La televisión y los medios de comunicación me hacen sentir fea y vieja

Autora: Olaya Valle
Autora: Olaya Valle

 

Vivo viajando. Hace ya unos 6 años que no me asiento. Hasta la fecha me encanta.

De vez en cuando me gusta visitar a mi familia y pasar con ellos una temporada. Es curioso cómo siempre que voy me siento diferente en muchas cosas. Por ejemplo, siento que me preocupo más por mi aspecto, que me miro más al espejo, y que tengo más ganas de comprar cosas (y de hecho, compro más cosas). Lo achacaba a una especie de viaje en el tiempo, de retorno a los valores familiares, a mi adolescencia y a cómo era antes.

Cuando no vivo aquí apenas compro cosas, porque no me apetece hacerlo y no siento que las necesite. Tampoco me preocupo casi nada por mi aspecto. Aunque tiene un trasfondo político, además me resulta fácil no hacerlo. Aquí tengo que luchar y contener mis ganas de comprar.

Ayer me sorprendí entendiendo lo obvio. No es mi familia ni los viajes en el tiempo lo que me hace ser más consumista. Es la tele. La tele está encendida en casa de mis padres unas 8 horas al día. Normalmente yo no veo la tele, porque no me gusta y porque no la tengo alrededor. Pero cuando, como ocurre en la casa donde me crié, tengo un televisor encendido delante me quedo embobada mirándolo.

Para alguien que nunca ve la tele es entre guay y frustrante volver a verla. Te dan risa los anuncios, la evidente manipulación de las noticias, la mierda de programas de telecinco, con sus gritos y sus maquillajes y los roles hiper-tópicos de la mayoría de las series y películas. No estoy diciendo nada nuevo, pero es la primera vez que lo siento tan real. Es puro adoctrinamiento.

Soy mucho mas vieja y mucho más fea cuando veo la tele. Recibo cientos de mensajes al día de mujeres hiper-estetificadas que me dicen que han encontrado una solución a los problemas de mi piel. No me había dado cuenta de todos esos problemas y ellas ya tienen la solución. Resulta que también estoy gorda y tengo el pelo encrespado y seco, sin brillo. Si fuese mamá, probablemente sería una mala madre, si no hiciese todo lo posible por comprar lo mejor para mi bebé. Para los hombres también tienen muchas perlas, pero no me doy mucha cuenta de cuáles, porque algo en mí desconecta cuando un anuncio va dirigido ellos. No están hablando conmigo. Como mucho me puedo identificar con esa cara bonita que le abraza por detrás cuando se afeita bien.

También pillé de refilón una peli de una chiquilla que es novia de un vampiro, pero se enamora un poquito de un hombre-lobo mientras su novio vampiro está fuera. El hombre-lobo es muy majo, deportista, alegre… súper fresco el chaval. Lo malo es que hay que tener cuidado. A veces se le puede ir la olla. Cuando se convierte en lobo te puede pegar unas ostias que pa qué, como le pasó a la novia del otro hombre-lobo, que ahora tiene toda la cara rajada. Pero que lo hace sin querer, él la quiere muchísimo… hay que tener paciencia. El hombre-lobo, siendo hombre, coge el teléfono por ella, para que no hable con su novio, y la interroga sobre cada cosa y la manipula en contra de sus amigos… en fin, qué os voy a contar. Amor, amor. No sé que pasaba después, me dio pereza.

Pero voy a por lo de los anuncios, que te los comes sí o sí veas lo que veas. Me parece que algunas, y me incluyo, nos creemos inmunes. Nos creemos que los empresarios se gastan los millones en publicidad, pero que a nosotras no nos afecta tanto como al resto de la gente, porque les vemos venir y vemos la trampa. Bueno, pues ya no me incluyo.

El entorno afecta muchísimo a las mentes y a la forma de pensar, para bien y para mal. Y somos unos animales muy influenciables. El ataque a nuestros sensibles cerebros es constante. El cerebro humano recibe del orden de 3.000 impactos publicitarios al día, aproximadamente, lo que supone más de un millón al año. El impacto es muy fuerte si perdura en el tiempo y es necesario que sea así de constante para mantenernos en este estado de ansiedad consumista.

Eso me da esperanzas, porque parece que los humanos somos de tal forma que no basta con que nos digan una sola vez toda esa mierda machista, consumista, clasista, racista… para que nos la creamos y la interioricemos. Tienen que decírnosla machaconamente millones de veces durante toda nuestra vida para que siga activa y fija. A lo mejor si dejamos de escuchar y de mirar, el cuerpo la echa fuera naturalmente. Podríamos probar.

Laura Opcional

About Laura Opcional

Soy Máster en Arqueología. Vivo viajando. Me lo paso súper bien. Fui consciente del patriarcado la primera vez que hice autoestop sola. - Pero, ¿tú SOLA? Seremos feministas o no seremos.

2 thoughts on “La televisión y los medios de comunicación me hacen sentir fea y vieja

  1. Hola Laura. Durante los últimos años he tomado consciencia de lo que tú y por lo mismo. He dejado de mirar la TV. Pensando en ello he llegado a una conclusión. El ser humano esta muy controlado por su cerebro reptiliano y no tiene ninguna conciencia de ello. Nos creemos muy inteligentes y racionales porque sabemos construir naves espaciales pero a la hora de la verdad, somos muy deviles y nuestra prioridad es la seguridad y la reproduccion como cualquier otro animal. Y la tecnologia nos pone en la mano el poder de compartir pero los mas enfermls lo utilizan para controlar. Como es el caso de los anuncios. Ese es mi punto de vista.
    Muchas gracias por tu articulo y por tu web. Es agradable encontrar personas despiertas y conscientes como tú. Un abrazo.

  2. ¡Totalmente vulnerables! Yo también he viajado aunque he pasado temporadasfuera y vivo asentada, y salir suele ser una purga de todo eso así como el regreso una re-instrucción en toda regla. Por fortuna yo no veo tantísimo la TV cuando estoy en casa pero el bombardeo publicitario está en todas partes. Y antes me pasaba lo que tú dices: creerme inmune por verlo venir; hasta que un día, saliendo del metro de Londres con un amigo, me escucho a mi misma y digo “tengo ganas de ir al macdonalds”. Esto es algo inverosimil ya que he conocido el macdonalds y me desagrada (además de las cuestiones éticas), entonces regresé sobre mis pasos y ahí estaban las decenas de carteles de macdonalds que no había mirado por estar concentrada en la conversación. Desde entonces miro los anuncios (cuando los miro), los analizo y tomo consciencia de la influencia que ejercen sobre mi y, aunque vivo deseando cosas (y sucumbo a algunos de esos deseos) procuro antes de buscar o comprar algo pensar “¿realmente lo quiero? ¿realmente lo necesito?” y me suelo calmar. Pero, como tú dices, es durísimo y no siempre funciona. El 90% de la información penetra en mi mente sin filtro. Y cuando me siento más abatida me vuelvo una consumista empedernida.

    De modo que te deseo un feliz viaje 🙂

Deja un comentario