Autoridad Feminista

tipos de autoridad

Pues a ver, cuando yo viví en Galicia, salía prácticamente a diario. Y me maquillaba y llevaba tacones (no taconazos pero sí tacones) y faldas y me alisaba el pelo y cambiaba de pendientes a menudo… Muy cuqui yo.

Había una conocida asociación de feministas (todas blancas, todas cis y heteras en su mayoría) que, entre otras cosas, veían mal que las integrantes se maquillasen, usasen tacones, etc. y, supuestamente, que se comiesen los plátanos a mordiscos. Tenían que pellizcarlos e ir comiendo esos trozos pellizcados con los dedos.

Esto, obviamente, era una transfobada máxima porque, como ya te habrás dado cuenta, el plátano simbolizaba una polla de hombre cis,  y por tanto, comerlo con la boca, una mamada, y por tanto, una mamada a un hombre (cis). Porque obviamente no se contemplaba la existencia de pollas femeninas. Yo siempre encontré ridículo todo eso, pero me las seguía encontrando en todos los conciertos, manis, etc… Y yo con mi maquillaje y con lo que me diese la gana.

Total, que un día en un concierto, me senté en soledad, porque yo no hablaba en general con nadie a quien no conocía, y por lo visto, sin darme cuenta me había sentado al lado de una de ellas. Como estaba oscuro no la había reconocido. De pronto nos quedamos mirando y el típico: “Ay, me suenas” “Sí, tú a mí también”… Nos presentamos y nada, me empieza a hablar. Y mira, yo se lo tuve que preguntar:

– Oye, lo de los plátanos… ¿es verdad?

– Bueno, a ver, no es así exactamente, ¿eh?

– Vale. Exactamente no. Me tranquiliza un poquito. Pero entonces… ¿en parte sí?

– A ver, es más bien… o sea, no es obligatorio, es opcional, pero preferimos hacerlo así porque es como… rebelarse ante el patriarcado y…

– Pero si alguna se come un plátano a bocaos, ¿la miráis mal?

– A ver, no. Pero preferimos que…

– Jajajajajaja… Vale, vale…

– Siento que te estás riendo de algo que es muy serio y que no es sólo comerse un plátano. Va mucho más allá.

– Ok, perdona. Explícamelo, por favor.

– Pues es, por ejemplo, y no te ofendas, el hecho de ir así *me mira y señala con la mano extendida* como tú, que a ver, que puedes ir como quieras, pero no sé si sabes que en realidad no vas como quieres.

– Ah. ¿Y cómo voy?

– Pues como quiere el Patriarcado. Los tacones no son cómodos, por ejemplo. Y los llevas.

– Bueno, yo tengo los pies cabos y llevo cuñas de esparto y realmente me son más cómodas que mi calzado plano. Aunque también llevo calzado plano a menudo.

– Tú crees que te es más cómodo, pero no.

– Ah.

– Y el maquillaje.

– El maquillaje lo llevo porque me apetece y me veo más favorecida y me gusta maquillarme.

– Pero ¿más favorecida para quién? ¡Para los hombres! (dando por hecho heterosexualidad)

– Bueno, sí que hay una parte de vanidad, de ganas de gustar, obviamente. Pero a mí también me gusta el hecho de maquillarme en sí. Como acción. Como entretenimiento.

– No.

– Ah.

– No te gusta. Te han educado para que te guste.

– Pues puede ser. Aunque en mi casa no se maquilla nadie. Pero el caso es que me gusta.

– La sociedad te ha educado para ello.

– Ah.

– Y para depilarte. Porque te digo también que si no puedes pasar al menos un año y medio sin depilarte, estás totalmente subyugada el Patriarcado.

– Ah. Oye, ¿y si he pasado más de cuatro años sin depilarme, maquillarme, llevar tacones y he estado bien pero ahora me depilo, me maquillo y llevo tacones?

– … ¿cuatro años?

– Más, de hecho.

