La islamofobia detrás de la lesbofobia

A pocos días de las elecciones francesas y pasando aún la resaca de las noticias en torno a la persecución de homosexuales en Chechenia, la palestra mediática vuelve a soltar la voz de alarma ante el caso de Jimena Rico Montero y su pareja, Shaza Ismail, quienes durante días fueron retenidas en Turquía, después de huir de Dubai simplemente por ser lesbianas y amarse. Como era de esperar, las noticias y las tertulias televisivas volvieron a dar rienda suelta a la islamofobia, y no tanto al rigor periodístico.

A pesar de que una gran mayoría de los 75 países que persiguen las relaciones homosexuales en el mundo se encuentran fuera del espacio «musulmán», hay una tendencia obsesiva a fijar la mirada en estos contextos y validar así la idea de que el islam persigue y condena la homosexualidad. Son veintiséis países, menos de la mitad del conocido como «mundo islámico», los que contemplan entre sus marcos jurídicos algún tipo de condena por la práctica homosexual, y no, en Emiratos Árabes Unidos no existe la pena capital para las relaciones homosexuales consentidas.

La condena a muerte en los «países islámicos»

Dejemos claro que sí existe. Y se implementa en cinco países: Arabia Saudí, Irán, Mauritania, Sudán y Yemen. ¿Entonces, de dónde ha salido la información de la condena a muerte en Dubai? De la manga. O lo que es más grave, de la actuación -lamentable- de un padre homófobo con aires de matón y que ha servido a los medios occidentales para inventarse una legislación inexistente en el emirato. No, en Dubai no hay condena alguna a las relaciones lésbicas… Como lo leen. El Artículo 80 del Código Penal de Dubai condena expresamente la sodomía consentida con hasta 14 años de prisión, es decir, que tiene que haber por medio un pene y además penetración anal, y a no ser que Jimena o Shaza sean mujeres trans con pene, no se les puede aplicar esta condena.

 

Manifestante musulmana el pasado 1 de agosto en Orlando. Photo by WMFE
Manifestante musulmana el pasado 1 de agosto en Orlando. Photo by WMFE

Todo apunta a que el padre de Shaza, del que se sabe es un magnate egipcio, amenazó de muerte a la joven pareja, dato que ha servido para argumentar y alimentar la islamofobia. Ya que estamos, y puestos a meter en un mismo saco a todos los países y a todas las personas musulmanas cualquier excusa es buena para arremeter contra el islam y justificar así el discurso de odio que cada vez es menos descarado.

 

Una sociedad regida por la cultura de la heteronormatividad. Sí, como tantas otras.

Como si Dubai y sus leyes homófobas fuesen representativas del islam y de los 1.600 millones de personas musulmanas. Ahora bien, la existencia de una legislación no implica que la sociedad vaya al mismo ritmo y efectivamente, como en cualquier sociedad regida por la cultura heteronormativa salirse de «la norma social» puede traer consigo la lesbo-homo-transfobia. Tampoco tenemos que salirnos de nuestras fronteras para comprobarlo… Los delitos de odio hacia las identidades LGBTIQ+ siguen siendo una realidad.

No cabe duda de que es importante denunciar cualquier vulneración de los derechos de las personas y necesario defender la integridad y dignidad de las identidades LGBTIQ+ en cualquier parte del mundo, independientemente del país, la etnia o la conciencia, pero poner las alertas para no caer en la islamofobia se hace imprescindible. La persecución institucional de países con legislaciones homófobas son reales pero a cada cosa hay que llamarla por su nombre y el periodismo se debe a un rigor que en los hechos noticiables relacionados con el islam no siempre se mantienen. Puestos a generalizar, hasta se ha incluido a Turquía como país que legalmente condena las relaciones homosexuales cuando ostentan un reconocimiento legal desde el año 1878.

 

La instrumentalización del discurso pro LGTBI+ para promover la islamofobia

El caso de Jimena y Shaza ha servido para que no pocas organizaciones hagan una parada en sus denuncias y reconozcan que la instrumentalización política con fines islamófobos de las identidades LGBTIQ+ también forman parte de la realidad. Este ha sido por ejemplo el caso de Orgullo Crítico de Madrid quienes en su manifiesto de este año han querido expresar que se oponen a «la instrumentalización por parte del discurso islamófobo europeo de los discursos feministas y pro derechos LGBTIQ+ para criminalizar a la población musulmana —y a otras minorías étnicas— a través de estrategias discriminatorias y racistas como el Homonacionalismo o el pinkwashing».

