Si eres negra, no te dejes el DNI en casa

Mujer negra ante policía.
Leisha Evans enfrentándose a la policía durante la marcha de Baton Rouge en julio de 2016 (Fuente: BBC).

La primera vez que me pararon iba a coger el autobús camino de mi clase de danza. Una pareja de la Guardia Civil me cortó el paso y me pidió los papeles. Yo no llevaba el DNI. Ni siquiera sabía que tenía que llevarlo. Me dijeron que, por esa vez, me dejaban estar, pero que la siguiente vez me llevarían al calabozo. Me pasé el viaje en bus llorando. Tenía 13 años.

Mi amiga Iris salía de hacer la compra con su marido. Iris es mestiza y su marido es negro. Les pidieron la documentación. Su marido la llevaba. Iris no llevaba el DNI, pero les enseñó el documento digitalizado en su teléfono móvil. Los policías le preguntaron dónde había hecho la falsificación y la llevaron al calabozo y, a pesar de que su marido estaba en la comisaría una hora después con el DNI de Iris, ella estuvo retenida 4 horas más en las que tuvo que aguantar estoicamente comentarios machistas y racistas humillantes e hirientes. Me telefoneó para contármelo cuando salió; lloramos juntas al teléfono por la rabia y la injusticia.

Esta es mi experiencia y la de Iris. Pero también es la de Clebia, a la que llegaron a parar hasta tres veces en un día y cuando preguntó si había algún motivo, le espetaron un “porque lo digo yo” como toda explicación.

Es la experiencia de Johanna, mestiza, yendo con su madre blanca cuando, con 19 años, un policía le pidió el DNI ante la mirada estupefacta de su madre, y le advirtió que no volviera a salir nunca más sin la documentación.

Registros y detenciones por motivos raciales

Podría hablar de las experiencias de Dunia, Mariel, Agnes, Boñaúsese, Jaai, Estela, Patri, Astrid, Kaire, Silvia, Yasiris, Mayé, Esther…

Puedo hablar de las experiencias de algunos hombres negros con la policía pero mejor lee las de Elizeo, Josué, Cheikh, Abraham o Danilson en este artículo.

Puedo seguir contando muchas experiencias de personas negras a las que la policía ha parado para requerirles la documentación cuando se limitaban a circular libremente por la ciudad sin llevar a cabo nada sospechoso, haciendo algo tan cotidiano como ir a la universidad, al trabajo, a la compra, viajar en transporte público, esperar dentro de un coche a otra persona, tomar una copa, caminar cargando una mochila a la espalda.

Podría poner muchos ejemplos más, pero terminaré con el caso de Berta, a quien requirieron la documentación en la Plaza del Sol de Madrid. Cuando preguntó por el motivo, le dijeron que se trataba de un control policial rutinario. Berta preguntó entonces que, si se trataba de algo rutinario, por qué solo le pedían la documentación a ella. El policía respondió que se limitaba a hacer su trabajo.

Hacer su trabajo. Aquí es donde, en mi opinión, radica el problema. Ante la respuesta que le dieron a Berta, entiendo que los agentes de policía tienen indicación de pararnos a las personas negras. ¿A santo de qué y con qué motivos?

¿Puede ser uno de esos motivos el hecho de garantizar la seguridad general? Podría ser. Pero si es así, ¿se garantiza la seguridad general a costa de la inseguridad de un colectivo? Porque, por más que yo haya normalizado que soy sujeto de desconfianza solo por tener más melanina, no dejo de sentir inseguridad.

Además de sentir inseguridad, me siento humillada. Caminas por la calle, te cruzas con la policía, te detienen para pedirte la documentación y entonces da igual lo que estuveras haciendo o adonde fueras: te tienes que parar.

Eso implica llegar tarde, no sé, a recoger a tus hijes del colegio, a una entrevista de trabajo… ¿y qué le dices a quien te entrevista? ¿Mientes? ¿Le dices la verdad? ¿Le dices algo como «siento llegar tarde. Es que la poli me ha parado para pedirme los papeles»? ¿Se lo va a creer? ¿Con qué cara te va a mirar? ¿Te va a contratar?

Este tipo de detenciones, además, siguen confirmando en parte de la población esa desconfianza hacia las personas de mi colectivo. Y mientras tú ya te sientes incómoda, parada en medio de cualquier calle por la policía que revisa tu documentación (aunque les dés un DNI), la gente que pasa por tu lado te mira y piensa “algo habrá hecho”. Y eso acrecenta la incomodidad de la persona detenida.

En ocasiones, cuando comparto con personas blancas el malestar que me produce el hecho de que a mí la policía me pueda parar por la calle porque sí para requerirme la documentación sin más motivo, me encuentro con la incomprensión de que no entienden que no es lo mismo que les paren a ellas porque llevan pintas. No es lo mismo. No lo es.

Hace unos años, le decía a un amigo lo injusto que me parecía el hecho de que la policía me pare para pedirme la documentación por ser negra. En ese momento, mi amigo me dijo algo como que “bueno, si un pelirrojo comete un delito, pues es normal que le pidan la documentación a todos los pelirrojos, ¿no?”. Decidí no contestarle por muchos motivos. Pero para mí estaba claro que no era lo mismo.

A día de hoy mi amigo entiende que no es lo mismo. Se ha dado cuenta de que su ejemplo era un mal ejemplo, porque él partía del hecho de que buscaban a alguien por un delito.

¿Qué delito cometemos cometo yo, como mujer negra, cuando salgo a la calle? ¿Tener la piel de un color diferente al de la mayoría de la sociedad? ¿Eso justifica las identificaciones policiales por perfíl étnico?

Ante los delitos de odio, ¿justicia?

