Las tetas como un problema de Estado

Autora: Fay Helfer
Autora: Fay Helfer

El otro día en Isla Culebra (Puerto Rico), mis amigos y servidora, habitábamos una solitaria playa, (por cierto, infestada de botes y latas, incluso un recipiente de magarina de plástico vacío, con hormigas, de la marca Tulipán, sin helicóptero ni Maruja entrevistada por avezado reportero, ni na!). El caso es que tuvimos a bien introducir en una bolsa de plástico, la cual nos costó 10 centavos , (¡oye chica!, que quieres que te diga, desde que las cobran, el ecosistema está mucho más protegido y seguro), para proceder, como dicen allá, a botarla a la basura. El asunto es que después de tan arduo trabajo de limpieza, más propio de sentencia judicial de Lindsay Lohan cuando arañaba los 17 que de estos pobres turistas españoles, mis hermosas tetas, que a veces creo que tienen vida propia, decidieron darle la cara al hermoso Caribe y evitarles la obligación de marcarse de color entre blanco y verdoso, y tener que calzarse los elegantes tirantes transparentes de sujetador de mercadillo para disimular un defectuoso bronceado.

Al meollo, que me disperso; lo que sucedió fue que agustico y con la espetera soleada en el robinsoniano paraje, pasó un cochecito de golf por el virgen camino de acceso, con un papá de tripa cervecera al volante, una abuela de 60 o por ahí, ¡años!, libras… ¡casi el doble! con gesto de bulldog francés, acompañada de una despistada peque de 7 u 8 con trenzas y un adolescente pajillero con granos en su rostro, de mirada boba o atontada, ¡no se! llevaba auriculares de los 80′ de a 180. El asunto es que la señora se bajó del carricoche, cigarro Pall Mall mentolado en mano derecha y nieta en izquierda y se dirigió a mi toalla advirtiendome que estar desnuda era una inmoralidad y un descaro, sobre todo delante de niños pequeños. Mis ojos no se salieron de las órbitas porque no soy un dibujo animado, pero justo por eso mismo, acerté a decirle que como se atrevía a increparme esas groserías, cuando ella estaba fumando tabaco delante de una menor. Lo más cachondo de todo es que el barrigudo y el pajillero, atentos desde el vehículo, se contuvieron la risa y lo mejor y más entrañable del sainete fue que la niña se quedò pensativa mirando cara de abuela, mano con cigarro, cara de abuela, mano con cigarro, cara de abuela, mano con cigarro, cara de abuela, mano con cigarro….

Al ignorar la recomendación de la amable anciana, vino la policia avisados por la sujeta, y el oficial, con más sonrojo y risilla absurda que ganas, me advirtió de la prohibición: en esas playas de los EEUU nada de torsos desnudos.

¿Alguien sabe, por qué nadie obligò a mis acompañantes masculinos o a un pescador que había en la lontananza a cubrirse su torso?

#MaxiMachismos

 

FEMINISMO

VIRGINIA LOPEZ BELLO

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Feminista siempre

4 thoughts on “Las tetas como un problema de Estado

  1. Qué inmoral eres! En cambio a la hora de comer y por tv (que lo tuyo no tiene difusión apenas) si son cuerpos desmembrados puedes mostrarlos completamente desnudos.

  2. En donde vivo, una ciudad de interior, el verano es asfixiante. En las zonas de paseo es normal ver hombres con el torso desnudo, hombres de toda edad, que te pasan al lado oliendo a sudor. Siempre me he preguntado qué pasaría si una mujer hiciera lo mismo…

  3. Pues, por la misma razón por la que un hombre puede orinar en cualquier esquina si no hay otra cosa cerca y se espera que una chica explote antes de hacer lo mismo… porque nuestro cuerpo lo juzgan ellos, y, si les parece sexual, será que lo es. El cuerpo del barrigón es neutro, nuestros pechos son “una provocación”. Lo peor es tener leyes esencialmente discriminatorias y que ni siquiera se den cuenta. Qué asco.

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