Cultura De La Violación

Crónica de una violación frenada

Acurrucada entre los “eso no me va a pasar a mí”, arropada con los “mientras tenga cuidado, no pasará nada”, cómoda con todos los “vivo en una zona que no es peligrosa”, que yo misma me repito. Somos capaces de encontrar siempre un parche que tape el agujero que dejan las tres violaciones diarias en España, una cada ocho horas (según los datos facilitados por el Ministerio del Interior). No tendré yo la mala suerte de que me ocurra a mí. Son casos aislados. Yo siempre tengo cuidado, mi madre y mi tía son unas histéricas cuando me dicen que, por mucha vuelta que tenga que dar, siempre pase cerca de la comisaría de la esquina cuando vuelva a casa tarde.

Tu amiga te cuenta que ha sido violada, ¿y ahora qué?

Hay muchas formas de llevar una violación; cada una de nosotras ha ordenado sus emociones tras el suceso como ha podido o como le han ayudado, y ello provoca que cada cual lo afronte de una forma distinta. Puede que esté hablando de su violación con total naturalidad o puede que cada vez que saque el tema esté haciendo un esfuerzo por superarse, y en este caso, aquí van mis pequeños consejos:

Cultura De La Violación

Del acoso callejero a la violación. Sólo nos queda luchar

La policía me despertó horas más tarde en el parking del local. Que cómo te llamas, que qué te ha pasado. De ahí al ambulatorio más cercano. Después, al hospital de la ciudad. Marcas de sujeción en los brazos. El labio inferior reventado por un puñetazo certero para hacerme callar. Anestésico para caballos en mis venas y una hemorragia de dolor incesante que me impidió sentarme con tranquilidad en las sillas de la facultad durante los muchos días que duró el calvario de remontar una violación.

Ni una menos

Y todavía nos preguntan qué por qué estamos tan furiosas. Nos dicen que somos unas exageradas. Todavía hay quien se ríe del asunto del pegamento, esos no tienen jodida vergüenza. Los que son conscientes de la problemática de las violencias machistas en el mundo entero todavía cuestionan nuestras formas. Nos siguen diciendo que están de acuerdo con la lucha feminista pero se escudan en que el fin no justifica los medios. Nos dicen que debemos ser más racionales, y no poner los sentimientos de por medio. Como si ninguna de nosotras supiera lo que es volver a casa de noche, teniendo miedo de ir sola. Como si ninguna de nosotras hubiera sufrido acoso callejero. Todavía nos dicen que no metamos los sentimientos en este asunto. Nos dicen que no tenemos que enfadarnos, con estas cifras. Nos siguen diciendo que nos calmemos, que no seamos tan radicales.