16 años. Primera y tóxica relación

Tengo 16 años y hace unos meses empecé a salir con un chico, mi primer novio. Qué bonito es el primer amor, la primera relación tóxica. Yo creía que no tenia nada malo en que él me dijese “te vas de viaje y me abandonas, ya no me quieres”. Veía esos comentarios como una muestra de cariño, él me echaba de menos y se sentía abandonado el pobre. Luego, cuando él se iba de viaje llegaba el comentario “si me echas de menos no haberte ido tu antes, así podríamos haber amortizado este tiempo”. La culpa siempre era mía, y yo lo veía bien, para mi eso era que él me quería.

Si el feminismo ya no fuera necesario… Respondiendo comentarios machistas #1

el maltrato psicológico sea un arma que se pueda utilizar en otros ámbitos y de otras maneras no puede impedirnos denunciar y, por supuesto, priorizar esta lacra que es la violencia machista que, tal y como expone la ONU, es “un problema de salud global” que alcanza ya “proporciones epidémicas”. Por otro lado, esa violencia psicológica se desarrolla en gran parte a partir del concepto de amor romántico que nos inculcan desde pequeñas.

No quiero

Ella tiene la culpa por aceptar. Que podría haber seguido diciendo que no. Porque claro, ni se piensa que ella puede tener miedo a que él se harte de ella, a que él la haga daño, o que ella puede ser que ni sea consciente de ese miedo, y sólo se sienta mal al hacerlo y no entienda por qué. Se nos enseña a nosotras a protegernos y que si no lo hacemos somos unas zorras en lugar de enseñarle a ellos a dejarnos en paz si decimos que no.

Que te vaya bien

Para todas esas mujeres que superaron a quien las destrozó, que lograron ser felices después de querer que se las tragara la tierra. Y a todas aquellas que todavía no lo superaron, que todavía lloran a escondidas por alguien que no merece la pena. Por alguien que les hace daño, que las trata como no merecen ser tratadas.

El matrimonio subversivo

Podríamos ver el matrimonio simplemente como un contrato de unión entre dos personas, pero a esta idea suele ir ligada la concepción de la familia en su sentido más tradicional y/o religioso: hegemonía de la heterosexualidad, jerarquización por sexo, reproducción como objetivo principal de la pareja, división sexual del trabajo… Cuando la institución del matrimonio nos suena a todo esto, es normal que haya personas a quienes nos den ganas de salir corriendo sólo de pensarlo. Por su puesto, tenemos la más que respetable opción de rechazarlo y no hacer uso jamás de este contrato pero, ¿y si apostamos por resignificarlo?