Maternidades precarias. Maternidades robadas

Maternidades precarias
Imagen de la fotógrafa bahreiní Waheeda Malullah

 

Las mujeres que venimos de familias humildes no tenemos grandes pretensiones materiales. Nunca las hemos tenido porque no podíamos permitírnoslo. Pero hemos seguido siendo felices sin anhelar ciertas cosas. Eso sí, sabemos disfrutar de los pequeños detalles gratuitos/asequibles que nos son permitidos.

Aquellas que hemos decidido ser madres, seguimos con esta filosofía, incluso durante la maternidad. No queremos comprar todo nuevo para nuestro bebé, ni queremos gastarnos un dineral en un carrito último modelo, por ejemplo. Sabemos que no necesitarán eso cuando nazcan, y que lo que requieren es nuestro amor, nuestra atención y pasar el mayor tiempo posible juntos.

Sin embargo, lo que nos hace madres precarias es esa delgada línea que existe entre un trabajo que te esclaviza por 900 euros y la nada. O sea, 0 euros al mes.

La maternidad puede llegar a ser una tortura cuando eres un mujer pobre, trabajadora, y cuando tu vida se resume en un cúmulo de días, al cual más asfixiante, por la precariedad que experimentas.

El día a día es una preocupación que nunca acaba, y que por lo tanto, te impide concentrarte en el milagro que está sucediendo en tu cuerpo.

 

Jefe, no me robes la maternidad

Ese temible “Si no te conviene, ya sabes donde está la puerta”, sabiendo que eso no es una opción para ti.

Ahora no, por favor;

       Jefe, no juegues con el amor y la ilusión de quien trae un hijo al mundo para apretar más la soga que me tienes puesta en el cuello, y que apenas me deja respirar.

       Jefe, ahora no, por favor. No me chantajees sabiendo que tengo los labios cosidos, y que no voy a reclamarte las millones de horas extras que no me pagas.

       Jefe, no juegues con el sacrificio que estoy dispuesta a hacer por mi hija/o.

Grandes y pequeños empresarios: No convirtáis aquello que debería ser la etapa más bonita de mi vida, el sentir como mi hijo/a crece dentro de mi, en un arma para robarme más derechos.

Ojalá todos esos jefes que se aprovechan de la venida al mundo de un nuevo ser para convertir nuestras maternidades en una tortura, recapaciten y se den cuenta de que utilizar el amor para explotar laboralmente a una persona es la bajeza más grande en la que pueden caer.

A mí ya me han robado la maternidad, y nunca podré recuperarla. Y por desgracia, sé que después de mí habrá más.

About Antonia Reyes

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