No es culpa tuya

Autora: Helena Wierzbicki
Autora: Helena Wierzbicki

Esto lo escribí el 25 de noviembre, día internacional contra la violencia de género pero ¡qué narices! deberíamos recordarlo todos los días.

Por ese “Si vienes tan tarde no vengas sola, que te acompañe alguien” de mi padre cuando salgo de fiesta. Por los “hija que guapa vas, muy diva como siempre; pero bájate la falda” de mi madre.

Ya ni tus padres se fían, qué bien. Como me duele y me revienta que piensen que la culpa de que me pueda o no pasar algo malo seamos yo y mi forma de vestirNo educan a un hijo a no violar o guardarse sus malditos comentarios ofensivos, sino a sus hijas a taparse; en ese sentido discrepo en la educación de muchos padres. Por la cantidad de veces que no nos miran a los ojos con la excusa de “es que con ese escote, es inevitable“. Por cada vez que me han tocado en una discoteca/fiesta/cualquier sitio. Por descubrir lo rápido que puedo llegar a andar en tacones cuando viene un hombre detrás de mí. Es de locos, pero al final terminé por creerme que la culpa era mía. Así es, tengo yo la culpa de vuestras increíbles faltas de respeto con dos copas de más, o sin ellas.

Por supuesto, no somos santas ni somos siempre víctimas: somos humanas. Como mujer que soy, sé que también puedo ser agresiva. Es más, me niego a someterme a esa exigencia de dulzura y ternura permanente por el mero hecho de ser mujer. Claro que puedo insultar, claro que llegado el caso puedo llegar a ser agresiva y violenta, como cualquier otra persona en una situación límite. No somos santas. Somos humanas, con nuestras emociones, nuestros sentimientos, nuestras inseguridades y nuestros miedos. Igual que como vosotros.

El problema está en que a nosotras no se nos toma en serio. Nosotras somos unas locas, unas histéricas, o estamos con la regla. El problema es que al hombre que no se somete al ideal heteronormativo y patriarcal es una nenaza o un maricón, mientras que mujeres y gays somos el insulto.

Por favor, dejad de creer que la culpa es nuestra. No os dejéis engañar, no hay culpa en la libertad. No dejéis de poneros ese vestido que tan bien os queda. Ni dejéis de hacer nada por lo que puedan decir, es normal que lo haga, la felicidad da una envidia increíble.

Un beso enorme. Y como dice Simone de Beavoir: “No se nace mujer, se llega a serlo”.

About Ana Gómez

Escribir es una forma de transmitir, de emocionar... Y sí, los de ciencias también sabemos escribir.

5 thoughts on “No es culpa tuya

  1. Hola chicas buenas tardes desde Venezuela, me llamo Amanda necesito ayuda urgente y pensé en ustedes, estoy en un momento de depresión y vulnerabilidad… si me pueden ayudar estaré muy agradecida, no quiero caer en sentimiento de culpa, y necesito estar fuerte por eso recurro a mujeres fuertes como ustedes. Muchas gracias. PD: Cualquier opinión la estaré aceptando como muestra de apoyo.
    Espero su respuesta para poder comentarles de mi problema. Besos.

  2. Hola chicas!! Ante todo os pido que no me juzgueis, lo estoy pasando mal, fatal!!! La cuestión es que ando meses con un hombre casado.Reconozco que no está bien pero me he colgado de él. No es una situación que me agrade y cada vez que quiero dejarlo no puedo.yo no conozco nada de ella y en todo caso es problema de él, él es el que está comprometido, yo soy soltera y no le soy infiel a nadie. No soy de acostarme con cualquiera y ese es el problema, él me atraía de hacía tiempo y yo a él también.ahora la cosa se complica porque yo estoy sintiendo demasiado pero quiero estar con él.yo me soy fiel a mi misma y lo que quiero es seguir viéndolo, pero a la vez me daña y ando hecha un lío. No sean muy crueles.

  3. Voy a compartir tus palabras. Completamente de acuerdo.
    Darme vuelta en la calle, verlos a los ojos y decirles “ni se te ocurra” de manera anticipada, contestarles cada vez que puedo. Es una militancia. En la calle, en la casa, el trabajo, en cualquier lugar donde estemos.

  4. “Somos humanas” es una verdad abrumadora. No sabía hasta qué punto había interiorizado la culpa de recibir comentarios grotescos hasta que comencé a preguntar por cada atuendo si me veía “vulgar”. ¡Llegado un punto, aquello era una locura! No quería parecer una chica cuando salía a la calle, prefería guardarme el cabello, usar ropa ancha, no usar nada de maquillaje y mirar al suelo todo el tiempo. No creo haberme visto vulgar nunca, no creo que ninguno de esos comentarios hayan sido mi culpa, y no quiero sentirme fea todo el tiempo porque no hay de otra, en efecto, adoro mi cuerpo y sus formas hermosas y rebeldes… No pienso aceptar ninguna de esas ofensas nunca más.

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