Educación sexual: tarde y mal

“Quedaos quietas, no os defendáis y fingid que estáis disfrutando”

Así es como nos enseñaron que debíamos reaccionar ante una violación. Eso es lo que nos dijeron a las 30 adolescentes de entre 15 y 16 años que asistimos a la charla de educación sexual en el instituto. La otra mitad de los asistentes eran varones. A ellos no les explicaron que acosar, amenazar, violar a una mujer estaba mal. Que forzar a una mujer a tener relaciones sexuales con ellos era un acto despreciable.

A nosotras solamente

Solo a nosotras. A las chicas que estábamos allí sentadas observando pasar las diapositivas, nos recomendaron no gritar, ni suplicar, ni patalear en caso de que nos viéramos envueltas en la desagradable situación. Porque el violador disfrutaría más si luchábamos, porque le gustaría ver nuestro desagrado.

Y en aquel momento y durante los últimos años viví con ese consejo en la cabeza. Creí que, efectivamente, si seguía aquellas recomendaciones sería menos doloroso. Seré violada y sufriré, pero no le daré el placer de disfrutar a mi costa, pensaba. Sin embargo, no era consciente de que aquel pensamiento era estúpido.

 

 

Ilustración realizada por Wenqing Yang (yuumei en deviantart y otras plataformas)
Ilustración realizada por Wenqing Yang (yuumei en deviantart y otras plataformas)

 

 

No es no

Desde nuestra más tierna infancia se nos educa para ser sumisas, complacientes. No protestar, no enfrentarnos físicamente a los peligros porque somos el sexo débil. Pues he aquí el culmen de nuestra educación. Sigue siendo sumisa y quédate calladita aunque te estén forzando. Así será mejor para ti, te beneficiará, no te preocupes. Menos mal que en algún momento luché contra aquellas dos horas de “educación sexual”. Y decidí que si algún día me ocurría mordería, patalearía, gritaría y arañaría sin reparo.

Pero ese no es el problema. El problema no es la forma en la que nos enseñaron a “defendernos a nosotras”, sino las palabras que jamás les dirigieron a ellos. En un nivel tan básico que parecería de sentido común (el menos común de los sentidos), deberían haber empezado por el NO es NO. Pero también habría sido necesario que hubieran dicho a mis compañeros de curso que también es NO insistir hasta que ella dice que sí. O que también es NO el silencio o la duda.

Heteronormativismo

En la charla sobre educación sexual ni siquiera apareció una mención al machismo en el sexo. Solamente tenéis que buscar declaraciones de actrices porno respecto a sus condiciones de trabajo. Buscad sobre las vejaciones y violaciones a las que han sido sometidas. Y muchísimo menos al colectivo LGTBI+, que si ya había quedado a la sombra del heteronormativismo, fue totalmente anulado por una encuesta que tuvimos que hacer y en la que se daba por hecho que todes éramos heterosexuales.

En principio, recibir por primera vez una charla de educación sexual a los dieciséis años es muy tarde. Hay que tener en cuenta que para esa edad los adolescentes ya se han formado los suficientes prejuicios acerca del sexo como para escribir una Biblia. Pero que en dos horas no mencionen más orientación sexual que la de mujer-hombre/hombre-mujer y que enseñen a las mujeres, ya no a defenderse de una violación, sino a permanecer completamente quietas, es un completo error.

La liberación de la mujer, y la igualdad que trae como consecuencia, empiezan en la educación. En todo tipo de educación, y tal vez la educación sexual sea una de las más importantes. Pero, sin embargo, se da tarde (muy tarde), y mal.

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About Ángela Vicario

Estudiante de Comunicación Audiovisual, loca por la radio, las mujeres que la historia ensombreció, el tabulé y todo lo verduroso. En "Crónica de una muerte anunciada" la lío parda, pero en la vida real también.

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