Las mujeres no merecen premios

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Ilustración: Julie Maroh

Antes de comenzar a redactar este artículo que me ocupa, quisiera hacer un pequeño “disclaimer”, si me permitís el anglicismo. No soy una experta en nada. Ni en comics, ni en feminismo, ni en literatura, ni en estudios de género. Ni siquiera en ilustración o historia del arte. Ahora mismo estoy estudiando dos carreras, lo cual no me deja demasiado tiempo para leer cómics o cualquier otra cosa. Aún así, me doy permiso para escribir lo que sigue.

También quisiera aclarar que no hago este artículo con la intención de dignificar el artículo (o de reconocer la razón o la autoridad) del señor Manuel Darías: ya se la reconoce el solito, con ayuda de diversas instituciones. Lo que pretende mi texto es, simple y sencillamente, provocar una reflexión, y pensar desde unos ángulos que tal vez, no sean demasiado habituales para las mentes más tradicionales.

Me propongo pues, utilizando diversas teorías (feministas, sí, así como post-colonialistas, y de otros muchos colores), analizar las palabras que este hombre (y el género es aquí importante) ha decidido escribir sobre la reciente polémica de los premios de Angouleme. Con la intención de ser lo más minuciosa posible, analizaré, párrafo a párrafo, su artículo.

“En mis cuarenta y tres años escribiendo sobre el universo del cómic, jamás me había encontrado con una polémica más absurda que la surgida hace unos días en el Festival de Angulema. Todo comienza el pasado 5 de enero, cuando la organización de la afamada convención tebeística presenta la lista final de los treinta aspirantes a recibir el Gran Premio del Salón, entre la que, por cierto, se encuentra Carlos Giménez. Dicho listado se confecciona mediante el voto de unos tres mil historietistas que nominan libremente a los autores que estimen oportuno.”

A diferencia del señor Darias, yo no llevo cuarenta y tres años escribiendo sobre nada, pero me he encontrado con polémicas muy absurdas a lo largo de mi vida: por ejemplo, la de Bescansa llevando a su hijo al congreso. El voto de esos tres mil historietistas me temo que no es tan libre como pretende nuestro articulista: no solamente viven en un sistema patriarcal (como todos, vaya), sino que están constreñidos por políticas culturales (lo cual explica por qué durante muchísimos años no se ha premiado apenas nada fuera del sistema francés). Así que su voto no es libre: está condicionado.

“Una vez conocida la relación, un colectivo que agrupa a doscientas artistas y que se autodefine como Creadoras de Historieta Contra el Sexismo hace un llamamiento de boicot a los Premios, es decir, promueve un claro intento antidemocrático de distorsionar la voluntad de los votantes con la intención de incluir a alguna mujer como optante a tan prestigioso galardón. Increíblemente, al cabo de pocas horas, varios seleccionados: Sattouf, Sfar, Davodeau, Blain, Bourgeon, Chrsitin, Clowes, Burns, Ware, Bendis, Sienkiewicz y Manara piden que se retire su nominación.”

No cejo en mi intento de comprender por qué un boicot organizado desde la más pura masa, y no desde un lobby poderoso o una corporación, se considera antidemocrático. Tal vez nos conviene revisar aquí a Foucault y sus palabras sobre las luchas antiautoritarias: son transversales, inmediatas, y sus objetivos son los efectos del poder en sí. Además, cuestionan no solo el estatus del individuo, sino que luchan contra los privilegios del conocimiento, del secreto y de las representaciones mistificadas impuestas. Si hemos de traducir esto a lo que ha ocurrido en el festival de Angouleme (aunque por supuesto, es trasladable a cualquier lucha feminista, post-colonialista, etc.), vendría a significar que la lucha que el Colectivo de Creadoras de Historieta contra el Sexismo inicia es un boicot no sólo contra el Festival, sino más bien con la mistificada idea que perpetua de que la mujer autora no solamente no tiene un lugar palpable dentro del cómic, y que nunca podrá llegar al lugar de su contrapartida masculina. Bajo mi punto de vista, esto es un boicot completamente democrático, además de necesario.

No entiendo muy bien tampoco por qué al autor le cuesta tanto comprender que varios nominados hayan pedido la retirada de su nominación: a nadie le gusta formar parte de un premio que vilipendia a la mitad de la población, supongo.

