¿Debemos cambiar nuestro cuerpo para defendernos del patriarcado?

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Ilustración: María María Acha-Kutscher

Os invito a una reflexión. Esta mañana me han sucedido dos situaciones violentas con hombres en un plazo récord de 10 minutos.

En la primera, estaba cruzando un paso de zebra: Es uno peligroso ya que los coches que entran en la calle al girar no ven si alguien va a cruzar. Como sé que es peligroso, me he cerciorado de que ningún coche pasara, así que he empezado a cruzar. Un segundo después un coche ha girado la curva y ha entrado en la calle, me había visto perfectamente, pero supongo que por comodidad no ha parado, como se hace a menudo en los pasos de peatones. Me he parado en seco porque sabía que no iba a parar. En un momento de rabia e impotencia al saber que nunca tendría la oportunidad de decirle a esa persona todo lo que siento, le he pegado un manotazo a la ventanilla, ya que ha pasado tan cerca de mi que la tenía bien a mano.

El coche se ha parado en seco y el conductor se ha girado desde su asiento para increparme, yo he cruzado la calle y he seguido mi camino. Pero la cosa no ha quedado ahí, el hombre ha salido del coche, ha parado el tráfico de toda la calle y se ha encarado a mi entre gritos diciéndome que “a qué santo yo le pegaba al coche”, yo me he acercado y le he gritado también, diciéndole que había estado apunto de atropellarme, hemos seguido con nuestros argumentos o excusas durante unos segundos y como él ha visto que no iba a ceder me ha dicho “a ver si te pego una hostia”, acto seguido se ha dado la vuelta y ha entrado en el coche.

Lo cierto es que si él hubiese sido una mujer yo hubiese actuado igual, este caso en concreto no creo que sea una cuestión de género. No pensé, incluso cuando me gritó me acerqué a él sin ningún tipo de miedo a pesar de que me gritaba y tenía una actitud violenta, yo consideraba que debía dejarle claro que no era correcto lo que había hecho. Sabía que no me iba a pegar, la calle estaba llena de gente, mirándonos. Sabía que no me iba a pegar, no porque tuviera razón, sino porque había gente. Si me hubiera pillado en plena noche otro gallo hubiera cantado.

El caso es que iba a comprar tomates, a la vuelta había un tipo musculoso y con tatuajes enfrente de un bar, sin nada que hacer, mirando la calle. Cuando he pasado por su lado me ha dicho “Pelirroja ¿Dónde vas con esos tomates?”. La frase en sí es estúpida, realmente tenía ganas de pararme y preguntarle seriamente qué quería decir con eso, pero sabía que si lo hacía iba a ser mucho peor.

Es lo que ya sabemos, una forma de llamar tu atención, una forma de marcar terreno “aquí soy el macho y aquí mando yo”(los perros hacen eso meando por todas partes), una forma de reafirmar su masculinidad. Es como ver un documental de la dos pero sin sofá donde quedarte frita. Después del reciente incidente, y ya pensando más racionalmente, me lo he planteado bien antes de encararme a él, así que lo único que he hecho ha sido girarme y enseñarle el dedo corazón. Y no ha dicho nada más.

Me he sentido tan desprotegida, tan impotente, tan rabiosa. La adrenalina me brotaba sin control, solo quería hacerle daño, demostrarle que no podían hacer eso con las mujeres, que la calle no era suya. Siempre he sido una chica con carácter, reaccionaria, de las que no callan, pero incluso en ese momento, después de esos 10 minutos me sentí mal. Quería responder del mismo modo que ellos lo hacían, con violencia, física y verbal, porque es así como ellos lo hacen, es ese instinto, provocado por la sociedad machista en la que vivimos.

Y entonces me planteé esta cuestión: ¿Tenemos que ser como ellos para que nos respeten? ¿De verdad no puedes ir tranquila por la calle, tienes que estar en continuo estado de alerta y en el momento en el que te violenten saltar a la yugular? ¿Debemos convertirnos en individuos pasivo-agresivas que enciendan un botón y se dispongan a cortar miembros? Este tipo de asuntos te hacen cuestionarte toda tu persona y tu entorno. Dejas de pensar que vives en un país “civilizado”, de pronto te asalta la idea machista de que la fuerza es lo único que importa, da igual tus metas en la vida, tus logros, tus proyectos, el querer ser buena persona, tu idea de la justicia, tu amor propio. Todo eso no importa, porque el día que un hombre quiera pegarte o violarte, seguramente lo hará, porque cree que tiene derecho y, sobretodo, porque puede hacerlo.

Hace dos años me apunté a Kick Boxing, después de haber sabido que habían violado a otra de mis amigas (un desconocido, en el portal de su casa). El panorama que me encontré me chocó completamente, chicos jóvenes, de 20 años a lo sumo, con muchas ganas de pegar, pegar porque sí, violencia gratuita y gratificante, esa era la razón por la que ellos lo hacían. Lo dejé. Mis motivaciones eran muy distintas, me aterraba pegar a alguien y que me pegasen, a pesar de que era a eso a lo que iba, yo iba allí para aprender a defenderme, pero para eso tienes que herir a alguien, tener esa predisposición, ese instinto. Y yo no lo tenía. Yo sólo quería que no me violasen.

Después del episodio de hoy vuelvo a plantearme las cosas. Pienso sinceramente en volver a las artes marciales, dispuesta a que me peguen, dispuesta a pegar a otras personas de manera gratuita, dispuesta a que el patriarcado duela. Pienso en apuntarme al gimnasio y cambiar mi cuerpo radicalmente, cambiar todo mi estilo de vida solo por temor, temor a que se apropien de mi espacio.

