Lesbofobia: Delitos de Odio

Ilustración de Nuria Albelda Hernández
Ilustración de Nuria Albelda Hernández

Hace unos meses se hizo público un informe del Ministerio del Interior en el que se alerta del incremento de los crímenes de odio (PDF), en concreto un 9,6% más en 2014 repecto al año anterior. De los 1.285 casos registrados y tipificados como delitos de odio, el 40% se deben a la orientación sexual de la víctima. El 72% de las víctimas de homofobia son mujeres. El 93% de los agresores eran hombres (de todos los crímenes de odio en conjunto). Pese a que nos siguen repitiendo que la violencia no tiene género, lo cierto es que es los datos desmienten esa afirmación: la violencia y los crímenes de odio son patrimonio casi exclusivo masculino, y 3 de cada 4 víctimas de delitos de homofobia son mujeres.

El 40% de delitos de odio en España son por orientación sexual. Es decir, es el motivo más común.

De estos delitos de odio por orientación sexual e identidad de género, el 72% de las víctimas son mujeres.

Os sorprende que las lesbianas seamos más odiadas que los gays, y sin embargo, ha sido así siempre. Incluso en la Antigua Grecia, las relaciones sexuales entre hombres eran algo bastante normal (dos seres superiores). Las relaciones sexuales entre mujeres no se favorecían así. Las mujeres, por inferiores, necesitaban un hombre.

Esta mentalidad pervive. Relación entre mujeres: amistad platónica o mero sexo (práctica para el de verdad). Sin embargo, parece que la impresión general es que estamos más aceptadas. No es así. Estamos más SEXUALIZADAS. Los hombres heterosexuales nos toleran por interés propio: somos su fantasía, su fetiche, su objetivo. El hombre heterosexual tolera a las lesbianas porque para él son mujeres sin cara, sentimientos ni voluntad en una porno.

Las lesbianas no solo somos sexualizadas, invisibilizando nuestras identidades, realidades, opresión y relaciones. Somos cosificadas, somos objetos sexuales: existimos para la paja del macho, no para nuestro placer mutuo sino para el suyo. Y ese es uno de los principales motores de la lesbofobia: frustración masculina heterosexual ante mujeres fuera de su alcance.

Para ellos, oír “soy lesbiana” no implica el fracaso de una propuesta sino el principio de una negociación. Y así, nos convertimos en blancos ideales para su violencia: su agresión vengativa y su violación correctiva.

El hombre puede tolerar que una mujer ame a otra si eso significa que puede mirar, que puede participar. Sin embargo, en una sociedad patriarcal, androcéntrica y falocéntrica es inconcebible una mujer que ni ame ni desee al hombre. La mujer que no sea heterosexual sufrirá discriminación y agresiones, y las bisexuales además serán las “guarras” hipersexuales. La lesbiana lidia con una discriminación única: la de la mujer que es, por definición, independiente del varón. Porque en un patriarcado heteronormativo duele aceptar que te gustan las mujeres, pero todavía más que no te gustan los hombres.

Las lesbianas sufrimos la amenaza doble del intento sexual del macho que debería ser impensable por nuestra propia condición, y el peligro, amenaza de violencia luego si decimos “no”, por atrevernos a ser mujeres que se dicen “sí” solo entre ellas.

Nuestra identidad se invisibiliza, porque son más visibles los gays, porque su amor es más “de verdad”, nosotras somos “amigas”. Nuestras relaciones se vuelven fetiches: no solo en lo sexual, que se lo apropian, sino en lo romántico, en lo cotidiano. Porque dos novias besándose en la calle son convertidas en algo sexual, algo que espiar con deseo en la mirada y hasta comentar.

Nuestra cultura, nuestras formas de expresión, también nos la quitan. Las lesbianas femeninas, invisibles, codiciadas por ellos. Las lesbianas masculinas, odiadas solo por su aspecto, por atreverse a ser mujeres plenas que toman lo que “es de los hombres”. Y todas invisibles en la calle y en la familia, en la política y en las aulas, en las empresas y en la cultura y en la vida. Borradas del mapa por la norma que rompemos doble… o triplemente (por mujeres, por homosexuales y por mujeres homosexuales).

Y amenazadas de violación “porque para dejar de ser lesbiana lo que te hace falta una buena polla” y todo tipo de agresiones y microagresiones si somos visibles.

About Sol

17 años. Feminismo, salud mental y liberación lésbica. Escribiendo desde el lado lila del arco iris. Sol es autora del blog Pensando en Lila.