– Pero ¿hablas de ti?

– Sí, sí. Yo.

– Pues… A ver, es que no entiendo.

– Pues que yo ya he estado ahí. Donde tú dices que hay que estar. Y no he tenido problema (excepto dolor de pies un poco). Ya he experimentado eso. Y ahora sigo siendo feminista pero a menudo me maquillo, me depilo y tal.

– ¡¿Por qué?!

– Pues porque me gusta y no me parece contradictorio. Es decir, a veces no me maquillo y sí me depilo. A veces me maquillo y no me depilo, a veces ni me maquillo ni me depilo. Y a veces me maquillo y me depilo. Como hoy. Y estoy bien de cualquier forma.

– Pues… No sé. Es que… A ver, igual tu caso es distinto. Pero…

– ¿Distinto al de quién? ¿Al tuyo?

– No. O sea, sí. Pero no sólo. A ver, al de la mayoría de gente que conozco.

– ¿Cómo puede ser eso? ¿Sois todas iguales? Bueno, claro. Si unas miran mal a otras por pintarse o comerse una fruta de una manera y no de otra, al final acabáis siendo iguales, obviamente.

– No me gusta nada lo que insinúas.

– Ni a mí lo que hacéis ni lo que me has estado diciendo. Ni mucho menos cómo me lo has estado diciendo. Pero te he escuchado todo el rato. Hablándome con una prepotencia y un paternalismo supremos. Siendo condescendiente conmigo, explicándome tú a mí por qué hago las cosas sin conocerme. Si estoy alienada, ¿por qué me tratas mal? Si la rapera que ha subido al escenario hace un rato está alienada, ¿por qué hablas de ella diciendo: “Lo hace muy bien, lástima que TENGA QUE ponerse unas shorts tan cortos y una camiseta tan pequeña y moverse así para llamar la atención”? ¿No te has planteado que quizá lo haga porque le da la toda la gana?

–  Es que no es por eso. No lo entiendes.

– Ah. Yo no entiendo. Ok. Tú eres la autoridad.

– ¡No! ¿Cómo voy a ser yo la autoridad si soy una mujer? ¡No sé qué es la autoridad!

Sonreí con mucha pena dentro, me despedí de ella *encantada, dos besos, hasta otra* y me fui.

¿Qué es autoridad?, dices mientras clavas

En mi pupila tu pupila azul.

¿Qué es autoridad? ¿Y tú me lo preguntas?

Autoridad, querida femicista… eres tú.

Li Kaczynski

About Li Kaczynski

Creo que este espacio siempre me ha sobrado porque es casi lo único que siempre me deja speechless. Tampoco sé restar o dividir en los captchas y siempre cambio hasta que sale suma o multiplicación.

2 thoughts on “Autoridad Feminista

  1. Muy bueno. Creo que todas nos hemos topado alguna vez con otra feminista que nos impone su feminismo. La verdad es que la tía dejó totalmente en evidencia su ignorancia e incoherencia… y prepotencia… está claro que maquillarse, depilarse y llevar tacones no son intrínsecamente machistas… lo que sí que es machista es que todas las mujeres deban hacerlo… pero para rebelarnos basta con no hacerlo, o cuestionarnos si lo hacemos para nosotras o para los demás… ¡pero nunca imponerlo! Vaya lavado de cerebro. Y lo del plátano me da risa, la verdad…
    Lo comparto con mis amigues 😉

  2. ¿Es cierto lo que dice? Quiero decir, ¿es una experiencia personal o es una exageración para mostrar el daño que puede hacer tanto autoritarismo en el feminismo? Que, a ver, lo de criticar a una por maquillarse o depilarse (lo primero, sobre todo) ya lo he visto, pero lo del plátano me parece el colmo de los colmos.

    Por cierto, ¿qué hay de malo en hacer felaciones (consentidas, por supuesto)? ¿Soy la única que ha hecho alguna y no se arrepiente?

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