Por qué me cambio mi propio nombre

En nuestra estupendísima sociedad occidental blanca cisheteropatriarcal binarista capacitista (como el nombre de esta misma página, por cierto) especista capitalista y más basura terminada en -ista, el tema de la identidad sexual se enseña poco o nada. No nos dan suficientes herramientas (sorpresa) para conocer nuestra propia identidad ni para respetar ni entender la de los demás. Ni siquiera para entender que todo el mundo tiene su propia identidad sexual (incluso tú, queride cis). Y es por eso que me paso los días escuchando preguntas como “te sientes mujer pero tienes cuerpo de hombre?”, “eres una mujer pero tienes voz de hombre?”, “eres una mujer, eso significa que te gustan los hombres?”, o “si eres una mujer, por qué tienes nombre de hombre?”. No imagináis cuánto daño hace vuestra ignorancia.
Toda yo soy una mujer, con cuerpo de mujer, con voz de mujer y me gustan las mujeres. Y si no lo entiendes todavía, te invito a que visites este link maravilloso sobre “el sexo biológico”  de Difracción Transfemmenista http://youtu.be/QjLbF2W4cT0. Obviamente, el Gobierno de España tampoco ha leído esta página, ni ha visitado el link maravilloso sobre “el sexo biológico”,  y no entiende que toda yo soy una mujer. Incluido mi nombre asesinado (que no muerto), o en otras palabras, el nombre que me puso mi familia, por mucha carga de género que tenga. Cualquier nombre puede ser nombre de mujer si lo lleva una mujer (como por ejemplo, yo), al igual que unos tacones también pueden ser de hombre porque los lleva Dani RovBUENO, quizá no es el mejor ejemplo. El caso es que como el Gobierno no ha visitado el link maravilloso sobre “el sexo biológico” y no nos entiende, me obliga a cambiarme el nombre y ponerme “un nombre de mujer” para que en mi DNI pueda indicar que soy una mujer. Es decir, en resumen, pretenden cambiar un elemento de mi identidad para corregir otro que está mal.
Y conmigo, lo van a conseguir.
Porque las instituciones no titubean a la hora de ejercer violencia contra las personas trans, desde asignarnos un género al nacer que no es el nuestro (basándose en los genitales con los que nacemos), hasta obligarnos a hormonarnos, pasando por modificar nuestro cuerpo, a renunciar incluso a nuestro nombre,… Todo para que encajemos en el modelo de “mujer” binario (mal)entendido en nuestra sociedad. Y eso se añade a la violencia que recibimos cada día por parte de la gente de a pie, especialmente de la gente que no es trans, desde malgenerizarnos (decirme “él” en vez de “ella”) hasta negarnos nuestra propia identidad (“por mucho que tú digas que eres una mujer, yo siempre pensaré que eres un hombre”). Sí, probablemente te des por aludide en estas frases. Ya no hablemos de la violencia organizada contra personas trans, que sí, aún existe, y mis compañeras trans y yo la hemos experimentado en nuestras propias carnes varias veces. De hecho hay miles de realidades y experiencias violentas distintas derivadas de nuestra condición trans; juicios constantes por nuestro cuerpo, no ser deseadas como mujeres “porque no parecemos suficientemente una mujer”, dificultades enormes para alquilar un piso porque se asocia mujer trans – trabajadora sexual, añadiéndole la correspondiente putofobia, acoso callejero, violaciones,… Y no le añadas variables como la raza, porque si encima se te ocurre ser negra, por ejemplo, lo llevas claro.
Como comprenderás, ser el objetivo de tanta violencia diaria desgasta mental y físicamente; ya no sólo cuesta luchar por nuestros derechos, sino por el mero hecho de vivir.
Según una encuesta de The Williams Institute, el 4,6% de la población estadounidense ha reportado intentos de suicidio. La tasa de intentos de suicidio de las personas trans o no conformes con el género encuestadas es, nada menos, que del  41%. ¿No os responde esto a la pregunta que nos hacéis de “¿qué más te da que no te vean como una mujer? Con que tú sepas lo que eres ya debería servirte”?
Vamos, que estoy harta. Y voy a ceder. Voy a perder esta batalla para mantenerme en pie el resto de la lucha por mis derechos y los de mis compañeras. Porque dejar de llamarme como quiso mi familia por vuestra violencia, me duele. Pero enfrentarme cada día al hecho de explicar que soy una mujer y que me lo cuestionen por mi nombre aún me duele más. Os concedo esta victoria.

Recordad esto.
Soy Valentina Berruezo, y como muchas otras de nosotras, aún no habéis podido conmigo.

Twitter: @valberruezo
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Valentina Berruezo

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