Nuestra niñez patriarcal

Cómo la educación patriarcal nos hace creer desde pequeñas que lo único importante es encontrar a un hombre que nos quiera. Hace unos días encontré el diario que escribí a los 12 años. Absolutamente todo lo que escribía giraba entorno al sexo masculino, todo eso acompañado de algunos comentarios, obviamente negativos y denigrantes sobre mi físico.

Un putón sobresaliente

A, una prometedora y talentosa estudiante de Derecho. Pero al parecer, A también era un auténtico pendón. Una juerguista ligera de cascos. Si la madre lo supiera, no presumiría tanto de ella. El nombre de A no salía en ninguna conversación sin que nadie comentara sus excesos. Sí, sí, muy lista la niña, pero anda que no es putón.

Saliva y género. El lenguaje condiciona nuestra mirada

Me preocupa el poco valor que se le dan a las palabras, al gran poder que tiene el lenguaje para representar la sociedad en la que vivimos y condicionar cómo pensamos, y que a éste hecho no se le de importancia. Desde que George Lakoff definió la importancia de los marcos mentales en ciencia cognitiva para condicionar el razonamiento analítico, no entiendo el empecinamiento en seguir repitiendo que el lenguaje es algo aséptico. Cuando la información que recibimos (los datos) no se conforman a los marcos inscritos en nuestro cerebro, nos quedamos con los marcos e ignoramos los hechos. Y, sin embargo, nos siguen bombardeando con que el lenguaje no nos condiciona, que no es más que una herramienta de comunicación socialmente neutra.