A los 16 años conocí a mi maltratador

el maltrato y el maltratador
Ilustración: Adara Sánchez

TW: Maltrato, violación

Cuando tenia 16 años conocí a un chico de 20, muy guapo, con todos los encantos que un chico de 20 años pueda tener para una chica de 16.

Me dijo “te quiero” en la segunda cita.

Me explicó que yo no sabía nada de la vida o del sexo. Que el orgasmo femenino era anti-natural, que las mujeres eran menos inteligentes que los hombres, que nuestra música era una mierda, que nuestro arte era una mierda, que nunca habíamos inventado nada.

Le gustaba jugar a que me violaba cuando me violaba, lo que hacía unas 3-4 veces al día. En una especie de ejercicio de disociación, para él, mi dolor y mis “noes” formaban parte de un role-playing macabro. La vulva me dolía durante horas después de cada encuentro.

Odiaba a mis amigos. Mi mejor amiga M era una puta, desleal, fea, estúpida, envidiosa, que no me convenía. Mis amigos, mis profesores, todos querían follarme y yo no tenía permitido hablar o quedar con ellos. Si le quería de verdad, no le haría sufrir de esta manera. Tampoco podía contarles nada que pasara entre nosotros, eran cosas privadas de pareja y no me permitía hablar de él.

Odiaba a mis padres. Me decía que no me querían, que yo no les importaba, que no querían saber nada de mi.

Odiaba a mi perro. Me prometió que si alguna vez le dejaba, le mataría o le secuestraría, pero yo nunca más le volvería a ver. Ahora mi perro ya no está, se lo llevó un cáncer, no mi maltratador, pero me siento culpable al pensar que yo dejaba que entrara en casa una persona que podría haberle hecho daño.

Mi dinero era su dinero. Él lo “tomaba prestado” sin pedírmelo, se enfadaba mucho si no se lo daba o si le pedía que me lo devolviera.

Antes de cada día importante para mi, cuando tenía un examen o algo que hacer al día siguiente, discutíamos hasta las 4 o las 5 de la mañana. Me saqué la selectividad apenas sin poder dormir o estudiar. Boicoteaba cada ámbito de mi vida donde yo podía crecer como persona o hacerme independiente.

Cuando quedábamos, él solía llegar 2-3 horas tarde, de algún modo eso era culpa mía. Cuando le plantaba cara de alguna manera, se iba, amenazaba con no venir, me humillaba en público, gritándome e insultándome.

Nuestra primera discusión fue tras una noche de fiesta con M y sus amigos. Se me ocurrió sentarme en las piernas de un amigo suyo en el trayecto de metro. Esa noche me humilló y me dejó. Me convenció de que estaba loca, me obligó a ir a terapia como condición para volver conmigo.

Nuestra segunda discusión fue una tarde que habíamos quedado para ir al cine. Desplazarme hasta Barcelona me requería unas 2h 30′ de planificación. Él no se presentó, no avisó, no cogía el teléfono. Horas más tarde, todo era culpa mía, que era una niñata mimada que no sabía entender que no había podido avisarme por que estaba en una comida familiar.

La primera agresión física que recuerdo fue en mi casa. Mis padres habían salido y yo cantaba en el instituto al día siguiente. Me gritó y me insultó por que yo cantaba mientras hacía la cena y él tenía dolor de cabeza. En medio de la discusión, en el pasillo, me empujó varias veces, haciendo que me golpeara la cabeza y el cuerpo contra la pared. Como no me había dado un puñetazo ni nada parecido, no pensé que fuera maltrato.

Después de esto, hubo muchas más. Arañazos, pellizcos, empujones. Las patadas y los puñetazos tardaron 2 años en llegar.

Me hacía dudar de todo lo que habíamos dicho, de lo que había ocurrido. Me decía que yo era mala, que era pérfida y que le hacía sufrir a propósito. Que seguro que follaba con todo el mundo. Que él era tonto por quererme. Que nadie más iba a quererme.

Maltrataba también a su madre, a su perra y a su hermano pequeño. A su madre la trataba como a una esclava y la gritaba, la insultaba y despreciaba constantemente. A su hermano pequeño no le dejaba vivir. Su familia era consciente de lo que me hacía, lo veía en sus caras de pena y preocupación cada vez que nos dejaban a solas.

