Abusos sexuales maternos. Hacerles frente cuando eres mujer y feminista.

Buscar “mother-daughter incest” en google es cuanto menos horripilante: Los únicos resultados son imágenes de porno mainstream de heteros calenturientos. El resto, silencio. Nos queda pues, el activismo.

En unos espacios de activismo donde hay evidentemente –al ser mayoritarios-  que priorizar los relatos de mujeres que sufrieron abusos sexuales en la infancia por familiares de género masculino, conviene en ocasiones recordar (o al menos, no eclipsar) los relatos de mujeres que sufrieron abusos sexuales en la infancia por otras mujeres de su familia. Con este testimonio me gustaría ofrecer este punto de vista en ocasiones olvidado, así como romper con ciertos tabúes.

Tengo una muy buena relación con mi madre. O, bueno, quizás una relación de dependencia. No lo sé. El caso es que mi madre no encaja para nada con el cliché de la madre fría, distante, pasivo-agresiva, que no escucha, y que va a lo suyo. Este cliché, en realidad es peor o mejor visto en función de la cultura: En culturas mediterráneas, es un cliché mal visto, que se corresponde con la falta de cuidados, pero también con las exigencias que se tiene en ciertas culturas respecto a la implicación de la madre y de las figuras femeninas de la familia en la crianza y el trabajo emocional.

Así pues, dentro de lo poco que se  habla de madres abusadoras, estos testimonios casi siempre se limitan a la negligencia emocional de las madres frías, eclipsando así los testimonios acerca de la sobreprotección de las madres “cálidas”, entre las que se encuentra mi madre.

Mi madre tampoco es que sea una metomentodo. Esta sobredimensión de la protección no tiene por qué manifestarse con ataques a la intimidad del tipo no dejarte salir de casa o leer tu e-mail a escondidas. Esta sobreprotección puede manifestarse de maneras más subrepticias, pero que siempre tienen como objetivo desbancar a potenciales rivales: Primero, a figuras de referencia en la educación de la niña (con especial hincapié en figuras familiares, como puede ser el padre, u otras mujeres de la familia), y segundo, a la “familia escogida” por el adolescente como son amigues y parejas.

Así, son madres que hacen todo lo posible para calumniar a esos referentes vitales, desde no dar noticias de la persona, mandarla callar en tu presencia, o inmiscuirse en sus problemas con esa persona si es que tienen alguna relación.

 

La función del incesto es puramente narcisista

Esto es, la personita sintiente y pensante se convierte en un objeto de placer y de realización de la madre. Para ellas, la hija no es un ser humano pequeñito pero igual en derechos, es un proyecto, un trabajo de fin de Grado determinado por la madre, sin libre albedrio. Al ser la hija cosificada, su cuerpo también lo es. Si bien vivimos en una cultura que permite un cierto tipo de narcisismo potencial (besos forzados en la mejilla a los bebés, forzar a le hije a que se apunte a una actividad extraescolar que a la madre le guste), en casos de narcisismo extremo las adultas sobrepasan los límites haciendo que absolutamente  todo el cuerpo de la hija esté a disposición de la adulta, lo que incluye tanto abusos sexuales como físicos.

Sobrepasar estos límites, igualmente, en ocasiones también puede no verse como anormal. Yo con mi madre normalicé que yo era su propiedad. Que podía besarme cuando quisiera, tocarme el culo o las tetas cuando quisiera, de risas tocarme los genitales como quien no quiere la cosa, o consumar ciertas cosas que prefiero no recordar a la hora del baño. Por parte de mi abuela también sufrimos abusos sexuales mis primos y yo, cosa totalmente normalizada en el contexto familiar por parte materna, donde las mujeres en mi familia están en constante competencia, todas con todas, lo que en muchas ocasiones ha llegado al punto de las agresiones físicas. En cambio, siempre se han apoyado emocionalmente en todo, siempre han estado ahí… Pero, claro, de sobremanera.

