La magia de Asturias

Crucé los Picos de Europa y perdí el aliento. Hasta allí, el sol nos había acompañado, pero del túnel salí a un cielo encapotado.  A montañas gigantescas que temía despertar si hablaba demasiado alto. A verde, un verde intenso, verde vida, verde fiero; y a roca. Yo, que siempre he preferido climas cálidos y soleados, sentí una punzada de melancolía por la tierra que no es mía. Cogí aire, fascinada, como una niña sorprendida. Bosques apretados, imposibles de atravesar, crecían en paredes verticales, llenando mi visión de tierra y hojas. El cielo quedaba arriba, muy arriba, tapado por esas nubes tormentosas que ya no se irían. Había una carretera, triste y sola, único testigo de que el ser humano, por alguna estúpida razón, existe.

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Las montañas inmensas pasaban a nuestro lado mientras el coche avanzaba, lentas, con pereza, cubriéndose unas a otras, superponiéndose. Y, aquí y allá, juntitos como rebaños para darse calor, algunos puntos de colores vivos señalaban casas aisladas, probablemente colgadas de las rocas para no caer, mirando el paisaje y la altura hasta el valle con aparente indiferencia. Pequeñas poblaciones, de no más de veinte casas.

Claro, pintan las casas de colores vibrantes para aportar color al clima lluvioso. Para ser distinguibles, tal vez un refugio – Pensé para mí, vislumbrando por primera vez lo que sería vivir en… – Calla imbécil, y mira. – Mis segundos pensamientos. Un encanto.

Señalaba al bosque. Los troncos tan juntos serían difíciles de atravesar, y, entre esas pequeñas poblaciones, poder comunicarse habría sido vital… Y entonces, comprendí: Las Brujas.

Podía imaginar perfectamente a una mujer, muy abrigada, recorriendo a toda prisa aquel valle, porque al otro lado hay un parto difícil, y ella es la mejor partera. Podía verla conociendo el camino, cada roca, cada bache, y avanzando sin mirar. Poderosa. Cuidadora. Podía imaginarla, días más tarde, reuniéndose con otra mujer de otra aldea (o varias) para contarles lo que había pasado, lo que había aprendido, para no perder el conocimiento con ella, para evolucionar juntas.

Podía imaginar perfectamente a las brujas que pintó Pratchett en su Mundodisco, nacidas en la roca, más irónicas que místicas, siendo la única red de apoyo de cuidados entre varias aldeas, haciendo rondas y aprendiendo unas de otras. Acumulando sabiduría. Magia. Mujeres reunidas en las cocinas, intercambiando hierbas e historias. Mujeres que huelen a tierra y a sangre, a guisos. Mujeres sencillas moviendo el mundo, ocupando ese espacio reservado para ellas, llenándolo, conviertiéndolo en toda una disciplina.

Me imaginaba a Yaya Ceravieja riéndose de mí por pensar en estas estupideces.

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Bueno, a lo mejor reirse no

Las brujas siguen allí. En los bosques se adivinan, pero en las ciudades… dejan señales. El movimiento social ovetense se respira al andar por la calle, como un latido casi imaginario. Allí, las pintadas no son takeos, las pintadas dicen “mujer, no estás sola”. Dicen “Patriarcado Asesino”. Exigen recordar a las asesinadas por el machismo. Encontré, por otro lado, una pintada que rezaba: “antibrujería”, perdida en un parque mirador, cerca de Candás. Y me enorgullecí.

Me enamoré. Llamadme romántica. Llamadme bruja.

Llamadme Loca del Coño.

Este texto lo escribí hace un mes. Hoy, Asturias arde. Arde con el odio de quien quiere comprarla y venderla. De quien quiere usarla para enriquecerse. Nuestros bosques arden, porque hay quien quiere que dejen de ser bosques, y pasen a ser dinero, aprovechando la Ley de Montes. Con los bosques arden la magia y la fuerza de la tierra. Arden las brujas. Como siempre. Arden los pequeños pueblos en valles escondidos, los árboles centenarios, doblados y arrugados. Los animales que encontraron en ellos su refugio. Arden los recuerdos de que hubo un tiempo en el que nosotras también escuchábamos a la Luna y al Mar.

Hoy, Asturias me duele dentro, y me falta fuera, en las noticias. De nuevo, quiebran la tierra para repartirse los trozos. De nuevo, el dinero y el poder importan más que la vida. Como siempre.

Pero Asturias recuerda. Asturias sabe que hubo un tiempo en el que no era el dinero, sino la vida. Asturias no perdona, como no perdono yo. Encontraremos a los culpables.

Que ardan.

About Ro de la Torre

Aparejadora, actriz de teatro amateur, por lo visto ahora tengo un blog. No me resisto a nada que implique buena compañía y cervezas. La protesta pacífica no es mi rollo, soy más de tocar puntos sensibles. Me implico. Mucho. En todo.

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