Las princesas Disney mataron la sororidad

Autora: pastel.ette
Autora: pastel.ette

Hace poco, una amiga a la que no había visto en 16 años me anunció que iba a pasar por Madrid unos días y la invité a dormir en mi casa. Ante nuestra sorpresa, lo que prometía ser un encuentro normal se convirtió en otra cosa. Cuanto más nos contábamos, más nos dábamos cuenta de que habíamos realizado un recorrido vital paralelo. Compartimos dolores, opiniones, conclusiones y recetas para cuidar de nosotras mismas. Fue un reencuentro genial.

La última noche, sin embargo, diferimos en una cosa. Estábamos hablando de la importancia de contar con amigas leales. “Es increíble la rivalidad que existe entre las mujeres”, me dijo ella, vino en mano. “Creo que es innata”. Automáticamente pensé en la Cenicienta y su proverbial nido de víboras. “No puede ser innata”, protesté. “nos la enseñan desde pequeñas”.

En realidad, mi amiga tiene razón. Que una característica esté o no realmente impresa en un gen no es tan relevante como que toda una población la ponga en práctica, aunque la haya adquirido a través del aprendizaje. Y, efectivamente, las sociedades patriarcales se sostienen gracias a una rivalidad femenina que las niñas y adolescentes sufren dolorosamente. Aprenden a entrar al juego a edades muy tempranas, buscando un falso refugio en las cualidades con las que pueden destacar. Si no puedes ser la más guapa, intenta ser la más inteligente, la más deportista, la mejor persona, la amiga más sacrificada o la más integrada en el club de los chicos. Pero siempre, siempre, tienes que ser “la más” en algo.

Esta ley no escrita nos convierte en personas inseguras porque nos hace colocarnos siempre en relación al grupo, creando relaciones de dependencia. Así, nuestra autonomía queda herida de muerte desde que somos pequeñas. Y la primera estocada la atestan las princesas Disney, a veces incluso antes de que las niñas aprendan a hablar. El año que viene veremos una de las fábulas más machistas de Disney volver a la gran pantalla: La Bella y la Bestia. Sí, esa terrorífica oda al síndrome de Estocolmo. Esta vez, con actores reales y una protagonista tan conocida entre los niños como lo es Emma Watson.

La Bella Durmiente, la Cenicienta, Blancanieves, Ariel, Mulán, Pocahontas, Yasmín, Esmeralda, Megara o Jane. Las hay más o menos modernas y más o menos heroicas. Ya no son todas blancas ni tienen todas sangre aristócrata. Pero casi todas, salvo algunas excepciones que comento más abajo, comparten estos rasgos:

1. Son la única mujer joven importante de la película, y por tanto el único personaje con el que las espectadoras se identifican.

2. No cuentan con amigas o hermanas que las ayuden, ni tampoco con las que compartir protagonismo. Si las tienen, no son fuerzas positivas. La Cenicienta ya sabemos que tiene las peores hermanas de la historia. Las de Ariel, por otra parte, son sencillamente irrelevantes. En la historia de Hans Christian Andersen, las hermanas de la sirenita la echan de menos y sufren por ella. Se acercan flotando al castillo para cantarle canciones. Venden su pelo a la bruja a cambio de encontrar la forma de romper el hechizo y devolverle la cola a su hermana (consiguen un cuchillo para matar al príncipe que la sirenita rechaza). En la película, sin embargo, es como si no existieran.

Pocahontas, rompedora en muchos aspectos, sí tiene una amiga: Nakoma. Pero, por celos o por preocupación, Nakoma la traiciona propiciando la trágica escena en la que muere Kocoum y John Smith es capturado. Aunque Pocahontas la perdona, no es esta amistad lo que la ayuda a convertirse en heroína.

3. Sus madres están muertas o las maltratan, lo que las priva de otro apoyo femenino. Existen algunas figuras maternas que ayudan a la heroína: el hada madrina de la Cenicienta, las hadas de la Bella Durmiente, la señora Potts con Bella o la abuela sauce de Pocahontas. Son positivas, pero no son personajes con los que la protagonista pueda desarrollar una solidaridad porque están a otro nivel. Además son mayores… y ni siquiera son humanas. Por tanto, no son posibles rivales en el terreno amoroso.

