Tu vulva eres tú

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Imagen de la fotógrafa Mara Blackflower

 

«Vulva va a la escuela y descubre que ella no existe…

Vulva va a la iglesia y descubre que es obscena…

(…) Vulva aprende a analizar la política preguntando: “¿es esto bueno para Vulva?”»

Carolee Schneemann

TW: Cissexismo

La sexualidad tiene múltiples posibilidades de expresión. Pero una de las primeras por las que tendríamos que pasar es por la revalorización de nuestro propio cuerpo, de nuestra vulva y nuestra vagina.

¡Vulva! ¡Vagina!

Las digo porque, como subrayaba Eve Ensler, creo que no decimos aquello que no vemos, no reconocemos o no recordamos. Al no mencionarlas con naturalidad se convierten en un secreto, y los secretos a menudo crean vergüenza, miedos y mitos. Las digo porque quiero sentirme cómoda algún día diciéndolas, no avergonzada y culpable.

Vagina y vulva conforman un universo cuyos prejuicios brillan en palabras un tanto barriobajeras como coñito, chochito y conejito, ante ese ‘no saber’ cómo hacer que resulte excitante el cuerpo. De ellas se habla entre risas desesperadas, confidencial, en voz baja y muy secretito. A ellas se las cuelgan pancartas con las que luchar por el derecho a su visibilidad.

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Proyecto ‘Hungry Purse’ de la artista canadiense Allyson Mitchell. Busca adentrarse en la habitabilidad en el ser mujer y la narración alternativa del mundo.

Lo que no se ve, se desconoce

Pero la primera invisibilidad es de nosotras hacia nuestro propio cuerpo. Y comienza con una educación en la cual hemos interiorizado no permitirnos ver y tomar contacto con nuestras zonas erógenas. En ellas se expresan, así, las opresiones, las resistencias y las potencialidades para el ejercicio de la libertad: han sido espacios vedados, que parecían tener un sentido utilitario sólo para los demás (de masturbación ajena, de disfrute para la validación del otro, o para dar a luz) y hemos anestesiado y encerrado sus voces en el sótano de la vergüenza y el castigo.

Aquello que no se ve, se desconoce. El desconocimiento de éstas, de sus formas y su funcionamiento (que no su funcionalidad) puede que genere dificultades a la hora de darte cuenta de que eres lesbiana. O tal vez te surjan barreras cuando quieras mantener relaciones plenas con otra chica. Dos mujeres invisibles para sí mismas son dos mujeres que difícilmente conectarán con el cuerpo de su compañera sexual. Conocer tu vulva y tu vagina puede por sí mismo romper muchos tabúes e imágenes fantasmagóricas sobre cómo sea el sexo con otra chica.

No me refiero a un conocimiento académico (estos son los puntos más importantes y estas las fases de su respuesta sexual; tienes A, B, C para abrir el enigma): sino a una comprensión sensorial a través de la piel. Una  experiencia cálida y fluida.

Abrirse al contacto

Me gustaría que comenzáramos a trabajar la relación con nosotres mismes. Respirar profundamente.

Focalizar nuestra atención en esas zonas erógenas que tanto se han dejado de lado con la tendencia a la desgenitalización. Nuestra vulva y nuestra vagina.

Toma contacto con ellas. Y sé honrada con cuál es la relación que mantenéis en vuestros día a día a nivel sensitivo.

Tomar contacto con la propia piel. Permite que afloren sensaciones que no conocías. (Tal vez no te hayas fusionado con placer entregándote a ti misma, soltando el control). No tomar contacto es cerrarse al conocimiento. No saber cómo funciona y cómo se siente, y pensar que puede ser un lugar hostil o sucio, da a lugar a que las sensaciones que nos generen las tomemos como extrañas.

Respira profundamente sintiéndolas latir.

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El tiempo, el mimo y la dedicación hacia ellas en clave erótica (y no bajo una mirada clínica) son un claro reflejo de nuestra relación real con nosotras mismas. Y de la actitud hacia nuestro cuerpo. (¿Es una actitud amable, o lo sometemos para que se hunda en sus propias corazas?). Caer en pretextos para no disfrutarnos y perderse entre artículos puede resultar tan fascinante como alienante. Leo tanto sobre mi vulva y su represión social, invierto tanto tiempo en darla voz a través de redes sociales… ¡Incluso le compro juguetes (que se terminan quedando olvidados en algún cajón golfo) o tengo una formación relacionada con ellas! Que el contacto con tacto se tiende a dejar para otro día. Un día en el que te des cuenta de que no le has prestado atención a través de una enfermedad, por ejemplo.

