Mujeres rompiendo los roles de género

La sociedad, sólo por ser de género femenino, nos impone una serie de roles de género como son la cocina, los hijos, el marido, la limpieza, la dependencia, los cuidados en general, la sumisión, el sometimiento, los colores pastel, el parto, el dolor, el sufrimiento, el golpe, la agresión, la disminución de sueldo, la explotación… Podemos ser y hacer mucho más que eso. Podemos revolucionar y revolucionarnos.

Que no te coma la lengua el troll

Todos hemos escuchado eso de “no alimentes al troll”. No le respondas, cállate, eso hará que se canse y que te deje en paz. Pero una y otra vez nos encontramos con que cuando mujeres o minorías expresan su opinión, aparecen los trolls y comienzan el acoso a esa persona. Insultos y amenazas en tal cantidad que parece spam. Y la posibilidad de que hagan “doxing”, es decir, que hagan los datos personales públicos para convertir a la persona en objeto de ataques y amenazas en la vida offline.

El dolor de regla no es normal

Hace muchos años que la medicina deportiva, por su lado, y la antropología y sociología menstruales, por otra, se ocupan de si hay verdaderamente cambios en el rendimiento de las mujeres que menstrúan y cómo compensarlos para que en la competición no se desvirtúe el trabajo de entrenamiento previo.

De como me ayudó el feminismo a crecer y aceptar mi asexualidad

Vivía –vivo- en una sociedad hipersexualizada donde se espera una continuidad de tus actos, donde no cabe la posibilidad que dos personas puedan llegar a estar juntas sin necesidad de llegar a la cama. Porque parece que entonces es solo amistad, porque es lo normativo. Me hicieron creer que tarde o temprano me “adaptaría” a esa normatividad. No entendían que exista una atracción no-sexual.

La punta del iceberg

Excusas baratas, excusas que sirven para intentar ocultar o más bien excusar nuestros propios errores. En una sociedad como la actual es imposible estar limpio de actitudes misóginas que nos llevan inoculando desde que nacimos. Después de todo, ¿Quién no ha hecho nunca alguna broma sobre emborrachar a una chica para tener sexo con ella? ¿Quien nunca ha hablado sobre que las niñas no se respetan? ¿Quien no se ha reído de una niña por no depilarse? ¿Quién no ha llamado puta a una chica en su vida? y por último: ¿Quien nunca se ha escudado tras el típico “es una broma, no te pongas así, no seas histérica”?

Ser mujer en Colima (Mexico)

… abrió la puerta y al bajarse parecía que estaba sacando algo de entre sus piernas –yo no sabía que estaba ocurriendo–, se volteó hacia mí y vi que tenía el pantalón abajo con su miembro expuesto. Agarre mi celular y mis lentes y corrí en dirección a mi casa como si no hubiera mañana, sin importarme la tormenta, sin importarme nada…

Saliva y género. El lenguaje condiciona nuestra mirada

Me preocupa el poco valor que se le dan a las palabras, al gran poder que tiene el lenguaje para representar la sociedad en la que vivimos y condicionar cómo pensamos, y que a éste hecho no se le de importancia. Desde que George Lakoff definió la importancia de los marcos mentales en ciencia cognitiva para condicionar el razonamiento analítico, no entiendo el empecinamiento en seguir repitiendo que el lenguaje es algo aséptico. Cuando la información que recibimos (los datos) no se conforman a los marcos inscritos en nuestro cerebro, nos quedamos con los marcos e ignoramos los hechos. Y, sin embargo, nos siguen bombardeando con que el lenguaje no nos condiciona, que no es más que una herramienta de comunicación socialmente neutra.

Ni una menos

Y todavía nos preguntan qué por qué estamos tan furiosas. Nos dicen que somos unas exageradas. Todavía hay quien se ríe del asunto del pegamento, esos no tienen jodida vergüenza. Los que son conscientes de la problemática de las violencias machistas en el mundo entero todavía cuestionan nuestras formas. Nos siguen diciendo que están de acuerdo con la lucha feminista pero se escudan en que el fin no justifica los medios. Nos dicen que debemos ser más racionales, y no poner los sentimientos de por medio. Como si ninguna de nosotras supiera lo que es volver a casa de noche, teniendo miedo de ir sola. Como si ninguna de nosotras hubiera sufrido acoso callejero. Todavía nos dicen que no metamos los sentimientos en este asunto. Nos dicen que no tenemos que enfadarnos, con estas cifras. Nos siguen diciendo que nos calmemos, que no seamos tan radicales.

Apaleada pero agradecida

Después de la paliza que me dio mi ex pareja y que puso fin a varios años de maltrato, paliza por la que aún estoy a la espera de juicio, es el momento de dar las gracias a ciertas personas. Soy muy optimista y he decidido quedarme con lo bueno. En primer lugar, GRACIAS a esos dos ángeles que, sin conocerme de nada en ese momento, vinieron en mi ayuda y consiguieron reducirle. Gracias por salvarme la vida. No sé que habría sido de mí sin vosotros. Gracias por acudir como testigos a la vista preliminar. Gracias por restarle importancia a lo que hicisteis, aunque un pajarito me ha contado que tuvisteis pesadillas varias noches recordando lo ocurrido. Gracias, gracias y mil veces gracias.

Vivir el poliamor: de clichés y otros monstruos

Con el consentimiento y acuerdo previo de su mujer, nos embarcamos en una historia complicada pero no por ello menos enriquecedora para los tres, e incluso decidimos vivir juntos, en la misma casa, pese a que H. y R. ya habían formado una pequeña familia. No tenía ni idea hasta entonces de que existiera una forma de amar con tanta libertad que permitía saltarse los cánones establecidos.