Trini y la existencia

Gisela Zita
Fotografía: Gisela Poszonyi

Con esto de la relatividad parece que el tiempo se toma el permiso de dilatarse y contraerse a su antojo. Podríamos compararlo con un coño si no fuera porque actúa en sentido completamente opuesto: el tiempo a más placer más se contrae y el coño actúa a la inversa, rebelde como siempre a toda ley impuesta por la naturaleza.

A todo esto, Trini saca la curiosa conclusión de que el tiempo es la antítesis del coño. Y el tiempo no existe más que si se mide; es simplemente la medida por la cual contamos días y vidas. El coño es entonces… la existencia en sí misma. Trini sabe que ella existe, no por aquello de pensar.

Trini sabe que existe porque tiene coño.

Así, los días de Trini se miden por una lógica simple: a más dilatada está, más corto es el día, y más existe Trini. Hoy se levanta con ganas de romper a llorar, y llora durante dos largas horas. Mientras su existencia se contrae entre sus piernas, parece que algo en ella rebota como un eco entre las paredes de su cabeza. Una voz suena repentinamente, totalmente ajena a su voluntad, aún con la certeza de que existe dentro de ella.

“No se te da tan mal”

Sabe que la voz existe porque, a la vez que suena, nota un movimiento pélvico involuntario que ha producido una pequeña cantidad de lo que llamaremos el jugo celestial.

Estupefacta, oye esas palabras y abre los ojos, que se secan de golpe.

Se ve reflejada en el espejo de su izquierda, tirada en la cama cual demoradora de lo que importa, de lo que hay que hacer, de lo urgente. A su derecha, pañuelos llenos de mocos verdes y semi-transparentes se amontonan.

Se mira en el espejo. Mira a los pañuelos llenos de mocos. Izquierda, ella, derecha, mocos, izquierda, ella, derecha, mocos. Tambalea la cabeza de un lado al otro. Se sorprende a ella misma con un baile hipnótico improvisado en su habitación que consiste en decir que NO con la cabeza. Cuello relajado de un lado al otro. Izquierda, derecha, izquierda, derecha. No, no, no…no, no, no…y vuelve a sonar en su cabeza “No se te da tan mal.” No, no, no…Sigue marcando su cabeza, también de forma semi-involuntaria. Mientras tanto, su mente le aúlla ya casi a gritos “¡¡¡NO SE TE DA TAN MAL!!!”. Se percata en su estado hipnótico de que su coño ha empezado a lubricar y ya lubrica sin parar.

Cierra los ojos y casi puede ver en un efecto de sinestesia a esa voz convertirse en una mancha, que se convierte en un color, y ese color que se convierte en varios colores destellantes. Sigue diciendo que no con la cabeza mientras su voz sigue cogiendo forma de conjuro, de aura, de tiniebla y de meiga.

Entonces se produce la magia; rompiendo las leyes que Trini había asumido ya como naturales, fijas e inmutables, el tiempo se detiene al tiempo que la vulva está mojada de jugo celestial en todas sus cóncavas grietas. Abre los ojos; en frente de sí su voz la mira directamente y se lo dice una vez más: “No-se-te-da-tan-mal.”

Trini, totalmente en shock, y actuando desde ese lugar dónde se actúa cuando se está a punto de liberarse de algo que oprime, o de un pedo guardado durante horas, pregunta, dirigiéndose a la voz, desesperada y con los ojos como platos : “ ¿Qué es voz? ¿Qué es lo que no se me da tan mal? ”

La voz meiga, que Trini ya comprende como la meiga que habita en ella desde su nacimiento, delante suyo, sonríe pícara y, sin dejar de mirarla, se convierte poco a poco en humo de tabaco que se dirige hacia su boca.

Desde la boca de Trini resuena un cántico del que se pueden intuir ancestras haciendo un coro:

-No se me da tan mal… existir.

Y el tiempo se repone en marcha.

About Sara Riot

Vivo con la convicción de que las revoluciones nacen dentro de los cuerpos, justo debajo del ombligo. Feminista de esas que no se depilan y que no usaría sostén si no fuera porque tengo las tetas gordas. Estoy dispuesta a usarlas. A veces sueño que son lanzallamas.

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