Amas de casa neurotizadas

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Ilustración: Carmen Segovia

Creo que le debo una disculpa a mi madre. Y a todas las amas de casa en general.

Mi madre me ponía histérica con sus neuras, agudizadas por algunos problemas de salud, tanto física como mental. Yo, que también he tenido y tengo problemas de salud mental, no supe ponerme del todo en su lugar por nuestras continuas disputas.

Mi padre me dijo hace tiempo que parece que las amas de casa buscan excusas para sentirse importantes, ya que no trabajan fuera de casa ni tienen un sueldo, de ahí los venazos y las neuras. He tenido que ser ama de casa para entenderlo. Mi padre lo ve desde una posición machista y algo clasista, también. Yo también lo veía desde esa perspectiva. Y un día te encuentras con una bronca por no haber hecho cena, o no haber sacado comida para ese día o el siguiente, o no haber planchado una camisa y empiezas a buscar esas excusas para sentirte mejor y te das cuenta de tu situación.

Estás SOLA. Pasas la mayor parte del día sola. Y cuando te matas un día a poner la casa en orden, el que trae dinero a casa solo se fija en las cosas malas, en lo que no has hecho, en lo que has dejado de hacer. Tratas de buscar trabajo, pero resulta que solo tienes la ESO, no eres alta, no eres guapa y encima has engordado, por lo que solo puedes aspirar, y da gracias, a trabajos de comercial donde no cotizarás porque no te harán contrato, y si te lo hacen es una mierda de contrato mercantil.

Tratas de buscar estudios, pero recuerdas todos tus fracasos y lo mal que te lo han hecho pasar tanto dentro del centro escolar como fuera de él, con las esperanzas que pusieron en ti y al mismo tiempo echaron por tierra, por lo que se da una situación viciada de fracaso absoluto, incluso cuando estás a punto de triunfar (auto-sabotaje lo llaman).

Te neurotizas. Te sientes abandonada. Cuando intentas explicar qué te pasa te llaman exagerada. Cuando vas al médico a buscar ayuda sales de allí con tres cajas de pastillas, las que te quitan la depresión, las que te quitan la ansiedad y las que te controlan el ánimo, resultando en que estás apática, ya no sabes vivir sin el ansiolítico y le tienes miedo a todos los medicamentos nuevos que te dan sólo para que te calles, aunque te dicen que es para «mejorar tu calidad de vida». Y nadie te escucha. Pero la culpa es solo tuya, que no estudiaste, que buscas excusas para vivir como un parásito chupasangre, que te quejas del machismo pero no haces nada por remediarlo, que solo vives para que estén encima de ti y hasta van y te llaman egocéntrica.

Vale, bien. Estupendo. Sigamos así. Neurotizadas y ninguneadas. Es algo que os viene perfecto a quienes seguís queriendo, de forma consciente o inconsciente, que vuestros privilegios sigan siendo vuestros. Un día de estos voy a tener un arrebato a lo Lisbeth Salander y tatuaros las barbaridades que nos decís, ya no en el estómago, en la maldita frente. Y todavía tendré yo la culpa. Todavía la tendremos todas nosotras.

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