Algunas nos hicimos feministas después de una mala experiencia con los hombres. ¿Y qué?

Entre los múltiples insultos que acechan a las mujeres que buscan el empoderamiento hoy en día hay uno que, si bien no destaca especialmente entre los demás, siempre está presente. Hablo de la idea de la mujer como una resentida a la que un hombre no ha tratado bien, y que decide tomar venganza en una lucha supuestamente tan estúpida como es el feminismo.

Términos como malfollada o frases como “a ti es que te dejó el novio y ahora vienes aquí a llorar y a quejarte de que el sexo era malo” son el pan nuestro de cada día en cualquier página, blog o grupo donde se permitan comentarios, como podría ser un muro de Facebook.

Dejando a un lado la idea suya de que el feminismo consiste en quejarnos de lo mal que follan los hombres, me voy a centrar en la otra mitad del significado: que las mujeres sólo hemos abierto los ojos después de una mala experiencia.

¿Qué hay de malo en eso? El ser humano evoluciona a través de experiencias. El hecho de que una persona de quince años no piense igual que una de veinte, ni ésta que una de treinta, no se debe tanto a la edad en sí como a las experiencias que ha ido acumulando, que han ido – y seguirán – formando su carácter.

El hecho de que una mujer se dé cuenta del machismo imperante gracias a una mala relación amorosa o a una mala noche donde tuvo que acabar cediendo al sexo para poder irse a su casa y – obviamente – no lo disfrutó y después se sintió mal, no es malo. No nos hace más tontas ni más débiles; nos convierte en personas, y recordemos que, como dijo Angela Davis, el feminismo es la idea radical de que las mujeres son personas.

Así que antes de rebelaros contra la idea de haber decidido luchar a causa de una mala experiencia, paraos a pensar en lo que eso implica realmente. Sois mujeres que vivís bajo el yugo del patriarcado y no os habéis dado cuenta de ello hasta que una experiencia más fuerte os ha hecho abrir los ojos. Pero es que todas las luchas, en general, funcionan así. Es fácil ignorar ─ no siempre voluntariamente, recordemos que las personas, especialmente las del primer mundo, somos ciegas a los problemas sociales hasta que nos explotan en la cara ─ el machismo y empeñarnos en que no existe, en que sólo es humor, en que tampoco es para tanto, hasta que llegue algo que sea más fuerte, que ya no podamos ignorar y que nos obligue a mirarlo directamente a la cara. Y, como personas razonables, después de eso tenderemos a preguntarnos ¿por qué? Y miraremos atrás, y veremos qué lo ha propiciado, y qué más hemos sufrido, y qué podríamos haber hecho para evitarlo.

Nos volvemos sensibles a la consciencia de que son esas pequeñas cosas las que van convirtiéndolo en un todo más grande y, después de ese período de reflexión, nos damos cuenta de la magnitud del problema. Y cuando vemos a otra mujer en ese camino, la intentamos parar, e intentamos mostrar al mundo por qué lo que pasa está mal.

Así que sí, es posible que me hiciera feminista – en realidad siempre lo fui, siempre lo somos, pero no somos conscientes de ello, la alienación es una bruma muy poderosa – después de una mala experiencia con un hombre.

 

Ilustración de Lucia Coghetto
Ilustración de Lucia Coghetto

 

Ello no me quita valor. He ido corriendo tranquilamente por un camino de zarzas y a veces otros hombres me empujaban un poco para hacerme a un lado y adelantarme, provocando que me hiciese algunos rasguños en las piernas, nada importante. No iba a empujarlos yo porque en una pelea física poco iba a hacer, y tampoco iba a ser para tanto, pudiendo hacerme a un lado y deja

r que el problema se solucione solo. Pero un día llegó uno que me empujó un poco más, solo un poco más, y caí entre las zarzas, y me rasgué todo el cuerpo. Él siguió avanzando, sin mirarme siquiera.

Desde entonces intento pedir que corten las zarzas, pero el terreno pertenece a un grupo de hombres a los que les gusta salir a correr por ahí de vez en cuando, y no quieren hacer el esfuerzo. Cada año cientos de mujeres caen en las zarzas, algunas arrolladas “sin querer”, otras empujadas deliberadamente. Pero son sólo unos cientos de casos entre los miles que somos, no es para tanto. Además, me dicen que ellos tienen derecho a correr por ahí, que el terreno está para todos y si no puedes aguantarlo pues no vayas. Y si te caes, haberte protegido mejor. No entienden que yo no quiero coartarlos, no quiero que dejen de correr. Sólo quiero que quiten las zarzas, que dejen espacio para que corra todo el mundo, sin dejarse la sangre en ello.

 

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About Mar Varega

20 años. Madrid. Filología Hispánica. Todavía estoy despertando.

0 thoughts on “Algunas nos hicimos feministas después de una mala experiencia con los hombres. ¿Y qué?

  1. Mi experiencia es bastante parecida desgraciadamente. Después de una mala experiencia, me acerqué al feminismo porque me daba respuestas, las mas verdaderas, las que no esperaba recibir, las que me quitaron la venda de los ojos. El feminismo me ha dado palabras y vocabulario para describir lo que me pasó, aquello que sigue sucediendo a diario, y que no se cura con unas “palmaditas” en la espalda.
    El feminismo me ha dado también armas y un motivo por el que luchar.

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