Sonríe y asiente. ¡Eres camarera!

sistema capitalista y heteropatriarcal terrorismo machista
De la ilustradora sueca Hanna Myltan

Sonríe y asiente. ¡Eres camarera! Llevaba 3 años trabajando en el restaurante. Al llegar el verano del cuarto, el maître repartió, como era costumbre, los rangos y tareas para organizar el servicio.

-Jefe de rango, tú toma comanda y marcha la mesa. Tú te encargas de la bebida y el pan. Hoy tú estás de apoyo. Es jueves y luego hay concierto, así que aligerando. En cuanto empiece la música retiras platos y sirves cubatas en mesa. No se te olvide cobrar las copas en el momento, que la gente es muy pájara. Y tú, después del servicio, recoges el rango y a la barra. Sonríe que tenemos que hacer caja.

El problema no era el trabajo agotador. Ni el nivel bestial de comensales en relación a camareros. Ni el salario de mierda, ni siquiera las horas extra que nunca se dejaron ver en las nóminas Porque éramos un equipo que acabó siendo de amigos. En el que el maître era el perfecto jefe de jaranas acabado el servicio.

Un macho alfa que sabía mandar y camelar a la vez

Quizás ahí estuviera el problema. Un macho alfa que saltó mi fidelidad de haber trabajado tres veranos seguidos para colocarme de jefe de rango a uno de mis mejores amigos de toda la vida. Enchufado por mí y recién llegado a los eventos de bodas y comuniones, hacía pocos meses.

-Es que él sabe inglés.

-Ya Maître, yo también sé.

-Vamos a darnos un poco de tiempo. Seguro que de esta forma funcionáis muy bien.

-Pero tío, es que yo paso de que sea el cuarto verano llevando los putos postres y las copas. Déjame llevar el rango, lo he hecho mil veces.

-Ya veremos, empezad así. Total, vais a cobrar los dos lo mismo.

Descansos frente a la playa… y las chicas en bikini

Fueron súper colegas todo el verano. Y recuerdo cómo ellos dos y tres compañeros más, mientras montábamos la infinita terraza todas las tardes a las seis, hacían descansos frente a la playa para “piropear” a las chicas en bikini.

-Esa está to buena, no tío, esa está mejor. Yo le hacía un favor. Chacho mira esa que tetas. ¡Nena vente pa’cá que te invito a algo!  Hostia, que gorda aquella, y va en top-less la jodía. ¡Mira la rubia! ¡¡RUBIAAA!!

Hay que sacar el trabajo adelante

Y aquel verano pasó que me quedé en 56 kilos. Mi jefe de rango se dedicaba a tomar comanda y perderse por las cocinas, entretenido contando sus batallas nocturnas. Hubo una noche que me sacó de quicio. Él venía de un festival y no había dormido. No daba pie con bola. Era sábado y no parábamos de doblar mesas, más comensales, más reservas, más sillas… Haciendo hueco aquí y allá para que nadie quedara insatisfecho. Me acuerdo de cómo volábamos de la cocina a la terraza, chorreando la frente, la boca abierta. Treinta y pico grados en plena noche de agosto y un estrés y una mala leche acumulados que no se los saltaba un galgo. Había que sacar el trabajo adelante. Todo Madrid a las puertas del restaurante clamando por una mesita nada más. Pero ¡claro que sí!, never enough.

El jefe ya nos había dicho que tenía esperando a cuatro millones de españoles en la cola del INEM. Así que ¡corre antes de que llegue y vea a esos madrileños sin vino! ¡Vuela, que creo que son familia! Teníamos una misión: forrar al jefe.

Y un día la camarera estalla

Pues esa noche estallé. Por algo tan insignificante aparentemente, que hasta días después no me di cuenta de que no estaba loca. De que mi reacción era totalmente lógica. Con tanto viaje de la cocina a la terraza, me dejé en la mesa de apoyo todas las bandejas que debían estar en el office. Se acercó mi jefe de rango y me dijo algo así como «tía, si dejas todas las bandejas fuera, luego aquí dentro no hay como sacar las bebidas del tirón». Le dije de todo. Absolutamente de todo. Y se me saltaron las lágrimas de la impotencia. Porque mi jefe de rango, uno de mis mejores amigos, se había pasado la noche tocándose los huevos y ahora se reía de mi reacción. Llevábamos todo el verano tirándonos de los pelos, chicos por un lado y chicas por otro. Porque el maître les daba cada vez más bola a los nenes del grupo de alfas, poniéndonos a nosotras a currar a sus órdenes.