Ejercía constantemente la violencia ambiental. Rompía cosas, daba golpes, tiraba cosas al suelo. Rompía incluso mis cosas, era una pesadilla.

Mi 18 cumpleaños fue especialmente traumático, aún me cuesta celebrarlos. No se presentó a la cena, dijo que quería cenar con sus compañeros de clase, que vendría para el postre. Tampoco se presentó al postre, ni a las copas, ni se quedó a dormir  en mi casa. Al día siguiente dijo que vendría a desayunar, a comer, a cenar… Me pidió que me quedara en mi casa a esperarle, mientras él iba aplazando su llegada. Cuando finalmente me dijo que no iba a venir, se las arregló de algún modo para decirme que el cáncer de su padre era culpa de mi egoísmo al pedirle que viniera a celebrar mi cumpleaños.

Constantemente me decía que seguro que yo estaba follando con todo el mundo a sus espaldas. Y era verdad. Me acostaba con varios chicos e incluso hombres mucho mayores que yo. Era mi vía de escape, mi manera de justificarme seguir con mi maltratador. Me decía a mi misma que al fin y al cabo yo también era mala, le estaba poniendo los cuernos. Me despertaba en las camas de esos extraños cubierta de sudor frío, temblando de terror, pensando en que mi maltratador pudiera enterarse y matar o secuestrar a mi perro.

Una vez, volviendo de una fiesta, me encerró en el sótano de casa de sus tíos. Prácticamente no recuerdo nada de aquella noche. Recuerdo que no me dejaba salir, que rompió mis cosas y me quitó el móvil. Recuerdo que le pegaba puñetazos al colchón hinchable donde yo estaba estirada. Recuerdo que luego sus puñetazos fueron a mi. Recuerdo que me cogió del cuello contra la pared, que me tiró al suelo. Recuerdo su cara diciéndome que si le pedía perdón todo pararía, y me recuerdo a mi misma gritando “perdón” entre lágrimas, sin que parara.

En un intento desesperado por salir, le pegué una bofetada. En ese momento cogió mis muñecas y empezó a pegarse con mis puños, destrozándome las manos. Recuerdo que le volví a dar una bofetada y su cara chocó contra una puerta. Empezó a sangrar y se puso hecho una fiera.

Me cogió del pelo y me arrastró escaleras arriba. Llamó a toda su familia a gritos, que vinieran a ver lo que le había hecho la puta. Alguien nos metió en un coche y me llevó a mi casa. Por el camino, mi maltratador usaba el móvil para llamar a mis padres y a otros familiares para amenazarles con matarme, con denunciarme por agresión.

Desperté en mi casa, cubierta de sangre, horas más tarde, no recuerdo como llegué a mi cama ni cuando habían vuelto mis padres de vacaciones.

Durante años creí que la maltratadora era yo, que le había mandado al hospital de una bofetada, sin perdonarme a mi misma por haberme defendido.

Y seguro que hay mil cosas más que no recuerdo, cosas que no quiero ni recordar.


 

No me gusta esconderme detrás de un pseudónimo, pero, aunque hayan pasado casi 4 años desde que la historia se terminó, no me atrevo a firmarla.

 

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14 thoughts on “A los 16 años conocí a mi maltratador

  1. No he pasado por algo tan fuerte, pero si en lo similar al sentirse una como la “maltratadora”.

    También es cierto que la comunicación está antes que todo, sobre todo antes de conocerte, pero a veces las personas nos ilusionamos tanto que perfeccionamos a la persona en nuestra mente, cuando realmente son unas mierdas (disculpen la palabra).

    Gracias a dios que saliste de ello, y solo quedó como una lección aprendida y corregida. Pero que rabia que te hayan creado ese trauma, porque lamentablemente nunca lo olvidarás. Y de eso, estoy segura.

    Fuerza a ti. Y éxitos.

  2. Me he quedado de piedra… No me quiero imaginar por todo lo que te pasaría por la cabeza.

    Haces bien en publicar esto. Ojalá lo lean más mujeres en esta situación y les sirva para reflexionar.

    Te mando un abrazo, hermana.

