Tras la impotencia llega la rabia

Yo estaba en esa parada de autobús, en ese portal en Pamplona, estaba en un callejón oscuro, y en la habitación donde abusaron de una cría de catorce años. Yo estaba cuando mataron a la madre de dos niños de un tiro, porque un exmarido con ansias de poder pensó que si no podía ser suya tampoco sería de otro hombre. Yo estaba y me arrancaría los ojos si así no recordase las cosas que las mujeres hemos visto.

Yo creí que estaba loca

Empecé a creer que estaba loca, porque él decía que había gente que pensaba eso de mí, que él lo sabía. Empecé a creer que estaba loca, porque había elegido amigos que “me habían llevado por mal camino”. Empecé a creer que estaba loca, porque cada vez que él me lastimaba insultándome, elegía la autolesión para demostrarle lo mucho que me estaba haciendo daño. Empecé a creer que estaba loca, cuando empecé a contemplar el suicidio como forma de escapar al dolor.

Si el feminismo ya no fuera necesario… Respondiendo comentarios machistas #1

el maltrato psicológico sea un arma que se pueda utilizar en otros ámbitos y de otras maneras no puede impedirnos denunciar y, por supuesto, priorizar esta lacra que es la violencia machista que, tal y como expone la ONU, es “un problema de salud global” que alcanza ya “proporciones epidémicas”. Por otro lado, esa violencia psicológica se desarrolla en gran parte a partir del concepto de amor romántico que nos inculcan desde pequeñas.

Simone de Beauvoir y Susana Thénon responden a Eduardo Galeano

En cada acto sobre violencia de género al que asistí siempre había un hombre que leía este texto de Eduardo Galeano: “Hay criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo.”

Rompiendo los hilos invisibles del maltrato

Cuando creces en un entorno basado en el maltrato es difícil salir de él. Se asemeja a una jaula de cristal en la que vives encerrada sin saber realmente que no puedes escapar de ella. ¿Cómo liberarse de unas ataduras que para tus ojos pasan desapercibidas? Ese fue mi caso. Sí, mi padre es un maltratador, y abrí los ojos recién cumplidos los quince tras sufrirlo, tanto mi madre como yo, durante toda mi vida.

El minuto de silencio

Soy concejal. Y cada día me siento más y más culpable de la inútil forma que tenemos los políticos de mostrar nuestro rechazo a cualquier tipo de violencia machista. No es suficiente. No es la solución. Ni siquiera ayuda un poco. Durante el terrible minuto, se me van y se me vienen los colores, me siento rabiosa, impotente, se me forma un nudo en la garganta, me da hasta vergüenza, propia y ajena

La historia de mi (no) vida

Cuando tenía 15 años empecé a salir con un chico de 18. Al principio la relación era sana, nos estábamos conociendo, pero poco a poco aparecieron detalles que, aunque no me gustaran, los pasaba por alto porque como era mi primera relación, pensaba que lo normal era eso. Él empezó con lo típico: “les caigo mal a tus amigos”, “no te pongas esa ropa si no es para estar conmigo”, “no te maquilles para salir”. También me cogió el móvil y bloqueó a todos los chicos para que no hablara con ellos. Luego eso desapareció. Y eso fue porque desapareció eso de salir con los amigos y desapareció eso de salir si no era para ir a su casa. Sí, me pasaba el día encerrada en su casa.

La punta del iceberg

Excusas baratas, excusas que sirven para intentar ocultar o más bien excusar nuestros propios errores. En una sociedad como la actual es imposible estar limpio de actitudes misóginas que nos llevan inoculando desde que nacimos. Después de todo, ¿Quién no ha hecho nunca alguna broma sobre emborrachar a una chica para tener sexo con ella? ¿Quien nunca ha hablado sobre que las niñas no se respetan? ¿Quien no se ha reído de una niña por no depilarse? ¿Quién no ha llamado puta a una chica en su vida? y por último: ¿Quien nunca se ha escudado tras el típico “es una broma, no te pongas así, no seas histérica”?

Apaleada pero agradecida

Después de la paliza que me dio mi ex pareja y que puso fin a varios años de maltrato, paliza por la que aún estoy a la espera de juicio, es el momento de dar las gracias a ciertas personas. Soy muy optimista y he decidido quedarme con lo bueno. En primer lugar, GRACIAS a esos dos ángeles que, sin conocerme de nada en ese momento, vinieron en mi ayuda y consiguieron reducirle. Gracias por salvarme la vida. No sé que habría sido de mí sin vosotros. Gracias por acudir como testigos a la vista preliminar. Gracias por restarle importancia a lo que hicisteis, aunque un pajarito me ha contado que tuvisteis pesadillas varias noches recordando lo ocurrido. Gracias, gracias y mil veces gracias.