El feminismo islámico existe

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Ilustración original de Gisela Pozsonyi para Locas del Coño

 

Desarrollar feminismo islámico en contextos occidentales, como el español, es complicado. Las barreras a superar son como losas que se adhieren a los pies dificultando su marcha… Allá por el año 2000, cuando comenzaron a emerger movimientos feministas islámicos en España, éramos conscientes de que las reticencias llegarían del interior de las comunidades musulmanas. A fin de cuentas, de lo que se trataba era de remover los cimientos del sistema patriarcal y descolonizar el islam de argumentos islamoides, pero no islámicos.

Ante todo, el rechazo se produce por el concepto “feminismo”, automáticamente asociado al hecho colonial, o lo que es lo mismo: imposición. El reclamo de los derechos de libertad e igualdad va más allá de las relaciones de género dentro de las propias comunidades musulmanas.

También precisa reformular las identidades, acordes a sociedades plurales, e iniciar procesos de negociación para su presencia en lugares hasta entonces vetados (legal, administrativa o socialmente), o que por el contrario, los acontecimientos dan un giro radical y se empiezan a limitar el acceso de las musulmanas a determinadas esferas.

Las dificultades para ser reconocidas dentro del feminismo secular, sin duda también han formado parte de nuestra historia. Mientras que para las musulmanas el rechazo es generado por la presencia “feminista”, en el feminismo secular, la mera mención ‘islámica’ es suficiente para ser expulsada de lo público. La feminista argelina Wasila Tamzaly dedicó un titular al periódico ABC “El feminismo islámico no existe”. Una frase fulminante que recoge en pocas palabras la negación de la condición feminista de las musulmanas. Como si el feminismo precisara de sellos de garantía…

 

el feminismo islámico existe
Fotografía: Sahra Hazbel

 

La administración y la política siguen favoreciendo el patriarcado a través de sus directrices. A día de hoy, no se tiene reconocido el derecho a crear una fundación islámica de mujeres, como tampoco reconoce el liderazgo religioso de las mujeres y niega el registro de comunidades musulmanas de mujeres, o un representante varón para nosotras.

Los medios de comunicación tampoco han favorecido demasiado un posicionamiento digno del feminismo islámico, relacionado constantemente al velo, reduciendo una vez más la condición de las musulmanas a su manera de vestir. O, lo que es lo mismo, a su cuerpo. Tampoco las musulmanas están validadas para realizar alguna aportación profesional o de rigor, son algo así como Sofia, en la obra de Rousseau…

Como mucho a las musulmanas se les permite hablar de su vida personal, como si estuvieran en algún programa del corazón. Volviendo a poner en tela de juicio su capacidad racional, buscando corroborar que ‘se convirtió’ por su marido o le impuso un velo que igual ni se ha planteado llevar. No importa que la entrevistada tenga estudios, ni publicaciones, ni aportes teóricos, ni los pequeños logros que se hayan ido consiguiendo…

La feminista islámica, como la mujer barbuda, es la oferta circense más extravagante, un oxímoron en si mismo digno de contemplar y por qué no, ridiculizar a través de clichés repetidos hasta la saciedad. Posiblemente, 16 años después haya quien siga desconociendo que existen movimientos de musulmanas feministas que se aferran al Corán para recuperar lo legítimo, y que las garantías del sistema democrático español parece que no han servido de mucho para alcanzar las libertades que se supone se cimientan en la Constitución.

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