 

De izquierda a derecha: Victoria Caro Bernal, coordinadora de las Tertulias del Ateneo de Madrid; Roberto Solone transfeminista miembro de Orgullo Crítico de Madrid y M. Laure Rodríguez Quiroga, miembro de Locas del Coño
De izquierda a derecha: Victoria Caro Bernal, coordinadora de las Tertulias del Ateneo de Madrid; Roberto Solone transfeminista miembro de Orgullo Crítico de Madrid y M. Laure Rodríguez Quiroga, miembro de Locas del Coño

 

Red Musulmanas contra la LGTBI+fobia
Red Musulmanas contra la LGTBI+fobia
Laure R. Quiroga

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2 thoughts on “La islamofobia detrás de la lesbofobia

  1. Hola, Laure.
    He leído tu entrada con mucho interés, como las demás que has escrito.
    Con ellas, aprendo, igual que con otras que se publican en “Locas”, y me confirmo en la idea de que somos muchas y diversas, y de esa diversidad, creo, nace la riqueza y la fuerza.
    Voy a tratar de definirme brevemente desde el punto de vista de la religiosidad. Soy atea. Convencida y consciente de ello. Soy anticlerical, y soy laicista.

    Sin embargo nunca me verás enfrentarme a nadie respecto a su fe y su derecho a ella. Entiendo el hecho religioso. Entiendo la necesidad de creer, y entiendo que la fe, en lo que sea, ofrece a veces respuestas al abismo de incertidumbre que puede ser la vida. Entiendo que vivir conforme a una religión es a veces el resultado de una evolución personal y una decisión meditada, y en otras ocasiones es la consecuencia de la educación recibida o del legado cultural.

    Pero sí, dije “anticlerical”. Porque sinceramente creo que la fe institucionalizada, la creencia convertida en organismo, en ente que trata de interferir, o que lo hace de facto, en las leyes de la sociedad, devora personas. Y desde luego, devora mujeres. Las tres grandes religiones del libro, me parece evidente, lo hacen.

    Me alegra que haya feminismo en el islam. Igual que me alegra que lo haya en el catolicismo o en el judaísmo. Cuando todos y todas seamos feministas, el mundo será mejor. Pero a veces escucho a feministas religiosas buscando argumentos de defensa de la igualdad en los textos religiosos y tengo la sensación de que, como decía mi abuela, “tratan de hacerme comulgar con ruedas de molino”. Espero que las religiones evoluciones hacia posturas feministas, pero no creo que lo sean. No ahora. No todavía.
    Perdona, me he extendido mucho. (También soy contradictoria: dije “brevemente”).

    En esta entrada analizas la islamofobia en torno al caso de Jimena y Shaza. Supongo que habrás leído sobre el tema y te habrás encontrado con muchas opiniones que lo sean, y que muchas estén basadas en el desconocimiento y la ignorancia, como todas las “fobias”. Pero uno de los argumentos que utilizas me escandaliza.

    “El Artículo 80 del Código Penal de Dubai condena expresamente la sodomía consentida con hasta 14 años de prisión, es decir, que tiene que haber por medio un pene y además penetración anal, y a no ser que Jimena o Shaza sean mujeres trans con pene, no se les puede aplicar esta condena”.

    ¿Te das cuenta? Debo defender a Dubai porque no persiga el amor lésbico? ¿Es mejor su legislación porque condena las relaciones entre hombres pero no entre mujeres? ¿Si me doy un beso con lengua con una mujer en su capital y no me meten 14 años en la cárcel significa que Dubai es el país de las libertades sexuales?
    No lo creo, francamente. ¿Es mi opinión islamofóbica? Tampoco lo creo.
    ¿Es España el país perfecto para ser homosexual? No, desde luego. El día que se aprobó la Ley de matrimonios homosexuales mi libertad y la de mis dos hijos aumentó exponencialmente. Soy hetero, pero la libertad de los demás redunda en la mía. Mi libertad se alimenta de la libertad ajena. Aunque evidentemente, queda muchísimo camino por recorrer. Muchísimo, y soy consciente de ello.

    Pero hacer críticas, creo, es parte del camino. Y no creo que criticar la legislación dubaití, o la de cualquier país, islámico o no, sea islamofóbico, ni que eso suponga hacer una identificación con los 1600 millones de musulmanes. De la misma forma que si critico la legislación rusa respecto a la homosexualidad, no ataco al conjunto de la población.

    Entiendo que hablas de “poner las alertas”, y tienes toda la razón. Pero precisamente por eso, creo que es necesario alertar sobre esto. Porque corremos el riesgo de caer en la autocensura, y de matizar nuestras críticas, para que no parezcan ser una manifestación de una fobia respecto a una o varias religiones.

