Las universidades que no amaban a las mujeres

Fotografía de la exposición “Mujeres en vanguardia: la residencia de señoritas en su centenario 1915-1936” realizada en la Residencia de Estudiantes de Madrid.

A principios del mes de enero nos levantábamos con la noticia de que el catedrático y exdecano de la Universidad de Sevilla era condenado por abusar sexualmente de dos profesoras y una becaria de su departamento. La gente se preguntaba cómo pudo pasar eso en una universidad; cómo nadie se había dado cuenta de lo que estaba pasando antes.

Sí, querides, estas cosas pasan, porque la universidad no es un pequeño mundo de algodón y de igualdad para todas las mujeres que estudiamos/trabajamos allí. Como en cualquier situación, el repulsivo comportamiento del exdecano es la punta del iceberg de una serie de prácticas que la universidad mantiene y se encarga de perpetuar.

De hecho, si protestas te pueden abrir expediente, tal y cómo les pasó a las valientes de la Universidad de Santiago este verano, que ante las machiruleces de su profesor (del tipo: “ya te dije el primer día que me desconcentraba tu escote” o “te empeñas en traer escote hasta el ombligo”), respondieron con fuertes protestas. Si te decides a luchar puedes estar en pleito durante una década, tal y como le pasó a la profesora de la Universidad de Murcia que denunció al catedrático F. Alonso por plagio y por acoso.

En mi caso, esta diferencia entre hombres y mujeres quedó latente desde el primer día de clase. El catedrático quería ir un poco de enrollado un poco de autoridad. Así, fifty-fifty. Dejando muy claro su machismo empezó a contar un poco a ojo cuantas mujeres éramos. Para que os podáis hacer una idea: al tratarse de una carrera de letras, seríamos como el 80% más o menos.

-¡¡¡Cuántas mujeres!!! –exclamó un poco frustrado- Claro… como es una carrera de M. M. C. … Sí, una carrera de “Mientras Me Caso”…

Creo que ese era el objetivo de todas nosotras. Buscar un partidazo, caer rendidas en los brazos de un maromo que nos sacara de la pronta e inevitable miseria de las carreras “sin salida” como la nuestra. Habíamos estudiado un bachillerato para poder entrar a una facultad que nos diera la formación suficiente para recitar Shakespeare mientras fregábamos o saber “un poco de tó” para no aburrir y repetirnos con los mismos temas de siempre durante el tentempié del mediodía.

Así pues, aunque todas sabíamos que ese comentario rancio era muy grave, la clase entera sonrió un poco estúpidamente pensando si había escuchado bien o si lo había malinterpretado; aunque no sé qué narices podríamos interpretar mal en una frase de 15 palabras, 1 sigla y 6 puntos suspensivos.

En esa misma Universidad de renombre, un año o dos después sufríamos antes, durante y después de la clase, los chistes “sobre mujeres” que nos contaba otro de nuestros machiprofesores. Y claro, si no nos reíamos nos preguntaba que por qué no nos hacía gracia, que en esta vida había que tener humor. Que había que aprender a reírse de todo.

¿Quién se iba a enzarzar con este buen señor? ¿Quién le iba a explicar los límites entre lo que es humor y lo que son comentarios pasadísimos de rosca hechos desde una posición de privilegio? Nadie. Porque además de la pereza que da intentar desmontar cosas tan básicas, él tenía una posición de poder, era él quien te iba a evaluar después, era el hombre del que se habían quejado numerses alumnes años anteriores… y que ahí seguía, explicándonos la diferencia entre las edades de las mujeres a la hora de llevárselas a la cama.

La punta del iceberg son los abusos sexuales. Lo que está bajo el agua, lo que no vemos, son los chistes machistas que nos contaban los profesores al salir de clase para hacerse los graciosetes, es el no valorar nuestras opiniones, es el hacer comentarios sobre cómo nos vestimos. Es ver las estadísticas del estudio realizado en enero de 2016, que refleja cómo a pesar de que el 66% de las víctimas cuentan a alguien su situación, solamente llega a denunciar el 8% de ellas.

Es leer la página web de la ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de  la Calidad y de la Acreditación), un organismo que se encarga de hacer una evaluación de los docentes de las universidades de toda España, y darse cuenta de que este tipo de comportamientos no aparecen, como si al no escribirlos no existieran. Un poco avestruz, que mete la cabeza en la tierra para que lo que la asusta deje de existir.

Estudiar en la Universidad española ha sido para mí la desilusión de darme cuenta de que es un sistema que no solamente hace impunes, sino que respalda absolutamente, a los hombres que dan rienda suelta a su machismo más casposo. Las mujeres necesitamos de la universidad apoyo cuando se denuncien actitudes machistas, y por supuesto intransigencia total para los agresores, sean quienes sean. Hayan escrito mil artículos de investigación, sean notablemente eruditos, hayan dirigido 800 tesis, sean rectores, decanos, catedráticos o directores de instituciones prestigiosas.

Por favor, tolerancia cero ante este tipo de actitudes. Queremos estudiar y trabajar tranquilas.

Estrella .

About Estrella .

Amante del arte, la montaña, los gnocchis y el té caliente. Odio los aviones. Me encanta viajar. No sé si mi animal mitológico favorito es el hembrismo o las mujeres machistas.

2 thoughts on “Las universidades que no amaban a las mujeres

  1. Totalmente de acuerdo. Refuerzo corporativista, si, pero con una mujer no se cierran filas ante abusos de poder con la firmeza de los casposos.

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