En cuanto a la justicia, la cosa no está mucho mejor. En marzo del año pasado denuncié un comentario abiertamente racista que un energúmeno dejó en mi vídeo Ser mujer negra en España. Bueno, denuncié a varios usuarios por insultos claramente racistas y machistas.

El pasado mes de diciembre la Fiscalía Provincial de Barcelona decidía archivar la denuncia a pesar de que a raíz de la investigación policial se detectó contenido potencialmente peligroso en el perfil de uno de los usuarios que denuncié.

Esta decisión a mí me genera indefensión. Esta decisión a mí me hace constatar el racismo institucional. Parece que, por ser negra, soy sujeto de desconfianza, pero no sujeto digno de protección. Y eso es doloroso, desesperante e injusto.

Mi querido amigo y fotógrafo Rubén H. Bermúdez publicaba un artículo en Radio Africa Magazine titulado “Escribir sobre racismo es violento”. Hablar sobre racismo también es violento. Señalar conductas racistas es violento, y lo es sobre todo cuando a la mayoría de las personas blancas les cuesta admitir el racismo estructural en el que se han educado, el racismo estructural en el que nos hemos educado, y me incluyo, porque yo he nacido, me he criado y he estudiado en España.

Y cuando el racismo es estructural, las administraciones, las instituciones y todos los estamentos de la sociedad también están impregnados de él. Y ese racismo está tan arraigado que no se ve si quienes lo vivimos en primera persona no lo señalamos. Pues yo lo señalo. Y es un alivio que otras personas que no viven directamente esta discriminación, pero que se revisan y se deconstruyen, se pongan a mi lado y lo señalen conmigo, con nosotras.

Aún así, tengo que oír a veces comentarios del estilo de que me he beneficiado de un sistema que critico, porque he tenido la facilidad y los medios para formarme y tener una buena educación, señalando que en algunos países esto es un privilegio.

Y sí, en otros países, tener formación universitaria o un empleo en la administración pública siendo mujer negra es impensable. Pero yo no vivo en otros países. Vivo en Catalunya. Por eso lucho por que Catalunya se convierta en una sociedad más igualitaria. Que a veces, escuchando a determinadas personas, parece que, como vivimos en una sociedad con determinados derechos adquiridos, nos tengamos que conformar, bajar la cabeza y renunciar a mejorar. Y así es como se cae en el inmovilismo.

La ONU ha proclamado el Decenio Internacional para los Afrodescendientes, que empezó el día 01/01/2015 y finalizará el 31/12/2024. Uno de los objetivos de este decenio internacional es, y cito textualmente, “promover el respeto, la protección y la realización de todos los derechos humanos y libertades fundamentales de los afrodescendientes, como se reconoce en la Declaración Universal de los Derechos Humanos”.

Y, como parte de la ejecución del programa de actividades del Decenio Internacional para los Afrodescendientes, la Asamblea General establece que “A nivel nacional, los Estados deberían adoptar medidas concretas y prácticas mediante la aprobación y aplicación efectiva de marcos jurídicos nacionales e internacionales y de políticas y programas de lucha contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia a que se enfrentan los afrodescendientes”.

Lo que yo entiendo de la proclamación de la ONU es que este organismo reconoce que los derechos humanos de los afrodescendientes deben promoverse y protegerse. A ver si, de una vez por todas, se vela por la protección de todas las personas y dejan de ser necesarias medidas como ésta de la ONU.

A ver si las administraciones se ponen las pilas. A ver si dejan de criminalizarnos y deciden protegernos de una vez.

Desirée Bela-Lobedde

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6 thoughts on “Si eres negra, no te dejes el DNI en casa

  1. Hola.

    Más que estructuralmente racistas, los españoles somos imbéciles. Ignorantes, pueblerinos, provincianos. No leemos, no viajamos, no conocemos mundo más allá del bar de al lado de casa y del estadio de nuestro equipo favorito. Desconocemos por completo el mundo DE VERDAD y sus gentes y sus problemas y por qué emigran y que existen culturas muy distintas a la occidental-blanca (yo lo llamo caucaso-centrismo). Nuestra cultura no va más allá del futbolín y la tortilla de patatas.

    Ah, y lo digo con conocimiento de causa: soy español, blanco, madrileño de tercera generación (con sangre vasca) y la primera vez que me paró la policía en Madrid en mi vida fue con 32 años… acompañado de mi novia NEGRA (mi esposa desde hace ya 21 años, con tres hijos y un nieto NEGROS).

    Vivo y trabajo actualmente en Kinshasa (República Democrática del Congo).

  2. Esto es indignante. Soy inmigrante, latina, llevo 14 años en España y me han pedido la documentación una sola vez y por el revuelo que causó el atentado de Atocha. Por temas administrativos estuve sin el carnet de residencia renovado un año y medio. No pasó nada porque tengo la piel y los ojos claros y pues “no pareces ecuatoriana” (si me hubieran dado 1 euro por cada vez que me han dicho eso ya no tendría que trabajar), nadie me paró para pedirme el carnet, ni en las redadas que se hacían en mi barrio, Lavapiés, donde solo miraban a “negros” y “moros”. Y yo sí que tenía que llevar “los papeles” conmigo. Esta injusticia tiene que acabar, no podemos llamarnos sociedad democrática si seguimos permitiendo que esto continúe. Me avergüenza. Como inmigrante. Como ser humano.

  3. Es terrible que pase esto, pienso que los españoles cuando vemos algo así pensamos que es la excepción, una anécdota, y no nos damos cuenta de la frecuencia real con la que ocurre. Haces bien en compartir tus experiencias y no dejar que pasen inadvertidas.

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