Loca del coño y musulmana

Laura Rodríguez Quiroga
Foto por Dolores Perez

Nunca me han gustado las etiquetas por aquello de que limitan las miras. El lenguaje tiene tanta carga política que una simple palabra basta para castrar un diálogo sano, básicamente porque una de las partes ya tiene prefijada en su mente una idea monolítica que no siempre corresponde con la definición que la otra persona tiene de sí misma.

Decir “soy musulmana” puede suponer un encarcelamiento del pensamiento para quien parte de una idea construida desde la colonialidad. Por eso, esta primera entrada quiero dedicarla a presentarme. Soy una Loca del Coño de condición musulmana (sí, he escrito condición y no identidad).

Me gusta iniciar mis presentaciones diciendo aquello de “soy una euskomora subversiva anarcofeminista islámica”. Soy musulmana por convicción, nacida en el contexto de una familia “católica apostólica romana”. Con orgullo me defino como hija de emigración gallega en Paris, nacida en un momento histórico en el que este país llamado España se veía sumido en un proceso carente de libertades y de poco de pan para alimentar a tanta boca hambrienta. Me gusta recordarlo porque creo que es importante no olvidar nuestra propia memoria histórica y que comprendamos que las migraciones forman parte de nuestra tradición… Vaya, que asumamos que igual que salimos en búsqueda de prosperidad y seguridad, otras personas hacen lo mismo ahora que -dicen- somos una democracia desarrollada.

Fui educada bajo los parámetros binarios, donde la heteronormatividad era lo “normal”. Me desarrollé hasta la adolescencia ante una evidente contradicción social queriendo ver cumplido mi sueño: “ser un niño”, no tanto como deseo identitario sino por la añoranza de disfrutar de los privilegios que para ellos estaban reconocidos. Con cuatro años tomé conciencia de sus privilegios, cuando deseaba tener el coche rojo a pedales que veía cada día en el escaparate de la tienda de juguetes camino del parque… La respuesta era siempre la misma: “los coches son para los chicos”.

Así fue como inicié mi deseo por ser un niño, para poder tener mi coche rojo, jugar al fútbol, al rugby o incluso para no tener que llevar vestidos incómodos que me impedían jugar con libertad. Aunque dicho sea, como tenía que llevarlos terminaba utilizándolos para simular que eran paracaídas mientras me tiraba de la copa de un árbol, y de paso me partía algún tobillo. Quería ser un niño para poder sentarme como me diera la gana, correr y gritar cuanto quisiera, jugar a los playmovil o tener mi colección de transformers… A ojos ajenos era lo que comúnmente nuestra sociedad ha calificado como un marimacho.

Aunque he nacido en el extranjero, tras la muerte de Franco tocó volver y adaptarme a la nueva realidad. Pasé de vivir en un Estado laico a vivir en un Estado aconfensional con claros favoritismos hacia la Iglesia católica, hecho que sigue vigente cuatro décadas después de la ruptura de un monolitismo religioso impuesto por la fuerza durante los últimos cinco siglos -salvo en las dos repúblicas-.

Con seis años tomé conciencia de mi ateísmo cuando dije en clase de religión que si Jesus era hijo de Dios y que por lo tanto era Dios, yo, que también era hija de Dios también podía ser Dios. Tengo grabada en la retina los ojos de estupor de la profesora, una monja entrañable que en aquel momento dejó muestra de su enfado ante semejante afirmación. Treinta y cinco años después, sigo sosteniendo la misma idea.

No creo en la construcción que nuestra sociedad hace de la existencia de Dios, como tampoco creo en su concepto de religiones, ni en estructuras verticales donde además las mujeres han sido expulsadas del liderazgo espiritual. Tiendo a rechazar las definiciones que terceras personas, ajenas al islam hacen sobre mi condición musulmana como si su verdad fuera irrefutable, racional y libre posturas coloniales. ¿Y por qué condición? Porque tal y como lo entiendo la condición musulmana es el estado natural de los seres vivos, no solo de los animales humanos.

