La televisión y los medios de comunicación me hacen sentir fea y vieja

Recibo cientos de mensajes al día de mujeres hiper-estetificadas que me dicen que han encontrado una solución a los problemas de mi piel. No me había dado cuenta de todos esos problemas y ellas ya tienen la solución. Resulta que también estoy gorda y tengo el pelo encrespado y seco, sin brillo. Si fuese mamá, probablemente sería una mala madre, si no hiciese todo lo posible por comprar lo mejor para mi bebé. Para los hombres también tienen muchas perlas, pero no me doy mucha cuenta de cuáles, porque algo en mí desconecta cuando un anuncio va dirigido ellos. No están hablando conmigo. Como mucho me puedo identificar con esa cara bonita que le abraza por detrás cuando se afeita bien.

Nuestra niñez patriarcal

Cómo la educación patriarcal nos hace creer desde pequeñas que lo único importante es encontrar a un hombre que nos quiera. Hace unos días encontré el diario que escribí a los 12 años. Absolutamente todo lo que escribía giraba entorno al sexo masculino, todo eso acompañado de algunos comentarios, obviamente negativos y denigrantes sobre mi físico.

Educación

El derecho al aborto en América Latina

Miles de mujeres tienen que arriesgar su vida para interrumpir un embarazo, usando elementos tan sórdidos como una aguja de ganchillo, una varilla de paraguas, el ácido de batería o pedazos de madera o antiparasitarios, todos ellos insertados por la vagina lo cual provoca graves lesiones, cortes y hemorragias. Sus posibilidades son: o bien morir desangradas o por una infección, o bien pasar medio siglo entre rejas falsamente acusadas de homicidio agravado . La última opción es suicidarse, la principal causa de muerte entre adolescentes, la mayoría embarazadas.

Simone de Beauvoir y Susana Thénon responden a Eduardo Galeano

En cada acto sobre violencia de género al que asistí siempre había un hombre que leía este texto de Eduardo Galeano: “Hay criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo.”

Cuatro cosas que hacen los hombres en el fondo cuando “juegan al abogado del diablo” con las feministas

Después de que me hiciesen algunas preguntas generales que me enfrentaban una y otra vez al tópico de que el acoso callejero es “sólo un cumplido”, el anfitrión llamó a la participación de otras mujeres tatuadas que quisieran discutir sus experiencias con los diseños artísticos de su cuerpo y el acoso. No me sorprendió mucho que la primera llamada contestada fuese la de un tío.

Un putón sobresaliente

A, una prometedora y talentosa estudiante de Derecho. Pero al parecer, A también era un auténtico pendón. Una juerguista ligera de cascos. Si la madre lo supiera, no presumiría tanto de ella. El nombre de A no salía en ninguna conversación sin que nadie comentara sus excesos. Sí, sí, muy lista la niña, pero anda que no es putón.

No quiero

Ella tiene la culpa por aceptar. Que podría haber seguido diciendo que no. Porque claro, ni se piensa que ella puede tener miedo a que él se harte de ella, a que él la haga daño, o que ella puede ser que ni sea consciente de ese miedo, y sólo se sienta mal al hacerlo y no entienda por qué. Se nos enseña a nosotras a protegernos y que si no lo hacemos somos unas zorras en lugar de enseñarle a ellos a dejarnos en paz si decimos que no.

Hagamos el humor

Un chiste en un bar o un monólogo en televisión reflejan discursos estereotipados de cómo nos comportamos. El reconocimiento de nuestro grupo en estas bromas conducirán a la simpatía con el/la cómico/a. Si éste/a hace una broma y el público responde con carcajadas, esto llevará primeramente a la aprobación y simpatía de sus palabras y, a su vez, reforzará su discurso

Ni una menos

Y todavía nos preguntan qué por qué estamos tan furiosas. Nos dicen que somos unas exageradas. Todavía hay quien se ríe del asunto del pegamento, esos no tienen jodida vergüenza. Los que son conscientes de la problemática de las violencias machistas en el mundo entero todavía cuestionan nuestras formas. Nos siguen diciendo que están de acuerdo con la lucha feminista pero se escudan en que el fin no justifica los medios. Nos dicen que debemos ser más racionales, y no poner los sentimientos de por medio. Como si ninguna de nosotras supiera lo que es volver a casa de noche, teniendo miedo de ir sola. Como si ninguna de nosotras hubiera sufrido acoso callejero. Todavía nos dicen que no metamos los sentimientos en este asunto. Nos dicen que no tenemos que enfadarnos, con estas cifras. Nos siguen diciendo que nos calmemos, que no seamos tan radicales.