La loca de la bici (como podría ser la loca del coño)

Autora: Leire
Autora: Leire

Ayer iba andando en bici por Barcelona, por un trayecto de esos que te obligan a hacer maniobras extrañas para ir de una carretera a un carril bici o viceversa. De esas maniobras que te obligan aunque sea por un minuto, a entrar en algún tramo de peatones, en los que intentas molestar lo menos posible (aunque es difícil porque las bicis solemos irritar a todo el mundo). Pues bien, tenía dos opciones: o cruzar por un paso de cebra con el semáforo en verde, o cruzarlo con el semáforo en rojo, y teniendo en cuenta que los coches venían en dirección perpendicular a mí, hubiese acabado como mínimo con mi hospitalización. Obviamente, vivir en un sistema patriarcal se me hace duro pero todavía me quiero viva, y por eso decidí cruzar con el semáforo en verde, es decir, con las peatonas. Un chico al no parecerle bien mi maniobra me gritó: “LOCA”. Ipso facto pensé: “típico”. Lo normalicé, como si escuchase el viento pasar o incluso mi propio nombre. No será por las veces que ya he escuchado esa palabra, o por las que alguien se queje de una bicicleta -vaya yo en ella o no.

Pero bien, al rato, me surgió una voz de dentro que me decía: “uff, ¿no será un poco fuerte que me llamen loca por esto?”, pensé “¿qué cosa tan fuerte habré hecho?”. Lo estuve reflexionando un rato y me paré a pensar en qué habría hecho para merecer ser llamada loca. Me pareció desproporcionado para cualquier molestia que le pudiera haber ocasionado. Claro, quizá me equivoqué, quizá podría haber dado la vuelta a toda la manzana para no irritar a ninguna peatona, quizá lo podría haber hecho mejor; pero jamás puse en riesgo la seguridad de ninguna persona, me mantuve al margen para molestar lo mínimo… en fin, un gesto que quizá se pudo mejorar pero entonces ¿por qué loca? Pues porque siempre nos toca.

Fue después de una larga reflexión en la que estuve pensando por qué merecía ser llamada loca que entendí que en realidad nos llaman locas por casi todo, o más bien dicho, a la mínima que tienen una oportunidad. Y no te hablo de tu amiga, tu prima o tú misma, así en plan cumplido. Sino de la boca de una extraña o persona cercana que quiera descalificarte como mujer, que te dice despectivamente, en plan insultante, en plan: te sales de las normas y eres una enferma. No eres apta para la sociedad ni la vida en común, ni la vía pública. Y entonces entendí que hoy me había tocado con la bici y me había ayudado a darme cuenta de la exageración de un patrón recurrente y habitual. Que no era la primera vez ni la última… que era parte de algo que quizá había pasado antes por desapercibido, que había diluido, que había normalizado. Pero no, no es normal que te llamen loca a la mínima, porque el significado profundo que implica es bastante grave para que te lo estén repitiendo constantemente.

Me tocaba cena con una amiga, y le pregunto ¿alguna vez te han llamado loca casi sin venir a cuento? Sí. Me contesta automáticamente. Le digo que hoy estaba pensando cuanto nos llaman locas por todo a nosotras, mientras que para ellos siempre hay una variedad de calificativos light. Ella reflexiona, y me dice: “es que claro, si le llamas a un hombre loco, no es tan fuerte… es necesario decir algo como imbécil, cabrón, son palabras más fuertes”. Ahí es donde estuve completamente en desacuerdo, y verdaderamente entendí la gravedad de la palabra loca. Porque realmente, cuando llamas a un hombre imbécil o cabrón solo lo estás reduciendo a poca inteligencia por una parte, y por la otra a su infidelidad. Cuando llamas a una mujer loca, en el fondo, lo que estás diciendo es que tiene trastornos mentales o facultades mentales perturbadas; le estás diciendo que está enferma. Sí, luego se desarrolla su uso coloquial, aquel que disuelve un poco el contenido…pasa a utilizarse para definir a una persona que se comporta de forma disparatada o temeraria sin pensar en las consecuencias; pero no nos equivoquemos: este contenido algo más disuelto de la segunda definición no anula las dimensiones profundas y graves de la primera definición, que sigue siendo válida cuando se utiliza la palabra.

Así que cuando nos llaman locas, nos están diciendo que estamos enfermas; que somos unas perturbadas mentales, unas trastornadas, nos dicen que algo profundamente dentro de nosotras, en nuestra mente no funciona bien. Y el problema es que se usa recurrentemente, con una facilidad y ligereza que nada tiene que ver con lo que se está diciendo. Nos lo dicen casi automáticamente y a la mínima por el hecho de ser mujer. Porque cuando eres mujer e irritas a alguien con la bici -porque no te queda otro camino posible- tienes un problema. No es que cometas un error, es que estás loca. Cuando te crees lo que te dicen -por ejemplo la confesión de amor de una persona que en realidad te engaña- eres una loca. Cuando te cambias el corte de pelo a algo llamativo o cualquier otro cambio visual, que corta con la estética heteropatriarcal, eres una loca. Cuando confías en tu instinto y expresas una intuición, eres una loca. Cuando pretendes darle significado a tus sueños, eres una loca. Cuando expresas enfado, rabia, mientras que los hombres afirman su esencia y masculinidad, tú eres una loca. Cuando expresas tu propia naturaleza, tu esencia, estás loca. Quieren decirte que cuando estás siendo tú misma, lo que en realidad eres es una enferma; algo no funciona bien tu cabeza, porque no es así como han intentado que funciones, te sales de las normas heteropatriarcles construidas para ti y el resto de las mujeres, y dejas de ser adecuada para esta sociedad: estás mal y tienes un problema. Y llamarte loca se normaliza, como las normas que debes cumplir si no quieres que te lo llamen.

Cuando somos nosotras mismas, cuando nos reivindicamos como tal, nos califican constantemente, por pequeño que sea el motivo -o la excusa en este caso- de locas: nos están diciendo que tenemos un problema mental profundo, que estamos enfermas. Es la expresión última de anularnos, anular nuestra autenticidad, nuestra persona, nuestro ser en cualquier situación. Y a los hombres no se les anula, a lo sumo se les insulta.

Por eso es tan importante vaciarla de contenido. Repetirla hasta la saciedad, que adquiera otro significado. Que sea insignificante para los que pretenden así, excluirnos, anularnos. Loca, loca, loca. Por eso sí, soy la loca, la loca de la bici, la hija loca, la nieta loca, la prima loca, la novia loca, la compañera loca, la loca del amor, la loca de la clase, la loca de la cabeza, y sobre todo: la loca del coño. Y te lo digo con voz de loca.

Leire

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Siempre que puedo huyo a la montaña o la playa. De mientras, intento entender cómo transformar las injusticias que me rodean.

One thought on “La loca de la bici (como podría ser la loca del coño)

  1. Solo una anotacion, para cruzar por un paso de peatones o de bicis, lo correcto es bajarse y llevarla en la mano hasta llegar al otro lado de la carretera, te lo digo porque no se en BCN pero aqui en madrid las tienes todas para que un municipal te multe. Que estan las cosas mal y hay que recaudar.

    El articulo con la calidad de costumbre 🙂

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