2 thoughts on “Lesbofobia: Delitos de Odio

  1. Primera vez que comento en este blog:

    Sinceramente, me parece absolutamente y para la desgracia de muchas de nosotras, absolutamente cierto. Sin embargo mi opción como mujer lesbiana no es invisibilizarme ni tampoco pasar desapercibida. Mi opción es elegir el cómo defenderme (en ocasiones esto puede ser tremendamente difícil como ya sabréis). La dificultad que entraña defenderse del patriarcado es que incluso la Justicia y el Derecho tienen eminentemente un ‘sexo definido’. Ahora bien, no es imposible crearse una ‘espada y un escudo que te defienda de todo tipo de violencia por pequeña que sea’, lo que sí que es cierto es que cuanto más te acercas a la ‘defensa perfecta’ más te alejas de ser socialmente aceptada. Te sueles volver más perceptiva ante segundos y terceros significados de cualquier contexto y todo lo cortas por una regla milimétrica, que es en lo que se está convirtiendo un extremo del Derecho para con los delitos de odio por motivos de sexualidad y también para los tipos delictivos ya preexistentes a otros más recientes…

    No se por donde encauzar todo esto, porque tendría mucho que decir en muy poco tiempo, así que solamente me gustaría animar a todas las mujeres a vivir abiertamente su sexualidad y además a saber que pueden defenderse perfectamente de todo tipo de violencia con plena efectividad, pero también voy a arrojar un jarro de agua fría de realidad… Cuanto más hagáis esto y mejor se os de, menos amistades (en general y de ambos sexos) tendréis, y pensad que esto es absolutamente lógico porque la casi totalidad de hombres y un número importante de mujeres viven sumidos en una gran nube oscura de ignorancia y desconocimiento histórico a lo que le ponemos la etiqueta de ‘patriarcado’. No hay que buscar culpables, hay que comenzar a parar a la gente que sobrepasa ciertos puntos en seco y no será agradable para nadie, pero no es que exista otra opción. Es la única opción.

    En resumen:

    1- Esto sería un paso más a «denuncia» esto significaría algo así como «denuncia y además estudia la mejor estrategia jurídica de forma tal que resulte innegable por ningún juez» (Como digo, es absolutamente posible, pero no agradable).

    2- Cualquier reiteración de la ocurrencia anterior ante un mismo autor siempre obrará en su contra.

    PD: A un arriesgo de que me puedan leer hombres que al igual que yo su campo de estudio sea el Derecho voy a decirles lo siguiente, y lean esto con detenimiento porque presumiré que pueden actuar con la diligencia de un representante leal (en tanto a administradores de sus respectivos negocios como juristas): No he escrito esta entrada para tener que justificarme puesto que para eso existen las vistas judiciales asistidas de todos los elementos esenciales para resolución del litigio (He hecho esta entrada con finalidad informativa y gratuita, no soy maestra de nadie, no imparto clases magistrales de ningún tipo porque no cobro por ello, por tanto si se preguntan por qué aliento o animo a mis compañeras a actuar en la luz de la protección de un derecho en la vía del Derecho Penal y además parece que negara ese carácter fragmentario otorgado al Derecho Penal, simplemente responderé una cosa: Efectivamente, no cabe otra solución y además la realidad jurídica y la práctica fiscal, como saben, se construye sobre resoluciones firmes, no sobre un foro de debate, con lo cual lo que piensen acerca de la efectividad de lo que digo en base incluso a argumentos jurídicos saben que va a cambiar en cuanto el fiscal de turno conozca del caso). En cuanto a mis compañeras: Animar a seguir en esta vía con la finalidad de crear tanto línea jurisprudencial como práctica que aliente a la Justicia a cambiar en sentido de la defensa de Derechos Fundamentales que negligentemente se están ‘perdonando’ tanto por víctimas como por profesionales.

    Una conclusión en un párrafo: «Perdonar no significa que no exista consecuencia o responsabilidad de una persona por una acción cometida, significa que esperas que esa persona no vuelva a cometer ese mismo acto y otorgas parte de tu confianza. Y para perdonar hace falta que el ofensor pida expresamente perdón, puesto no se puede otorgar lo que no se busca».

  2. Me encantó leer tu artículo, Sol. Mientras me lo leía, pensaba «hostias, si eso le pasa a ella por ser muy probablemente española, blanca, occidental y lesbiana, que es lo que le tiene que pasar a una mujer no blanca, inmigrante, no – occidental y encima homo?» De verdad que es muy complicado ser lesbiana en una sociedad patriarcal. Bueno, un saludo y fuerza siempre! No pares de escribir, porfa.

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