Tal vez hayas aprendido a obviar el mapa y esconderlo porque de tu país y su clima no se hablaba en el entorno en el que crecías. (Tus sensaciones no aparecían en presencia de chicos, por ejemplo). Ha sido por ello que se ha adormecido la guía que te muestra de forma instintiva cómo explorar el universo de tu cuerpo.

En el siguiente artículo te daré un ejercicio para conectar con él. Hoy creo que es importante que sepas cómo has llegado a una determinada situación. Ya que la comprensión es el primer paso para la aceptación. Sólo aceptando puedes recuperarte. Conectarte. Volver a tu vagina. Volver a tu vulva.

¿Por qué es difícil el contacto con mi vulva y mi vagina?

Fina Sanz describe de forma clara las razones que explican fácil y dramáticamente cómo desarrollar la genitalidad desde la infancia no es tarea fácil:

Represión

Durante el proceso evolutivo a las mujeres se nos ha reprimido el encuentro con nuestros genitales (vulva y vagina), y se refuerza ese no-contacto con valoraciones positivas de nuestro rol de mujer: la feminidad entendida como no-deseo sexual y desarrollo de otras áreas más sutiles de la personalidad. Esto se refleja en ese poco desarrollo de la genitalidad, o en el autoconvencimiento de que tocarse y disfrutarse son «esas cosas propias de la necesidad masculina» tal y como se nos decía de pequeñas.

Genitales internos

Parte de los genitales femeninos se encuentran en el interior del cuerpo, lo cual se supone que no se pueden ver o tocar con facilidad. Y, en tanto que no los vemos, no apreciamos su cambio físico ante aquello que nos estimula; además, ante una educación invisibilizante de nuestro deseo o represiva con el mismo y con nuestras sensaciones, es más complicado que hayamos aprendido a obviarlos, o bien a relacionarlos con una fusión amorosa. El deseo y la excitación en el cuerpo de la mujer han sido estigmatizados culturalmente, y, en el caso del deseo lésbico, los aprendizajes tienden a enseñarnos bien que son motivo de rechazo bien que son alicientes para la estimulación de un hombre.

Nuestro cuerpo no nos pertenece

Las mujeres hemos interiorizado inconscientemente que la relación con la genitalidad es una relación de poder con el varón. Y, aunque nos gusten las mujeres, el modelo de relación que hemos aprendido continúa siendo jerarquizante: sumisión y dominación. Y el sexo como algo a lo que someterse, no mediante lo que conectarse.

Hemos escuchado a lo largo de nuestra infancia y adolescencia frases que dan a entender que tienes que estar a la defensiva de la persona que te gusta; querer mantener relaciones genitales es «dejar que se aprovechen de ti», y «hacerte valer» ocultando tu deseo y tus ganas de sexo salvaje,…. ¿Un ejemplo más claro? Nos ha llevado a tachar de guarras a las chicas que quieren disfrutar de sus cuerpos en clave golfa, en los perfiles de chats estilo Wapa (ex Brenda). Nuestra mala relación con nuestros genitales ha llevado a que tenga dificultades sexuales con la pareja sexual: una no quiere someter a la otra chica a “eso tan sucio y superficial” que es el sexo, o dar a entender que ella es tan “banal y cosificadora”.

Amar y desear tu cuerpo

Es difícil amar y desear aquello que no se conoce y no se quiere conocer, aquello que no se ha explorado de forma sentida, a lo que se teme, a aquello de lo que una se avergüenza. También lo es disfrutar si no hay una escucha plena y consciente de lo que se desea. Es difícil querer gozar en un país que se considera que es hostil y está en guerra.

Así que ábrete a cada instante a una conexión desde la ternura y el goce de tu segundo corazón. Percibe las sensaciones de tu cuerpo: conecta y siente cómo se expanden con intensidad. Sonríe…

…y, más tarde, cuando quieras reconectarte, cierra los ojos, retoma la sonrisa…

Siempre estará allí; sólo tienes que ser consciente de ella.

Bibliografía:

– “El don de Safo. El libro de la Sexualidad lésbica”, Pat Califia

– “Psicoerotismo femenino y masculino”, Fina Sanz

– “Monólogos de la vagina”, Eve Ensler

– “Yo amo mi vulva”, Silvia Maza, Dina Cedano y Liz Cabrel

– “40 tarjetas para el entrenamiento Mindfulness”, EEDT

 

* El  artículo original se publicó originalmente en Erotopía

About Mafalda Martínez

Educación sexual, autocoñocimiento y buenos tratos.

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