“La organización del Festival, imagino que asombrada y abrumada por el estulto desplante, alega, sobrada de razones, que no puede “cambiar la historia”, ya que el orbe de la historieta ha sido tradicionalmente dominado por los autores masculinos y que las mujeres que habían recibido votos no tenían los sufragios necesarios para ser incluidas en la selección final de una distinción, que, no lo olvidemos, reconoce toda la trayectoria profesional de autores que ya “han alcanzado cierta edad”. Y añade una verdad lapidaria: “Desafortunadamente, no hay muchas mujeres en la historia de los cómics. Es una realidad, de la misma forma que si vas a Louvre, no encontrarás cuadros pintados por muchas mujeres”.”

Este es, seguramente, uno de mis párrafos favoritos del artículo. El orbe de la historieta, del arte, de la moda, de la cocina, del cálculo matemático… El orbe en general, incluso el orbe del hogar, ha sido tradicionalmente dominado por el hombre – blanco y heterosexual, no nos olvidemos -. Estas no son precisamente noticias de última hora. Parte de la responsabilidad que la historiografía actual tiene es la de reclamar y colocar a las mujeres en el lugar que se merecen en todos esos campos. Eso pasa por estudiar figuras femeninas que han tenido importancia histórica, y a las que se les ha negado el acceso a los anaqueles occidentales porque no tenían gónadas masculinas. Entre ellas, muchas y variadas artistas, cuyos cuadros podrían estar perfectamente colgando en el Louvre, si hablamos de calidad pictórica e innovación.

En todas las épocas, sin excepción, hay suficientes cuadros de mujeres como para estar representadas en el museo del Louvre – y en otros muchos museos. Esta ha sido una reivindicación constante por parte de grupos como las Guerrilla Girls. Y a mí me gustaría ahora trasladarla a la historia del cómic. Al igual que reivindico a esas señoras que aplicaban colores a las anilinas, reivindico que a la señora Phoebe Gloeckner, por poner un ejemplo, no le han entregado un premio de Angouleme a toda una carrera – y me niego a creer que su trabajo sea menos merecedor que el de Robert Crumb, por mantenernos dentro del estilo underground. O a la señora Ann Nocenti. Y escribo señoras delante de sus nombres porque son maestras de este Noveno Arte, y no simples colegialas que acaban de entrar al ruedo.

“No obstante, acto seguido se baraja la posibilidad de incluir a algunas autoras y suenan nombres como: Takahashi, Doucet, Ricard, Satrapi, Meurisse, Simmonds, Muller, Bechdel o Brétecher (ya galardonada con un “premio especial”), creadoras que, a mi juicio, están a notable distancia de los seleccionados, lo cual hubiera sido una intolerable discriminación positiva en favor de las mujeres, algo que a ciertas “femiprogres”, “femipijas” o, peor aún, a las “feminazis”, les encanta, pero que a los que siempre hemos sido defensores de la igualdad entre sexos nos repele.”

Lamentablemente, como podemos comprobar (y podremos seguir comprobando más tarde) a juicio del autor, ninguna mujer está a la altura de este Premio. Supongo que se debe, principalmente, y sin atreverme a realizar un análisis profundo de sus motivaciones ni de su contexto cultural, a que no concibe a las mujeres como personas, sino como ese “otro” del que nos hablan Beauvoir y Butler. Porque, y esto las “feminazis” lo sabemos de sobra, exigir que se juzgue bajo el mismo criterio y con las mismas oportunidades a las mujeres, nos convierte en el equivalente de un partido político que llevó a millones al exterminio.

Además, me gustaría hacer un apunte: el Colectivo de Creadoras Contra el Sexismo nunca pidió un sistema de cuotas. Sencillamente, hizo notar el rancio abolengo de la competición, y la imposibilidad de acceder a semejante honor si seguían sin incluir a mujeres en esa lista.

Antes de continuar con el análisis del artículo me gustaría también hacer notar la última frase de este párrafo, que referencia a la lucha por la igualdad que el autor ha debido de estar realizando – imagino que en absoluto secreto, puesto que tras realizar una investigación preliminar, no he hallado pruebas de la misma, y teniendo en cuenta que se encuentra en una posición inmejorable para ayudar a desarrollar el lugar de la mujer en el mundo del cómic, me resulta inexplicable. Sólo me queda la posibilidad de que se refiera a que cuando las feministas elegimos cómo realizar nuestra lucha, hombres como él se sienten ofendidos.