El techo de cristal

En ese momento no había oído hablar del techo de cristal, y es que ese verano comprendí, sin saber el nombre, que las mujeres tenemos que demostrar por tres veces nuestra valía para estar al nivel de cualquier hombre. El maître no escuchaba nuestra frecuencia de voz. Parecía que oyera campanitas de Navidad. Y mientras, yo organizaba nuestro rango. Sabía perfectamente lo que había que hacer en cada momento y lo hacía. Hablaba con los compañeros para comunicarnos necesidades y quehaceres. Me ofrecía para cualquier tarea, y acababa haciéndola. Pero por alguna extraña razón, la palmadita en la espalda se la llevaba mi jefe de rango, entre cigarro y cerveza.

Empecé a pasar del tema y me convertí en la camarera que nadie querría que le sirviera. Rancia, renegona, cabreada con el mundo. En el búnker de aquel restaurante nadie respetaba una mierda. Incluida yo. Descuidé el trabajo. Daba igual si lo hacía bien o mal, nadie se daba cuenta. En cualquier momento nos largaban a la calle. Nuestro trabajo no era en absoluto valorado. Aquello se convirtió en una competición camuflada por ver quién era capaz de escaquearse más tiempo.

Violencias en el mundo exterior del trabajo

Mientras nosotras nos dejábamos los cuernos en aquel restaurante, en el mundo exterior se liaba parda. Las hijas de mi compañera decían sentirse abandonadas porque la madre estaba siempre trabajando. Y ellas con la abuela todo el día. Mi otra compañera pedía más días libres en el cuartel para sacar más ratos en el restaurante. El sueldo del verano le tenía que dar para pagar un uniforme, un chándal, libros y material escolar. El padre sólo se hacía cargo de darle el coñazo de vez en cuando. Otra, recién divorciada con dos nenes, tirando como podía y llorando por las esquinas. Y otra que el marido no quería divorciarse, tenía celos de sus compañeros de trabajo.

Creo que fue aquel verano cuando mi novio de entonces empezó a odiarme. Se enfadaba porque no nos veíamos. Pasaba de mí cuando le contaba cosas del restaurante. Me llamaba quejica y exagerada. Yo no tenía más vida que aquel restaurante.

El problema es el machismo

Llegó el año en que nació Podemos y nos volvimos locos por el empoderamiento ciudadano. Y a los jefes ya les daba un poco de miedo ese afán tan rojizo por reclamar nuestros derechos. Así que me relegaron del puesto de “la camarera de los novios”, en el que había estado varios años, al de “la camarera más lejana a la cocina”. De pronto mis piernas largas fueron la excusa para ponerme en aquel lugar.Parecía que me hubieran crecido de una boda para otra, y tenían una misión también. Llegar a tomar por culo de la cocina.

Aquellos años en el búnker-restaurante me aclararon muchas cosas que pensaba y no concretaba, que creía que eran problemas sólo míos y que la que fallaba era yo. No, yo no fallaba. Yo era una auténtica máquina de producir billetes, efectiva y eficiente, rápida y resolutiva. El problema era el machismo.  No había aspiraciones. Mandaban ellos, obedecíamos nosotras. La esposa del jefe llegó a decirme que echaba de menos a un camarero del verano anterior. Porque, decía, era muy fuerte y ponía muy bien las mesas en la terraza. En este momento estaba yo rulando por unos escalones una enorme mesa de esas de boda, a las que llamábamos discos. Recuerdo haberme mordido el labio hasta hacerme sangre, pensando por dentro en no contestarle, porque le hubiera sacado los ojos.

Un sistema capitalista y heteropatriarcal

Las anécdotas son miles. Las causas siempre las mismas: un sistema capitalista y heteropatriarcal que sigue pretendiendo tener a las mujeres subordinadas a los locos impulsos testiculares de los machos más alfas. Del que más habla, del que mejor viste, del que más pelas tiene. De poderosos, que nunca nos llevan a buen puerto. Son los grandes poderes financieros y los gobiernos traidores lo que nos lleva a esta crisis bestial. Los que nos impiden a los países del sur respirar, los que nos obligan a emigrar y a trabajar como esclavas, con unos sueldos de mierda y horas infinitas. Los que facilitan a las multinacionales a contratar niños y los que obligan a las mujeres a las tareas de cuidados, recortando derechos y libertades. Y todo esto no lo manejan las mujeres.