 

El feminismo de la diferencia idealiza a la madre

El feminismo de la diferencia, muy arraigado en el estado español, se centra en la idealización de la madre , y, desde una argumentativa cargada de transmisoginia, se esboza una madre pura, inocente, incapaz de ser violenta, mucho menos violadora. Vivimos en una cultura donde es sabido, que una madre lo sabe todo. Es algo que nadie cuestiona, e incluso se hacen chistes al respecto. Una madre, si se entromete, siempre lo hace por el bien de sus hijes. Existe todo un culto en torno a la “madre cálida”, donde cualquier intromisión en la vida de la hija es vista como empoderamiento feminista. En un intento chovinista de hacer feminismos ibéricos, se cae en normalizar un cliché de señora y de madre, y por ende en normalizar ciertos tipos de violencia sobre les niñes.

 

La sobreprotección también es violencia

Desde violencia verbal, chantaje emocional, física, y sexual.  Las consecuencias sobre la salud mental son inimaginables, especialmente si hay violencia sexual. Algunas de estas son la baja autoestima, trastornos alimentarios, autolesiones,  reminiscencia de recuerdos en relaciones sexuales consentidas, cuando no cuadros más complicados como pueden ser el Trastorno por Estrés Postraumatico Complejo, Trastorno de Identidad Disociativo, o incluso el Trastorno Limite de Personalidad.

Es importante que las mujeres (tanto cisgénero como transfemeninas),  víctimas de abusos sexuales maternos (o de otras familiares) reciban apoyo para su tratamiento psicológico y para la resolución del conflicto. Es importante también tener en cuenta la diversidad de casos y la interseccionalidad, ya que, debido al eje de género, no se puede gestionar igual un abuso perpetrado por una mujer que uno perpetuado por un hombre. En esto último, estudios sobre la violencia intragénero, pueden darnos alguna pista. Es la diversidad de la violencia (y sus múltiples ejes de opresión) que hace que tengamos que replantearnos cómo gestionar conflictos en estas circunstancias.

 

“Thoughts on processing years of abuse” (Proceso de reflexión sobre años de abusos)  Lora Mathis
Colaboración Anónima

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2 thoughts on “Abusos sexuales maternos. Hacerles frente cuando eres mujer y feminista.

  1. Gracias por hablar de esto, chicas. En mi vida es de todas las cosas la más horrible y silenciada. Es una aberración, algo imposible, tan contradictorio que te revienta la cabeza. ¿Cómo poder decir algo así de esa persona tan maja a la que quiere todo el mundo? ¿Cómo, si lo “hace por tu bien”? O porque le da la gana, o al final, porque tiene derecho. Una vez llegada a ese punto es más fácil tirar del hilo. ¿Derecho? ¿Seguro? Qué va. Nadie lo tiene. Me ha costado llegar al fin a la conclusión de que todas mis relaciones abusivas, mis problemas de autoestima y otros bastante más graves derivados de ella… tienen su fuente ahí. ¿Cómo iba a saber yo que estaba perfecta sin hacer nada más que ser, si desde que tengo uso de razón el cariño es a cambio de exigencias? ¿Cómo pensar que mi cuerpo es mío, si nadie desde el inicio lo ha respetado con sus deseos y sus contradeseos? No hay un punto de inflexión traumático a los seis, ocho, doce años. El punto de inflexión estaba en la concepción misma, desde que una tipa decidió engendrarme para tener una mascota particular. Con las madres es muy difícil, pero se puede. Yo paso de hacerme cargo de su narcisismo. Si llora o monta el cristo guapo por que no soy lo que esperaba, porque no le cuento lo que quisiera, porque no me da la gana de que me esté humillando para mantenerme en una posición siempre inferior y así sentirse poderosa… me da igual, la verdad. Si os sentís indentificadas… Tenéis derecho a tener la relación que vosotras queráis con vuestras madres! Ella no puede exigiros… La relación que es, es. No la que ella se imaginó con su hijita de ir de viaje juntas y haceros trencitas, y que le cuentes cada rollo. En fin. Ánimo compas, el eje de la edad también existe, hay que tenerlo en cuenta. Besotes.

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