“Hasta la Ministra de Cultura gala, Fleur Pellerin, demostrando una supina ignorancia sobre el tema, declara a bote pronto lo que, a su juicio, considera políticamente correcto: que es “bastante anómalo que ninguna mujer esté entre los seleccionados”.

El resultado de la polémica es que inteligentemente, los responsables de Festival de Angulema suprimen desde ahora la confección preliminar de la lista de nominados para, después de efectuadas las votaciones reglamentarias, dar simplemente el nombre del ganador. “

Bueno, a mi me parece bastante anómalo que año tras año, cuando hay un (aproximado) 26-27% de autoras de cómic, ninguna gane el Grand Prix. No es un porcentaje pequeño, aunque ojalá fuera más grande. Y si bien es cierto que este es un número que ha aumentado en los últimos años (¡y eso es genial!) y que antes no había tantas autoras, sigue sin justificar no incluir a ninguna en la lista de nominados.
De hecho, un colega ha realizado un cálculo estadístico que voy a permitirme utilizar: teniendo en cuenta este 26% de mujeres, la probabilidad de que ninguna mujer estuviera en la lista de los nominados, eligiendo al azar, es de menos de una entre ocho mil. Ahí es nada. Y la estadística, para quien quiera consultarla, aquí.

“¿Perjudicados? Sin duda, los historietistas en general, tanto hombres como mujeres, a los que se les priva de ese plus de prestigio que da el haber sido nominado al Gran Premio del Salón más afamado de Europa.

En una disparatada e incoherente respuesta, el colectivo culpable de este penoso follón notifica a los medios de comunicación que no piden cambiar la historia” sino que critican la falta de voluntad del Festival para “modernizar” el sector.”

Perjudicadas las autoras en general, que se enfrentan a techos de cristal y brechas salariales. El colectivo responsable del boicot nunca pretendió incluir las cuotas, ni cambiar la historia, efectivamente: pedía algo muy razonable, y eso es asumir de una buena vez que las mujeres tenemos la misma habilidad creativa que los hombres, y carreras en el mundo de los cómics que merecen el mismo respeto.

“Lamentablemente, a rebufo de tal necedad, el Colectivo de Autoras del Cómic español se ha solidarizado con las promotoras de este desatino.
En lo que a mí respecta, ya tengo entre ceja y ceja a los historietistas que, cobardeando en tablas, pidieron la retirada de su nominación y se han plegado a las presiones de un moderno feminismo militante, tan repulsivo como lo es el machismo clásico.”

La sororidad es algo muy propio del movimiento feminista, que como ya he comentado antes, es transversal. Así que cruza etnias y países. En cuanto a equiparar feminismo y machismo, me remito a algo muy sencillo: el día que las mujeres maten alrededor de setenta hombres al año, podremos equiparar algo, ¿no le parece? No se puede ignorar la construcción heteropatriarcal que privilegia a un cierto tipo de hombre sobre el resto de las criaturas terrenas a la hora de analizar este tipo de asuntos, y mucho menos realizar aseveraciones tan faltas de razón. Sugiero que se revise a Judith Butler en este punto, especialmente su trabajo sobre la construcción (y deconstrucción) del género.

“Cambiar la historia

Es incuestionable que la masiva incorporación de la mujer al orbe del Arte Secuencial es un hecho bastante reciente. Hace cuarenta o cincuenta años, la firma de una historietista en una publicación española, por ejemplo, era algo bastante raro. Pili Blasco, Carmen Barbará, Montse Clavé, Purita Campos, Mariel Soria y Marika Vila, entre otras, eran unas extraordinarias heroínas del cómic y unas auténticas adelantadas en la profesión. No eran feministas, simplemente exaltaban con su trabajo la condición femenina. “

No me atrevo a poner, como el autor ha hecho, palabras en boca de ninguna de esas autoras, pero creo que sin miedo a equivocarme, podría considerar a Marika Vila una autora feminista: no solamente su trabajo como teórica del cómic (brillante, por cierto) parte de y utiliza muchas de las teorías feministas (sobre la construcción del género, el estereotipo, etc.), sino que su participación en recopilatorios como “Cambio Polvo por Brillo”, o sus trabajos trasladando Tangos a viñetas, y demostrando así el machismo explicito de los mismos, dejan clara su alineación política.

