la misma vez, se permiten, gracias a la confianza adquirida, sacar su parte oscura, la parte que sí coincide con el sistema que les ha rechazado en repetidas ocasiones por no ser el estandarte de la masculinidad hegemónica.

Como buenos peones reproducen sin cuestionarlo, lo que el rey les dicta.

Así te despojan del rol femenino que la sociedad ha diseñado para ti. Inicialmente no buscan ninguna relación romántica y/o sexual contigo. Eso te gusta. Dejas de percibir los ojos inquisidores de quién señala tu falta de feminidad y tu osadía al comportarte como una rebelde que no busca la aprobación masculina a toda costa. En contrapartida te demuestran que para ellos no eres un ser que pueda aspirar a ser considerada atractiva o querida. Al parecer que tu físico no sea normativo o que huyas del rol asignado para ti te quita la oportunidad de gozar de intimidad con alguien.

En ese momento en el que el vínculo de la amistad se va haciendo más fuerte, te cuentan cómo tratan al resto de mujeres, qué esperan de ellas y cómo se comportan en lo más privado. Lo que encuentras, no es nada alentador.

Los comentarios machistas se suceden. Si intentas que paren, sencillamente eres acusada de “aguafiestas”. ¿Cómo tú, uno de los suyos, les estás jodiendo la noche con tonterías?

Pero la cosa no queda ahí: el momento en el que pasas a ser considerada alguien con quién relacionarse sexual y/o románticamente, acaba llegando. Es entonces cuando ves como compiten, te cosifican, te cuestionan y te tratan como si tú no tuvieras nada que decir. Pasas de santa a puta en poco tiempo. Valoran tu físico, tu persona y las razones de gustarles o no, de tener o no tener éxito con ellos y el resto de hombres. Puede que usen la amistad, el humor, el sarcasmo, pero no dejarán de juzgarte como buenos machistas.

Tu rol dentro del grupo se hace confuso: por un lado no eres una mujer normativa por otro no eres un hombre y menos un hombre normativo. Te encuentras en medio de un entramado de donde no sabes muy bien como salir. Las emociones y sentimientos son contradictorios. Les quieres, empatizas, has vivido buenos momentos con ellos y ves que algunos están próximos a tus ideas o al menos así te lo manifiestan en privado. Además, no te ves en la obligación de cumplir a rajatabla con un rol que jamás aprobaste, pero la alternativa que te ofrecen no te acaba de convencer. En el fondo sientes que eres una extraña en el club de los chicos.

Pero no pasa nada. Porque en este tránsito, en este viaje, “El club feminista y antipatriarcal” acabará siendo tu hogar. Y será allí donde sencillamente podrás ser tú.

Carmen Godino Megía

About Carmen Godino Megía

Educadora Social. Combativa. En revisión constante. En lucha contra la gordofobia y otros modos de opresión. Heterodisidente. Del País Valencià. Feminismes per a canviar-ho tot!

2 thoughts on “Una extraña en “El club de los chicos”. O de como transitar buscando tu sitio.

  1. Nunca he tenido muchos amigos, siempre me ha costado pertenecer al grupo, solo con mujeres he podido tener amistad, complicidad… Ser yo mismo. También yo soy machista, no puedo evitarlo fácilmente. Pero odio la competitividad, los roles de los grupos, los machos alfa y los betas y detesto a quien adora a los Alfa, chicos o chicas. Siempre me he negado a ser líder, jefe o seguidor. Y pago un alto precio. Ahora, con la edad, voy poco a poco comprendiendo cómo la testosterona y la cultura modelan y deforman la mente. El feminismo es el futuro y vuestro esfuerzo imprescindible para la supervivencia, más allá solo hay guerra, destrucción, combate y dolor. La civilización será feminista o no será.

    1. No es la testosterona, es la cultura basada en la fuerza bruta y la agresividad la que nos lleva a esto. También en mi adolescencia quise ser parte del club de los chicos y tenía una misoginia interiorizada desde casa. Criada por una madre misógina y con ella siendo víctima de la misma, con un historial familiar lleno de absoluto desprecio hacia las mujeres y tuve varios problemas para encontrar mi lugar, aún sigo en ello. Mi relación actual con las mujeres y con los hombres es distante. No siento esta cosa de solidaridad absoluta con mi género, tampoco lo odio y con los hombres me pasa igual, no los odio, pero ya no intento ser uno más en el grupo. En una sociedad machista, el hombre que no odia a las mujeres, que no lucha por el poder o por una posición dominante, es bajado a la categoría femenina, no es un hombre completo, es un traidor al género, lo que me hace preguntarme qué clase de hombres hemos creado y cómo podemos aportar para formar una nueva masculinidad, y lo digo en plural porque las mujeres también transmitimos el machismo, consciente o inconscientemente.

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