Desde mi forma de entenderlo, el islam no es una religión, ni es monoteísta, ni Allah es eso llamado Dios. No me siento identificada con el concepto “creyente”, porque tal y como lo vivo, no hay opción a creer o no creer en Allah. O lo sientes o no lo sientes.  Sí, lo sé… No tiene nada que ver con la construcción de palabras que ha limitado el pensamiento de nuestra sociedad. Tal vez porque durante estos últimos cinco siglos quienes se han apropiado del derecho a la interpretación y epistemología sobre el islam han sido varones blancos heterosexuales no musulmanes.

Por eso creo en un feminismo decolonial y en la necesidad de que nosotres, les protagonistes, podamos recuperar nuestro derecho legítimo a definirnos por nosotres mismes, sin injerencias, sin añadidos, ni cargas subjetivas llegadas desde una mirada teológica antropocéntrica ajena a la cosmología islámica.

Toca deconstruir, descolonizar la mirada y aprender a hacer de la diferencia una poderosa herramienta de sinergias para acabar con esta lacra violenta llamada sistema patriarcal. ¿Te sumas a mi yihad de género?

P.D.: Ser musulmana no es sinónimo de árabe. Cuando me invites a tu casa, no es necesario que prepares un cus-cus para agasajarme, que aunque me gusta, sigo decantándome por una tortilla de patata o un cocido de verduras. Tampoco es necesario que me ofrezcas té con hierbabuena, que está muy rico pero me gusta más un zumo natural de frutas de temporada. En cuanto a la música, agradezco que quieran deleitarme con ritmos del Magreb, pero siendo sincera a mí lo que me gusta es el rock y el metal.

M. Laura Rodríguez Quiroga

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6 thoughts on “Loca del coño y musulmana

  1. Buenas. La verdad es que me ha dejado algo confuso la denominacion de musulmana. Como dices, no se parece en nada a la construccion de “musulman” que tengo en la cabeza. ¿Quieres decir que culturalmente te identificas con el islam? Como una persona podria decir, quiza, “reniego de la cultura occidental, me gusta mas X”.
    Gracias.

  2. Yo no sé nada de islam. Dices que eres islamica como si dijeses que eres catalana o gallega. Claro, no lo entiendo. Sin la fe en dios o alá? Pero aunque no crees en dios dices que lo sientes. Pero que no es tu identidad sino una condición. Yo elijo mis creencias, y no puedo entender todo esto. No puedo elegir mi condición. Seguramente estoy diciendo muchas tonterías, pero en mi cabezota masculina blanca y cis no entra todo esto. Lo respeto, pero me gustaría entender. Perdón por entrometerme a opinar, como siempre, no me gusta nada el machismo, intento liberarme. Un saludo.

  3. Genial! yo soy conversa al Islam por convicción propia. Ex cristiana de padres católicos.. un sarao.. y sí, el islam no es sólo una religión, es una forma de vida. difícil entender desde fuera.. nada se le parece. Y yo era muy creyente ya antes de ser musulmana.. así que se de que hablo. Y el Islam es muy feminista.. lejos de lo que pueda pensar la gente.

    1. Quiero abrir un poco de debate sin ánimo de crispación, pues a mi parecer el islam no tiene mucho de feminismo en un contexto actual.
      Quizás en su tiempo si fue muy avanzado, pues se le otorgaba a las mujeres derechos que en otras culturas eran impensables (derecho a disponer de sus propiedades, derecho a la herencia, derecho a manejar sus bienes, derecho al divorcio, etc) así como también fue una religión pionera en la regulación de los derechos de los animales (el sacrificio de las reses con el menor dolor posible a través del desangrado). Estamos hablando de unos preceptos que regulaban una sociedad de hace dos mil años, donde las mujeres y los animales eran propiedades y a las hijas se las enterraba vivas (el islam lo denuncia en una de sus últimas suras). Dicho esto, traído el islam a una época contemporánea, hay cosas que han quedado desfasadas y conceptos que se deberían revisar. Sin ánimo de ofender, es tan solo una humilde opinión.

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