4. Ante todo, todas son “la más”. La más guapa, la más dulce, la mejor persona, la más valiente, la más lista, la más diplomática o la más sexy. Porque Megara y Esmeralda no son guapas: son directamente sexys. Todas son la única e intransferible protagonista. Batman sin Robin, Han Solo sin Chewbacca, Shrek sin Asno, Aladín sin Genio, Woody sin Buzz. Sin competencia, pero también sin apoyos.

¿Moraleja? Para encontrar el éxito (normalmente esto significa “el amor”), háztelo tú todo sola, o con la asistencia de pequeños y maleables ayudantes masculinos: el pez Flounder, el mapache Miko, los ratones cantarines Gus y Jaq o directamente un ejército de mobiliario animado.

Un plan sin fisuras.

Ilustración de Em Steinkellner. 'Princesas Disney como métodos anticonceptivos'.
Ilustración de Em Steinkellner: ‘Princesas Disney como métodos anticonceptivos’.

Se me ocurren cuatro excepciones. La primera es Nala, de El Rey León. Ella y Sarabi, la madre de Simba, mantienen viva a la manada junto con todas sus compañeras durante los años de exilio del príncipe, bajo el gobierno del tirano Scar. Por desgracia, no son protagonistas de la historia, ni se les ocurre en ningún momento mandar a la mierda a Scar y montar un tinglado por su cuenta.

La segunda es Tiana. En 2009, Disney presentó con la cinta Tiana y el sapo (La princesa y el sapo en Latinoamérica) a su primera princesa negra, que no solo es negra, sino que es de clase obrera en una Nueva Orleans segregada y desigual. Como en Pocahontas, la realidad que muestra Disney es una versión azucarada y agradable de la horrible realidad en la que se basa. Y la historia que presenta es muy improbable, algo mucho más relevante que en otras películas por pertenecer a un periodo histórico tan concreto y cercano. La aventura comienza cuando Tiana es invitada por su amiga Charlotte a un baile (blanco) de alta sociedad para vender sus pasteles. Recordemos que esto es el sur segregado de EE UU en los años 20. Estas cosas no ocurrían. Su amiga Charlotte, blanca, rubia, muy pija y firme creyente en pedir deseos a las estrellas, quiere ayudarla con toda su buena fe. Tiana, trabajadora y tenaz, le intenta enseñar que para conseguir algo tienes que luchar por ello. Tienen una amistad inédita en cualquier otra película de Disney. ¡Y triunfa el sueño americano!

Sin embargo… Tiana y el sapo oculta, gracias a esta amistad, el racismo de la época (y el actual) y da protagonismo a una chica blanca que, dentro y fuera de la cinta, goza de muchos más privilegios que Tiana. Los creadores de la película perdieron una oportunidad de oro para mostrar una amistad entre dos chicas negras dentro de un entorno racista que les es, por definición, totalmente hostil, para inventarse una historia cómoda para las audiencias blancas. Una historia que además no es feminista, porque la relación entre las dos amigas es profundamente desigual y está marcada por el poder. Este análisis no es mío: lo he leído en otros blogs. Pero lo suscribo.

Las últimas excepciones son Mérida, de la cinta de Pixar Valiente (Brave), y Anna y Elsa de Frozen. Mérida tampoco tiene amigas ni hermanas. Pero carece de intereses románticos, por lo que uno de los principales elementos de competición queda eliminado. Es una niña que sencillamente quiere dedicarse a montar a caballo y disparar con su arco. Su historia consiste en solucionar un problema en la relación con su madre y de paso salvarle la vida, una premisa también inédita para el gigante de la animación. Su directora Brenda Chapman, que quiso crear un “cuento feminista”, fue apartada del proyecto cuando este estaba a medias y fue sustituida por un hombre con el que finalmente tuvo que compartir el Oscar en 2013.

Ese mismo año Frozen me dio lo que, sin saberlo, siempre había deseado. No una protagonista, sino dos. Dos que no son rivales ni desiguales, sino simplemente hermanas. No se comprenden pero se quieren ferozmente, y harían cualquier cosa la una por la otra. Elsa, aislarse totalmente del mundo por miedo a herir a Anna. Anna, arriesgar su vida por Elsa. En esta película el amor romántico juega un papel importante, pero no es lo principal. Y las princesas, desafortunadamente, tienen un aspecto más próximo a una muñeca Bratz que a otra cosa. Pero Frozen batió todos los récords de taquilla en el campo de la animación, y fue una superventas tal que dos años después su merchandising sigue estando por todas partes. Tengo la teoría de que esta historia gusta, en parte, por la maravillosa relación de sororidad que la hila.