Hay que recordar que las mujeres nunca hemos hecho las guerras. Hay que recordar que cuando las mujeres nos unimos, otro gallo canta. Y nunca hay que olvidar las miles de mujeres que lucharon y murieron en defensa de nuestros derechos, ni los millones de mujeres que han sido asesinadas a manos de esos jodidos machos alfa, ni olvidar jamás que nuestra forma de ser se ha condicionado con estándares falsos y roles absurdos que hay que superar cuanto antes, hacerle frente desde ya. Me jode que se llame violencia de género a algo que deberíamos llamar terrorismo machista. Me duele en el alma ver en Antena3 cada día cómo pasan de una noticia de magazine a contar el asesinato de una mujer, con música del 007 de fondo y un periodista con cara de circunstancia. Nos están vendiendo humo para seguir manteniendo este sistema de mierda.

Decido no callarme

Por mi parte, he decidido no callarme ni una. Y por ahora me está dando buenos resultados. Quien no me escucha, me toma por loca o exagerada, ya sé por qué es. Y en ese momento, decido y prefiero no tener trato con esa persona.

Y sé que cada vez somos más mujeres las que entendemos que el feminismo es la única vía para salir adelante y conseguir los derechos que nos corresponden. La única vía para acabar con el heteropatriarcado que se está cargando el mundo. Así que animad a vuestras madres, hijas, hermanas y amigas a que demos juntas un paso adelante y nos empoderemos cada vez más. Que nos unamos, que nos defendamos entre nosotras. Que no nos callen cuando oigamos un “mujer tenía que ser”. Que levantemos la voz para hacernos escuchar, sin pudor, sin miedos.

Hagamos de la historia una Historia Feminista para contar.

About Tere Patú

30 años, Cartagena. Diplomada en Turismo y técnica en Comercio Internacional. Camarera y concejal. Cada día más harta y más consciente. Espabilando y sin callar.

6 thoughts on “Sonríe y asiente. ¡Eres camarera!

  1. Más allá del machismo que hubiese en esa empresa, y que en el ramo de hostelería brilla más que la estrella de la mañana, tu amigo es un hijo de…, bueno, su madre puede dedicarse a lo que quiera, un cabrón me refiero, y lo más feo es que cuando a los hijos de…cabrones se les ve venir pues ya sabes que un cabrón es un cabrón y actúas en consecuencia, pero cuando encima te atrapan en sus redes con el corazón mediando…, juego sucio a tope porque la emoción está reñida con la razón desde el principio de los tiempos. Hay relaciones de maltrato también entre amigos, de dominación, de narcisismos patológicos encubiertos bajo un magma de amabilidad, y luego está este sistema alienante y estúpido que todos alentamos todos los días sin ni siquiera darnos cuenta, porque hemos perdido hasta esa capacidad de ponernos en el sitio de los demás.

  2. Estoy de acuerdo con todo lo que dices. Es asi, tal cual lo cuentas.

    Solo una cosa, el líder de podemos también es un macho alfa. Ojo con eso!!!

  3. Excelente y pura realidad. Paternalismo, condescendencia y si te animas a decir algo, tanto hombres como mujeres te hacen sentir como una loca. Pero no. Resistencia y educación, y sobre todo hermandad entre mujeres, cuando logremos eso, que lo lograremos, será palpable el cambio. Pero a no olvidar, que AHORA también estamos cambiando.

    Un gusto de lectura, gracias

  4. Dura experiencia de explotación laboral y análisis clarividente. Sólo cabe la rebelión contra una anti-sociedad que nos impide vivir dignamente. Yo me apunto a esa rebelión, que implica poner en cuestión el desorden social existente y trabajar desde ya por vivir de otra manera en lo próximo y promover un orden más justo en el plano colectivo… con tesón y con la alegría de caminar juntas…

     

  5. Estoy de acuerdo con lo que has escrito,pero eso mismo ocurre en la familia.Las mujeres tenemos siempre que demostrar nuestra valía y el hombre hay que dejarlo al margen de los problemas familiares porque tienen muchos problemas?Y yo,no los tengo?O si los tengo ya me las arreglare que para eso soy hija,hermana,madre,trabajadora y eso sí me quejo mucho

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