En cuanto a exaltar con el trabajo la condición femenina, me gustaría aclarar que no hay nada como “la condición femenina”. Las mujeres venimos a este mundo en muchos cuerpos diferentes, nos armamos con muchas ideologías diferentes, y vivimos la vida de muy diferentes maneras. Así que sugerir que hay algo así como una “condición femenina” general, que normalmente asume que somos suaves y respetuosas con el prójimo, no solamente es una falacia sino que es fácilmente descartable.

Me permito ahondar un poco en este tema, puesto que creo que su comprensión es muy relevante: en el momento en el que decido ponerme pantalones, me aparto de esa “condición femenina” – al menos tal y como se concebía hace poco más de un siglo. ¿Y saben qué? Cuando visten a una niña de rosa la están masculinizando según los preceptos victorianos, puesto que el rojo (incluso su versión pastelona, el rosa) es un color viril. En el momento en el que una mujer toma decisiones – cortarse el pelo, teñirse, gritar, apuntarse a clases de defensa personal, sacarse una foto medio desnuda, no sacársela en absoluto – deja de ser asumible a la “condición femenina”, puesto que no hay una universal. No hay una manera única de ser mujer – como no la hay de ser hombre. Así que hablar de la exaltación de la condición femenina mediante el trabajo de una mujer no me parece demasiado correcto.

Podemos hablar tal vez de cómo el trabajo de Purita Campos exalta la construcción tradicional de chica joven. Eso sí lo podemos decir. Y que conste que soy una fanática de Esther, y del trabajo de Purita Campos, que considero muy importante en la evolución del cómic español. Y podemos hablar de cómo el trabajo de Marika Vila exalta la ruptura con ese constructo de caras redondeadas y trazos suaves. Hablemos, pues, de cómo cada una de las autoras trae a la mesa una propuesta diferente – y no una unificada y correspondiente a su “condición de mujeres”.

“Póngase como se pongan las conflictivas Creadoras de Historieta Contra el Sexismo, grupo al que no respeto en absoluto, lo cierto es que los anales del cómic no concuerdan con sus postulados y sí con los de los responsables del Festival de Angulema. Voy a hablar a bote pronto sobre mis específicas experiencias al respecto:”

Menos mal que existe la revisión de los anales históricos, ¿verdad? Gracias a esas revisiones historiográficas descubrimos que Agatha Christie es la super-ventas de su género, o que Jane Austen es brillante. La revisión de la historia debería ser algo habitual, por necesario. Aferrarse a la historiografía tradicional y pretender que su interpretación desde un punto de vista blanco y heterosexual, además de masculino, es la única válida… Deja fuera muchísimas cosas – y personas – interesantes.

“a) Desde 1966 a 1977 estuve suscrito a la revista especializada francesa Phenix y no rememoro que se ocupara jamás de alguna historietista.

b) En el volumen de Bande Dessineé et Figuration Narrative, dirigido por Claude Moliterni, uno de mis libros de cabecera durante años, tampoco recuerdo que se mencionara a ninguna dibujante o guionista.

c) En 1985, en la revista Fan Comics, Javier Coma realiza una encuesta con una participación de cincuenta y cinco personalidades del tebeo español. Se pedía que cada votante estableciese una lista con sus 15 obras favoritas a nivel universal. Resultado, en las 24 obras con más sufragios y en los 24 dibujantes más votados, no había ninguna mujer.”

Podemos observar aquí una muestra excelente de que hace falta revisar los anales históricos. ¡Pero no hace falta que se preocupen! En el 1977 Totem, conocida publicación española, dedicó todo un especial al trabajo de las mujeres en el cómic. Toda una generación de autoras underground americanas se organizaría para publicar sus propios fanzines en esa época. Por no hablar del trabajo que estaban realizando las autoras españolas en esos momentos. ¿Pero aparece algo de eso en los “libros de historia” del cómic? Por supuesto que no. No reconocer la participación o los logros y hallazgos femeninos es algo profundamente imbrincado en la cultura heteropatriarcal.

