Más vale hiyab en mano que ciento volando

Se podría decir que la práctica totalidad de comentarios que se desarrollan en torno a las musulmanas se centran en el hiyab. De forma obsesiva. Es como una pandemia mundial. A las musulmanas no nos hace falta ningún estudio con sello de rigor científico que lo corrobore. Lo vivimos en primera persona. Lo lleves o no te preguntarán por el hiyab. Incluso te responsabilizarán de lo que ocurre en «vuestros países», aunque seas más de aquí que la tortilla de patata. No extrañe, por lo tanto, que las mujeres identificadas por su indumentaria como musulmanas sean quienes más islamofobia reciben. A ver si Occidente no va a ser un espacio tan seguro para las libertades de las musulmanas como se pensaba…

Proyecto ‘Alas Azules’ de la artista de origen afgano, Mahnaz Rezaie

El tema da para largo. Hay mucho por deconstruir, desaprender y transformar. A fin de cuentas, en esta sociedad llamada española, la islamofobia tiene una larga tradición de más de 500 años de antigüedad. De los cuales estos tres últimos siglos se han destinado a debatir internacionalmente sobre nuestros cuerpos y cómo los cubrimos. Y no, no es una cuestión de «hacerse la víctima». Aquí lo que premia es analizar el tema desde la memoria histórica. Esa de la que se adolece tanto en este territorio. Pero de ese tema ya hablaré otro día…

 

Sobre el hiyab hay más de prejuicio que de realidad

El ‘hiyabitis’, o la manera en cómo se priva a las musulmanas de agenda propia, tiene más de prejuicio que otra cosa. Al final, cuando algunas personas se lanzan a ponerse una prenda en la cabeza comprueban que no se le absorbe el cerebro, ni transmutan a un cuerpo sin cabeza, irracional y sumiso a la voluntad del musulmacho. Que sí, que en Irán se impone por ley, igual que en Francia se prohibe por ley… No nos pongamos tiquis-miquis, no vaya a ser que esto se convierta en una competición de opresiones y perdamos de vista lo verdaderamente importante. Nuestra libertad para decidir y elegir.

Son muchos los esfuerzos que se han venido realizando para desmontar estereotipos. Estamos en constante actitud defensiva de los ataques externos que usan el pretexto de la (supuesta) falta de garantías en otros espacios para justificar la negación de derechos aquí. Quedamos reducidas al rol de víctima. Dibujadas en una caricatura violenta, la que nos priva de voluntad propia… Como si todo lo hiciésemos obligadas. Como si todas fuésemos una. Esa alteridad acotada a la mirada singular, que no es más que prejuicio. Esto nos deshumaniza.

 

No confundamos la velocidad con el tocino

Y en este proceso de deshumanización e ideas preconcebidas se lleva la palmada en la cara la constante confusión de términos y prendas. Hiyab, niqab y burka suelen ser usados indistintamente, como si fueran sinónimos. Ahora va a resultar que la realidad de las musulmanas queda circunscrita a los «países islámicos» -aunque la mayoría de estos sean estados laicos-… Incluso se llegan a ilustrar algunas prendas con infografías situadas en mapas -de los «países islámicos»-. Estas imágenes no hay por dónde pillarlas, dígase de paso.

También existe la tendencia a sobreentender la imposición del hiyab con total naturalidad. El hiyab, en singular, abarcando a más de medio centenar de países y a millones de mujeres con las distintas formas para cubrir su cabello. Otra vez se vuelve a reducir la pluralidad en la estrategia de «todas son una», todas las prendas son iguales. Incluso se llega a ignorar las voces de aquellas mujeres que expresan su derecho a decidir, o lo que es mas grave, considerar que las musulmanas no tienen capacidad para tomar decisiones por si misma. Y vuelta a deshumanizar.

Parece, entonces, que en esto de salvar a las musulmanas se aplica el lema del periodismo: «Si un perro muerde a un hombre, no es noticia, pero si un hombre muerde a un perro, eso sí que es noticia». La excepción a base de tanto repetir se termina convirtiendo en norma. Igual por eso se sigue pensando que «cuando yo me voy a vuestros países me tengo que tapar». Y yo me pregunto, si la cuestión está en que las musulmanas usan prendas represivas, por qué no se cuestiona que usen también tacones, consagrados por el feminismo secular como el «burka de Occidente»…

 

Por el derecho a tener voz propia

Hablando de burkas… No se puede negar que tras esta prenda afgana hay, hoy en día, todo un discurso político que tiende a sujetar a las mujeres. Por un lado, está el extremo que la impone. Por el otro lado está el extremo opuesto, el que obliga a quitarlo como la única forma de demostración de liberación. Y en medio, como el jueves, las musulmanas, el chivo expiatorio sobre el que ejercer control y dirigir su proceso de liberación.