Disney es una multinacional con una incidencia y un poder extraordinarios sobre la formación de los niños. Su mercadotecnia es ineludible, sobre todo en Navidad. El patrón argumental que he descrito no es una novedad y no se limita a las películas de esta marca. Pero estas son una herramienta útil para ilustrarlo porque todo el mundo las conoce bien. Y aquí es de donde nace la discrepancia con mi amiga. Si enseñamos a las niñas a identificar la rivalidad femenina en su vida diaria y la estudiamos como un hábito adquirido en lugar de como un rasgo innato, podemos ayudarlas a combatirla, fomentando relaciones leales y fuertes entre mujeres.

Para terminar, una recomendación: La cámara sangrienta de Angela Carter, un libro que incluye una extraordinaria adaptación de Barbazul en la que la protagonista es salvada del maltratador… por su madre.

About Laura Rivas Martínez

9 thoughts on “Las princesas Disney mataron la sororidad

  1. No me canso de decir que hay un detalle en la pelúculq “Brave” que se carga todo lo que pudiera tener de femisnista (bueno, todo ni pero sí una buena parte): los ” principes” con los que intentan casarla son esperpentos, ella no quiere a ninguno porque es libre y no le interesa y POR QUE SON HORRENDOS. Nadie piensa (ni quiere) que se quede con ninguno. Si en la película hubieran sido 3 hombres guapos, buenos, perfectos y bla bla bla nadie hubiera entendido que no eligiera a alguno, así que al final el mensaje es el mismo.

  2. Angela Carter ha adaptado varios cuentos con un tono más adulto y desde un punto de vista feminista. Escribió también tres versiones distintas de la Cenicienta en las que la protagonista es ayudada por el fantasma de su madre.

  3. Sí hay cosas bastante horribles. La Bella y la Bestia a mi siempre me ha gustado (aunque por lo visto de pequeña mi favorita fue dumbo), pero no por la historia de amor en sí, sino por sus ansias de libertad, y siempre me habia preguntado porque Bella al final no decide viajar, aunque fuera con él o porque no hacían referencia a ello.

    Otro buen análisis, por si os interesa, que yo hice en mi carrera, fue el análisis de la mujer en el cine, según la edad, los personajes y las historias que se contaban según fueran jóvenes o mayores… Resulto escalofríante.

  4. Buen y necesario artículo, pero me parece increíble que olvidéis “Lilo y Stich”, donde no sólo hay protagonistas de color si no que se representa una relación de hermanas bastante realista y totalmente central a la trama de la película.
    Hay una tendencia en internet a alabar “Frozen” por su sororidad a costa de olvidarse de esta pequeña joya (donde también aparece por cierto un alien con una expresión de género como mínimo curiosa, aunque no se hable de ello en la peli).
    Ah! Y también sería interesante hacer un análisis de la sororidad en “Mulan 2”, pero como apenas nadie la ha visto no creo que sea muy relevante en el sentido de su influencia social.

  5. Me parece un análisis maravilloso. Creo que todas las que nos consideramos feministas hay veces que leemos algo que nos hace darnos cuenta de una situación más, en la que no habíamos profundizado y no habíamos caído en detalles como estos. Yo personalmente, he pensado en el fenómeno de las princesas disney, y en el rol de sus protagonistas y lo típico. Pero no me había dado cuenta de la compañía… es increíble, los hombres siempre tienen a su “amigo fiel” (esa canción entre Andy y Woody) y nosotras no, ni si quiera la madre. Increíble. Así que, nada, gracias! un beso.

  6. Rompo una lanza a favor de Mulan, cuya madre y abuela, aunque cortas de miras (una mujer debe casarse), quieren a la chica y se preocupan por ella. (Quizás porque es mi favorita, la tengo idealizada). Genial el artículo y me apunto la recomendación del libro.

  7. Me ha parecido interesante el análisis de Laura Rivas sobre la falta de personajes femeninos en las películas de animación y desde luego comparto sus conclusiones. Lo que me ha chirríado es el título “Las princesas Disney mataron la sororidad”. Me deja un regusto amargo porque se sigue acusando a personajes femeninos de un delito sobre el que no tienen ningún control. ¿Qué sentido tiene acusar a personajes imaginarios de algo que nos afecta profundamente a todas? ¿No creeis que, de alguna forma, esta forma de titular el artículo contribuye a negativizar y culpabilizar a lo femenino?

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