“d) en 2003, en esta misma página publiqué una relación de los que consideraba los cuarenta clásicos del cómic mundial. Sólo incluí a una mujer: la francoiraní Marjane Satrapi, por Persépolis.

e) En mi última lista de los Clásicos del Tebeo Español, publicada en 2014, en la que se encuentran enumeradas 75 obras, únicamente están Ana Miralles y Mariel Soria en representación del género femenino.

f) Si analizamos el palmarés de los Premios del Salón de Barcelona, nos encontraremos con la siguiente estadística: de los 130 reconocimientos oficiales y de las 44 distinciones de las votaciones populares, sólo se han concedido seis galardones a mujeres: cuatro de “autor revelación” y dos merecidos Grandes Premios (Ana Miralles y Purita Campos).

g) El pasado noviembre vio la luz un magnífico volumen editado por Larousse, escrito por Santiago García, cuyo título es Cómics sensacionales. Se trata de un libro en el que el autor selecciona un total de 79 historietas a escala planetaria de las que escribe breves apuntes. La lista de títulos elegidos, en la que están incluidos 21 tebeos españoles, me parece muy acertada. La refrendaría ahora mismo. Pues bien, en la relación únicamente hay una obra firmada por una mujer: Persépolis, de Marjane Satrapi. ¿Menosprecia por tanto el amigo Santiago a las historietistas? La duda ofende.

h) Si el paciente lector de esta página se molestase ahora en explorar por internet los diversos y extensos listados en los que se relacionan los mejores cómics y los mejores dibujantes y guionistas a escala planetaria, se llevaría una notable sorpresa: la única fémina que aparece en casi todos los listados es, de nuevo, Marjane Satrapi. “

Autoreferenciarse como autoridad en la materia, cuando se ha demostrado un desconocimiento del cómic femenino (o si se conoce, se ha tomado la decisión de ignorarlo) no es una gran opción, ¿no? Insistir en que no hay autoras femeninas (españolas o de otros países) que no sean Marjane Satrapi (cuya obra es absolutamente fantástica, y debería ser muestra de lo que las mujeres pueden hacer, y no ser utilizada como excepción), tampoco me parece correcto. Una vez más, se citan grandes autoridades masculinas en la materia. Tal vez sea hora de un poco más de revisionismo histórico.

Si la paciente lectora que ha llegado hasta aquí se molestase ahora en explorar por internet los diversos listados de cómics y artistas, vería confirmadas sus sospechas de que el patriarcado está vivo y bien. El uso de la figura de Marjane Satrapi como alguien excepcional, una especie de Juana de Arco que está libre de toda mácula porque no protesta con esas “feminazis” del Colectivo de Creadoras Contra el Sexismo no es solamente denigrante para la autora, sino para el colectivo de féminas que se dedica a realizar cómics.

“La actualidad

En estos momentos, afortunadamente, la mujer ha conseguido una importante presencia en el universo del globo y la viñeta. Y lo ha obtenido por sus propios méritos, sin necesidad de que, como sucede en la política, existan cupos obligatorios de su participación en editoriales o de su presencia en los más prestigiosos premios como, por lo visto, pretenden las cerriles extorsionadoras que se escudan en un inexistente sexismo del Festival de Angulema.”

En estos momentos, afortunadamente, las mujeres exigen que se las tenga en cuenta en base a sus méritos. Eso es justicia a su trabajo. No pretenden cuotas, no pretenden extorsionar a nadie – exigen justicia. Es especialmente alarmante que tengan que exigírsela al pueblo francés, que es de alguna manera, cuna del feminismo primigenio occidental. Pero no debería sorprendernos que el país que ejecutó a Olympe de Gouges el día que aprobaba el derecho al sufragio universal masculino sea el mismo que rechaza el lugar que las mujeres tienen legítimamente en el mundo del cómic. El que se han ganado por derecho propio, como bien dice el autor, es el único que pretenden conseguir.

“Llevo años diciendo que los tebeos realizados por mujeres, en general, poseen una impronta singular que es característica de su género: y es que son muy naturales, muestran una sincera espontaneidad y, sobre todo, jamás intentan empatar, lo cual yo siempre agradezco.”