Me viene a la mente el proyecto ‘Alas Azules’ que la artista Mahnaz Rezaie ha hecho al respecto. Nacida en Irán, de padres afganos que huyeron de la ocupación soviética se crió alejada de cualquier noción del burka. Su primer contacto con él fue a su retorno a Afganistán, cuando recién aterrizada observaba cómo aquella prenda bordada a mano era un bien accesible para las mujeres casadas y familias adineradas. Después llegó el régimen talibán y la imposición, dándole otro significado. Hasta ha llegado a ser la justificación de la incursión militar internacional para proteger a las mujeres… #JaJaJa #MePartoYMeMondo.

A través de este trabajo, Mahnaz nos sumerge en un océano de imágenes inspiradas en poemas de mujeres afganas. Nos lleva a un viaje lleno de colores, con frescura y ganas de darle el protagonismo a ellas, las mujeres. Para que cuenten en primera persona qué piensan, qué sienten, qué desean… Porque tienen derecho a tener voz propia y reclamar el fin de la ocupación de sus cuerpos y sus territorios.

About Laure R. Quiroga

8 thoughts on “Más vale hiyab en mano que ciento volando

  1. Hola, yo, que me considero feminista, y vivo en un entorno maravillosamente multicultural, tengo dudas existenciales sobre este tema. Por supuesto no puedo ni quiero decirle a ninguna mujer lo que debe o no debe llevar puesto, ya se trate de un hiyab, o de unos tacones, pero pienso que también es cierto que hay ciertos elementos que son simbólicos. Y el hiyab, así como el velo de las monjas católicas, y como las pelucas de las mujeres de religión judía (y que en ninguno de los tres casos deben llevar los hombres de esas religiones), simbolizan la diferencia entre sexos, además dándole una connotación de inferioridad a la mujer (en la Biblia se puede leer que debajo de Dios está Jesús, debajo de él, el hombre, y debajo del hombre, la mujer). Teniendo esto en cuenta, ¿se puede creer y buscar la igualdad entre sexos mientras se usa simbología sexista? Es una duda inocente, y no pretendo ofender a nadie, más bien aprender de otros puntos de vista y formar mi opinión. Gracias de antemano.

    1. Me parece una aportación muy interesante Mía. Si te parece se puede ir tocando el tema para futuros artículos. Gracias por tu participación.

    2. Para mí no es incompatible mantener la lucha feminista con utilizar simbología sexista. En occidente, la depilación, los tacones, el maquillaje o los sujetadores son claros símbolos sexistas, destinados a nosotras (algunos hombres hacen uso de ellos, pero no es para quién iban dirigidos, que ellos ya son perfectos tal y como están, somos nostras las que estamos rotas y por eso tenemos que “arreglarnos”). Y puede haber diversos motivos por los que una mujer feminista, aún siendo consciente de ello, elija llevarlos, bien porque en parte se siente más atractiva y segura con ellos, bien porque no se sienta preparada para la presión social que puede suponer no hacerlo, bien porque han pasado a ser parte de la etiqueta de vestimenta para determinados eventos, o porque le salga de sus genitales y no tenga que da explicaciones por ello, que también es muy válido. Yo soy incapaz de no depilarme para ponerme pantalones cortos o ropa de baño, o me veo genial cuando me maquillo y llevo tacones, y no me siento menos feminista cuando lo hago. Esa es mi humilde opinión sobre el tema. Un abrazo.

      1. Cuidado porque al final caemos siempre en el discurso de vincular a las musulmanas con lo exterior. Se puede ser musulmana y occiental, musulmana y depilarse, musulmana y llevar tacones, musulmana y maquillarse o llevar sujetadores. De hecho, seguir la moda ‘Fashion Hijab’ ya es una muestra de toda esa simbología sexista presente en todo el mundo.

  2. “Que no haya hiyab en las escuelas” proclaman. Pero las monjas dan clase con sus cabezas tapadas… Claro, ellas lo hacen por la religión buena en occidente, no por la de esos terroristas y machistas fanáticos.
    Dicho esto voy a pasear una figura de madera de la Virgen de “vetetuasaber” mientras con una mano me rasgo las vestiduras y con la otra pego a mi mujer.
    Nótese la ironía.

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