  3. gracias por compartir, eres fuerte contarlo ya es un gran paso aveces callamos tanto y cargamos tanto que no podemos con nosotras y creemos que somos culpables cuando no lo somos.
    Escribir es una forma de liberar esas cadenas que llevamos por años y poco a poco van siendo tan ligeras que desaparecen; gracias por compartir!!!

  4. Cuando oigo(leo) cosas así… me avergüenza ser del mismo género, aún no habiendo hecho nada en toda mi vida. Lo más “machista” que he hecho o dicho en mi vida, fue con siete años, y para escaquear-me de barrer: barrer es cosa de mujeres ( a mi madre). El guantazo que me dio me quitó la tontería para siempre. Pero cuando leo esto… sólo puedo pedirte perdón en nombre de todos los hombres. Perdón por dejar que esto llegara a ocurrir, perdón por no ser conscientes de hasta que punto os hacemos daño con los micromachismos, con no protestar alzando “todos” la voz, con el silencio de muchos que si se pararan a pensar se caerían al suelo llorando de pura vergüenza y perdón por no arreglar las cosas como debiéramos. Porque actualmente la ley no hace suficiente…

  5. Helada me he quedado con tu historia, y me alegro de que tuviera fin, aunque esa relación durase mucho más de lo que debiera.
    Como dicen más arriba, contar la historia (ni que sea hablando sola) va muy bien para desahogarse. A mí, cuantas más veces he contado mi historia (mucho menos dura que la tuya) menos me cuesta no ponerme nerviosa al contarla, y también ayuda escucharse a una misma porque es como si escucharas el relato de un tercero y puedes analizar las experiencias de una manera más objetiva.
    Por otro lado, por culpa de mi ex también tengo un trauma de cumpleaños (en mi caso en noviembre) y desde entonces no he vuelto a celebrarlo. Pero se me ocurrió hace unos meses celebrar los cumpleaños en verano, y aunque aún no lo he hecho, no es una idea que descarte. Por si te sirve la idea.

    Mucho ánimo remontando tu vida, nunca vuelvas a dejar de quererte y haz cosas que te hagan feliz. Un abrazo.

  6. Te entiendo tanto… A los 17 y durante los 3 años consecutivos sobreviví a mi maltratador (bueno, al que elegí yo, porque mi primera experiencia con un maltratador fue mi propio padre). Me he leído en casi todo, salvo que después de que me pegara por primera vez intenté quitarme la vida. Y él ni siquiera se sintió mal por mí, ni me fue a visitar en el hospital. Yo estaba “loca”, pero no me dejaba tomar los antidepresivos que me habían recetado porque entonces estaba demasiado “feliz”. Sus amigos me odiaban porque le ponía los cuernos, porque yo era “mala y mentirosa”. Bueno, un largo etcétera.
    Compañera, ojalá lo superemos del todo alguna vez.

  7. De piedra me he quedado con tu historia. Y también pq ni tu familia ni la suya intervinieran lo antes posible para acabar con todo esto. Tu eras una niña, pero ellos eran unos adultos q deberían haberse dado cuenta. No hace mucho una sobrina mia, tambien muy joven, estaba iniciando este penoso camino, pero sus padres lo vieron y atajaron a tiempo lo q podria haber sido una historia terrorífica, como la tuya. Tan solo espero q puedas superarlo y te deseo q encuentres un hombre bueno y dulce q te quiera, cuide y respete. Existen.

  8. Menudo hijo de Satanas era tu novio hablando pronto y mal. Una cosa es ser machista (que el caballero lo es) y otra es ser un psicopata esquizo de manual. Mi padre era exactamente como este señor y no paro hasta que un dia lo echamos de casa, si no lo llegamos a hacer fijo que un dia nos mataba a todos :S

  9. Hola,

    Te admiro profundamente por compartir tu historia, eres muy valiente. Por todo lo que me ha impactado, hay algo que no me puedo quitar de la cabeza, y perdona si te ofende esta pregunta, no es mi intención, pero ¿tus padres no se daban cuenta de las señales? Entiendo que tú no se lo contaras porque vivías amordazada, pero, ¿ellos no notaron que algo iba mal? Un abrazo

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