Lloré

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Autora: Erika Kuhn

Escuché un grito en el pasillo, un aullido de mujer. “¡VECINAS, SALID!”. Me levanté de un salto, cogí el móvil, las llaves de casa y la manta del sofá. Aún no se por qué la cogí, sentí que podría hacer falta. Al abrir la puerta de mi casa escuché barullo. Pasaba algo. Varias voces se destacaban entre el ruido, gritando: “¿Qué está pasando ahí?” “¡ABRE LA PUERTA!”. Se me aceleró el corazón, completamente alerta. Estaba pasando algo serio. El sonido reverberaba en las escaleras. Venía del piso de arriba. Corrí, llamando a la policía mientras subía las escaleras.

Cuatro vecinas hacían corro frente a una de las puertas. Reconocí a mi vecino del piso de abajo, explicando lo que pasaba a quien llegaba: había escuchado golpes muy fuertes, y, subió a llamar a la puerta por si había pasado algo. Se preocupó porque nadie contestaba, y los ruidos continuaban. La vecina de enfrente se enteró, salió y gritó. Se acercaban más personas por los dos lados del pasillo, la llamada continuaba. Golpeaban la puerta y exigían que se abriera, pero nadie abría, y dentro, la lucha continuaba.

 “¡Hemos llamado a la policía, están a punto de llegar!”

“¡Cabrón, suéltala! ¡No puedes hacer nada, no puedes escapar! ¡DÉJALA SALIR!”

“Si la tocas un pelo  ¡te mato!”

“¡Vecina, no estás sola, estamos aquí! ¡Vecina, si puedes, sal!”

Dejamos de escuchar la voz de ella. Unos niños se asomaron a una de las casas. Detrás de nosotras, tres mujeres se organizaban eficazmente para distintas eventualidades.

“¡Adriana, ADRIANA!” Alguien corría por el pasillo, gritando el nombre de la mujer agredida. Había bajado a leerlo en el buzón, le pareció importante llamarla por su nombre. Y lo era. Sin dejar de gritar, añadimos su nombre a nuestros gritos: “¡ADRIANA, RESPONDE! ¡ESTAMOS AQUÍ, NO ESTÁS SOLA!”

Se abrió la puerta. La mujer que tenía al lado alzó un poco más el rodillo de cocina que llevaba, en frente, una mujer se ponía en posición de ataque. Mi vecino se acercó a la puerta pegando la espalda a la pared, dispuesto a agarrar a quién saliera. Se hizo el silencio, se pararon los corazones durante un instante eterno. No sabíamos quién saldría, ni cómo.

Era ella. Salió agarrándose el cuello, los ojos llorosos, el pelo revuelto, y se lanzó a los brazos de su vecina de enfrente. Vomitó en el pasillo. Le eché la manta por encima, y nos la llevamos a una de las casas cercanas. La policía llegó, y entró en la casa sin hacer preguntas. Estaba viva.

Todo ocurrió muy rápido. En 10 minutos estaba de vuelta en casa, temblando. Bajó la adrenalina y me mareé. Me senté tras la puerta de mi casa. Y lloré. Estaba viva, se habían llevado a su maltratador. Había intentado asfixiarla con las manos. Joder. Lloré, de alivio, de pena, de miedo.

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Título: La Espiral Autora: Leila Amat

Lloré. Lloré de rabia, de impotencia, de dolor. Lloré mucho tiempo, acurrucada en el suelo del pasillo. Lloré porque el aullido que escuché, el que me hizo coger las llaves y correr, era el de la policía aporreando su puerta. Lloré porque escuché a la policía entrar en la casa, y salir inmediatamente. Lloré el “Está muerta”. Lloré la llamada al Summa pidiendo una ambulancia, aunque “había fallecido”. Lloré los silenciosos pasillos, los cerrojos corridos, los vecinos inexistentes. La  ayuda que jamás llegó, que podría haberla salvado. La red de apoyo que nunca se creó. Lloré las conversaciones entre ellos. “El aviso lo ha dado su marido, se ha presentado en comisaría”. Lloré aún más al escuchar a mi vecino de al lado decirle orgulloso a la policía que había escuchado los golpes.  “Golpes muy fuertes, como si se cayera un mueble”. Lloré su muerte silenciosa y silenciada. Lloré la muerte de Adriana.

Lloré, abrazada a una manta inútil.

About Ro de la Torre

Aparejadora, actriz de teatro amateur, por lo visto ahora tengo un blog. No me resisto a nada que implique buena compañía y cervezas. La protesta pacífica no es mi rollo, soy más de tocar puntos sensibles. Me implico. Mucho. En todo.

5 thoughts on “Lloré

  1. Horrible. Pensar que, como se explica, tantos casos podrían acabar de manera diferente con un poco de implicación de la gente cercana…

  2. Cuando lo leí, también quise llorar…. que terrible realidad… 🙁

    Es un problema de todxs! no podemos hacer oídos sordos!

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