Ni siquiera se por donde empezar. Los tebeos realizados por mujeres no poseen ninguna impronta singular: no creo que Purita Campos, Phoebe Gloecknerr y Fiona Staples tengan mucho en común, francamente. Los tebeos realizados por mujeres no son “muy naturales”. No “muestran una sincera espontaneidad”. Por favor, por favor. Tratar los productos de las mujeres como algo natural y espontáneo, algo que haría un niño inocente, es una de las trampas más viejas del libro. Podría volver sobre Butler y los estereotipos de género, pero creo que la lectora ya habrá tenido suficiente.

¿Qué decir al respecto de que “nunca intentan empatar”? ¿Empatar con qué? ¿Con el superior genio creador masculino, tal vez? Me niego rotundamente a dignificar semejante barbaridad con ningún tipo de comentario.

“Pero tendrá que pasar algún tiempo para que las carreras de estas reputadas artistas del Noveno Arte adquieran la solera y la excelencia necesaria, además de una cierta senectud, que las hagan acreedoras a recibir un galardón que premie toda una vida de trayectoria profesional en la máxima gradación.

Un reconocimiento como, por ejemplo, lo es el Gran Premio de Angulema.”

Supongo que es terriblemente fácil desde el asiento cómodo que otorgan no sólo la condición de hombre, sino la edad y la experiencia, pedir paciencia a un colectivo que sufre. Supongo, además, que es muy difícil para alguien como el autor del artículo comprender el funcionamiento del patriarcado, cuando a él no parece haberle molestado jamás. La solera y la excelencia necesaria ya la han adquirido muchas mujeres. Lo que es necesario ahora no es que las mujeres adquieran experiencia y solera, sino que los jueces, los artistas de comics, los hombres de este mundo en general, adquieran de una buena vez conciencia: conciencia del mundo que les rodea. Que entiendan por qué no pueden mencionar a una sola mujer dibujante o votarla en un concurso. Eso es un problema, y no se soluciona esperando.

Después de este análisis poco queda que yo pueda añadir. No aspiro a convencer al autor de este texto de nada – es imposible e inconcebible. Pero sí aspiro a que, como Mieke Bal dice del arte de “lo político”, esta pieza haga reflexionar a alguien. Por último, dejo un link a otro artículo que propone una lista de quince autoras que podrían haber estado nominadas al premio de Angouleme.

About Alba Jato

22 años, adicta a los gatos y a la pizza, ilustradora, estudiante de Historia del Arte y de Multimedia, obsesionada con la comida y pintar.

3 thoughts on “Las mujeres no merecen premios

  1. Madre mía, qué sarta de barbaridades las de este señor! Ostrás! El penúltimo párrafo que citas es simplemente penoso… condescendiente… puaaajjj… puaaaaajjj…

    Claro, como Persépolis les ha caído en gracia, a Satrapi la aceptan en el “club”. Sin quitarle mérito, ojo, que es maravillosa, por supuesto. Pero la cuestión es más bien: ¿Cuándo dejarán de ser ellos los que deciden los temas/estilos “serios”, que valen la pena, y los que no? Somos capaces de hablar de cualquier tema, y si nuestra obra está impregnada de lo que para cada una significa ser mujer en este mundo, ¿Qué? ¿Vale menos por eso? Estoy harta de la separación (¿cartesiana? fui una pésima memorizadora de autores) cuerpo-mente. Del sellado medieval de la idea de que la razón (asociada al hombre) es lo válido y puro en tanto que consigamos ignorar el cuerpo (asociado a la mujer), sucio, perturbador. Nadie es sólo mente. Como si la condición física de cada persona no influyese en su posición en la vida. Como si no hubiera dignidad en las experiencias “otras”. Y se atreve a decir, desde su podio de hombredad, blancura y senectud que no respeta al colectivo de Creadoras contra el sexismo…! Aisssss, qué indignada estoy! Muchísimas gracias por el análisis!

    1. Muchas gracias LaTomasa, me alegro de que te haya gustado el texto 🙂 El concepto de la otredad les pilla un poco lejos a estos señores… Al menos espero que esto sirva para desmontar algunos mitos 😉 Un saludo!

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