    Si aspiramos a la libertad absoluta, a las legislaciones justas, a las sociedades igualitarias, la crítica sin paliativos es parte de los cimientos. Critiquemos. Con conocimiento e información, sí, pero hagamos crítica.

    Gracias por tu tiempo.
    Te leo en tu próxima entrada.
    Belén Fernández Gómez.

  2. Hola, Laure.
    He leído tu entrada con mucho interés, como las demás que has escrito. Con ellas, aprendo, igual que con otras que se publican en “Locas”, y me confirmo en la idea de que somos muchas y diversas, y de esa diversidad, creo, nacen la riqueza y la fuerza.
    Voy a tratar de definirme brevemente desde el punto de vista de la religiosidad. Soy atea. Convencida y consciente de ello. Soy anticlerical, y soy laicista.
    Sin embargo nunca me verás enfrentarme a nadie respecto a su fe y su derecho a ella. Entiendo el hecho religioso. Entiendo la necesidad de creer, y entiendo que la fe, en lo que sea, ofrece a veces respuestas al abismo de incertidumbre que puede ser la vida. Entiendo que vivir conforme a una religión es a veces el resultado de una evolución personal y una decisión meditada, y en otras ocasiones es la consecuencia de la educación recibida o del legado cultural.
    Pero sí, dije “anticlerical”. Porque sinceramente creo que la fe institucionalizada, la creencia convertida en organismo, en ente que trata de interferir, o que lo hace de facto, en las leyes de la sociedad, devora personas. Y desde luego, devora mujeres. Las tres grandes religiones del libro, me parece evidente, lo hacen.
    Me alegra que haya feminismo en el islam. Igual que me alegra que lo haya en el catolicismo o en el judaísmo. Cuando todos y todas seamos feministas, el mundo será mejor. Pero a veces escucho a feministas religiosas buscando argumentos de defensa de la igualdad en los textos religiosos y tengo la sensación de que, como decía mi abuela, “tratan de hacerme comulgar con ruedas de molino”. Espero que las religiones evolucionen hacia posturas feministas, pero no creo que lo sean. No ahora. No todavía.
    Perdona, me he extendido mucho. (También soy contradictoria: dije “brevemente”).
    En esta entrada analizas la islamofobia en torno al caso de Jimena y Shaza. Supongo que habrás leído sobre el tema y te habrás encontrado con muchas opiniones que lo sean, y que estén basadas en el desconocimiento y la ignorancia, como todas las “fobias”. Pero uno de los argumentos que utilizas me escandaliza.
    “El Artículo 80 del Código Penal de Dubai condena expresamente la sodomía consentida con hasta 14 años de prisión, es decir, que tiene que haber por medio un pene y además penetración anal, y a no ser que Jimena o Shaza sean mujeres trans con pene, no se les puede aplicar esta condena”.
    ¿Te das cuenta? Debo defender a Dubai porque no persiga el amor lésbico? ¿Es mejor su legislación porque condena las relaciones entre hombres pero no entre mujeres? ¿Si me doy un beso con lengua con una mujer en su capital y no me meten 14 años en la cárcel significa que Dubai es el país de las libertades sexuales?
    No lo creo, francamente. ¿Es mi opinión islamofóbica? Tampoco lo creo.
    ¿Es España el país perfecto para ser homosexual? No, desde luego. El día que se aprobó la Ley de matrimonios homosexuales mi libertad y la de mis dos hijos aumentó exponencialmente. Soy hetero, pero la libertad de los demás redunda en la mía. Mi libertad se alimenta de la libertad ajena. Aunque evidentemente, queda muchísimo camino por recorrer. Muchísimo, y soy consciente de ello.
    Pero hacer críticas, creo, es parte del camino. Y no creo que criticar la legislación dubaití, o la de cualquier país, islámico o no, sea islamofóbico, ni que eso suponga hacer una identificación con los 1600 millones de musulmanes. De la misma forma que si critico la legislación rusa respecto a la homosexualidad, no ataco al conjunto de la población.
    Entiendo que hablas de “poner las alertas”, y tienes toda la razón. Pero precisamente por eso, creo que es necesario alertar sobre esto. Porque corremos el riesgo de caer en la autocensura, y de matizar nuestras críticas, para que no parezcan ser una manifestación de una fobia respecto a una o varias religiones.
    Si aspiramos a la libertad absoluta, a las legislaciones justas, a las sociedades igualitarias, la crítica sin paliativos es parte de los cimientos. Critiquemos. Con conocimiento e información, sí, pero hagamos crítica.
    Gracias por tu tiempo.
    Te leo en tu próxima entrada.
    Belén Fernández Gómez.

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