¿Deberíamos hacerlo todas? ¿Ceder al chantaje? ¿Tener una personalidad auxiliar de emergencia? ¿Cambiar nuestra mente, nuestro cuerpo, nuestro estilo de vida por miedo a lo que pueda pasar?

About Sara A

Todos tenemos una causa. El feminismo es la mía.

19 thoughts on “¿Debemos cambiar nuestro cuerpo para defendernos del patriarcado?

  1. Yo ya me he apuntado a clases de defensa personal. Y eso que no me ha pasado nunca nada grave… pero no quiero ser la débil del binomio. Quiero poder hacer algo que como mínimo me permita escapar. Y realmente es difícil darle una patada a alguien, aunque esté preparado para recibirla y te diga que lo hagas. no hemos aprendido a ahcer eso como han hehco los hombres. Creo que debería ser al revés, nadie debería aprender a pegar y no sentir remordimientos si lo hace. Pero hasta que no consigamos eso, creo que no nos queda otra que fortalecernos.

  2. No se si hay que cambiar por miedo, no se si autodefensa significa cambiar, más bien es adaptarse. Lo que tengo claro es que la respuesta no es la pasividad, no funciona. Pasivas-agresivas en el sentido de que si nos atacan nos defendemos. Pues sí. Ya está bien de la no-reacción, ya está bien de bajar la cabeza y avergonzarnos cuando nos falten al respeto, ya está bien el pensar que si un tío nos agrede físicamente no podemos responder. Responderemos con todas nuestras fuerzas. Si me agreden, agredo. Lo tengo clarísimo.

  3. ¡La gran pregunta!

    Antes no me preguntaba estas cosas. De niña jugué muchísimo en la calle, casi siempre entre niños porque a muchas de las niñas sus padres no las dejaban ni correr (diossanto) y mucho menos subirse a los árboles o jugar al balón… Así que estaba totalmente integrada con ellos. Si alguno se metía conmigo había pelea fijo. Unas clases de judo que hice con 7-8 años me sirvieron para defenderme toda mi infancia y parte de adolescencia. Simplemente consistía en tirarles e inmovilizarles en el suelo el tiempo suficiente para que vivieran la doble humillación: perder la pelea y perder contra una chica. Suficiente para que pocos se atrevieran conmigo…

    Ahora sigo teniendo ganas de partirle la cara al que se quiere pasar de listo conmigo por ser mujer, pero de alguna manera siento que no se pueden arreglar las cosas así… Sería muy satisfactorio en el momento, sí, pero ¿hacer que me respeten a base de golpes o de humillaciones? Es ceder ante la sinrazón, no es mi ideal, es simplemente un modo de sobrevivir en SU mundo… Pero a la vez es tan necesario poder defenderse en este mundo… Aunque solo sea por andar un poco más tranquilas y aumentar nuestra confianza en nosotras mismas. Quizá nunca usemos la fuerza, pero el saber que podríamos si fuera necesario es tan tentador…

  4. Planteas unas preguntas dificiles. No queremos perder nuestra esencia, pero tenemos que aprender a defendernos o al menos, de poder hacerlo en caso de necesidad. Pero si somos sinceras, por mucho que aprendamos, que moldeemos nuestro cuerpo y nos fortalezamos poco se puede hacer frente a un arma o varios hombres (no me tachéis de alarmista, pero puestos a dar ejemplos, cuando un hombre te asalta puede hacerlo sólo con su ego, con utensilios o en manada) En realidad, aún aprendiendo a defenderte no estamos 100% seguras. Es una triste verdad.

    Me apunté a defensa personal hace años, por entretenimiento, por deporte; sin pensar realmente en que alguien pudiera hacerme algo, aunque creo que nunca esta de más, por mucho que la salida no sea esta ¿violencia con violencia? No, creo que no; pero mientras andamos el camino intentando cambiar las mentalidades de los que abusan y reforzamos la educación para que se deje de mirar a otro lado, creo que es positivo que las mujeres y los más indefensos refuercen su seguridad, ya sea aprendiendo king boxing, defensa personal, karate….

    Un saludo

  5. Pues… que queréis que os diga. Esto es un problema que enfrentamos también los hombres, vosotras más, infinitamente más, pero todos, y más quienes nunca hemos sido un puto estereotipo machito, porque todos nos hemos sentido intimidados en algún momento o hemos sido golpeados y humillados por alguien más fuerte, físicamente o en una situación social privilegiada (joder…la de veces que me han humillado en entrevistas de trabajo o en el propio trabajo tanto tíos como tías…). Pero yéndonos a lo fácil, lo físico, yo, por un exceso de sensibilidad, hipersensibilidad quizá, estuve tentado en ese mundo del reparto de hostias, hasta el punto que llegué a creerme que si me convertía en alguien difícil de zurrar, mis problemas terminarían al menos en ese campo. Soy cinturón negro, incluso he sido instructor unos años, he dado clases de defensa personal femenina alguna que otra vez, y puedo decir que, si bien, no soy una bestia, sí me mantengo en buena forma. Pero…fue justo unos años después de esto cuando me dí cuenta de que todo era inútil, de que mis sentimientos de inseguridad no iban a cambiar por poder ser capaz de partirle la cara a digamos un 60 o 70 por ciento de la gente, porque hay algo básico en esta jungla, siempre habrá quien sea más bestia, más psicópata y más cabrón que tú. Quien gana la pelea es a veces el que espera a que te des la vuelta para clavarte una navaja, para romperte una botella en la cara, el más malo y el que no siente empatía con nadie. En mi caso, y esto ya es casi filosofía subjetiva, lo que me ayudó a salir adelante sin tantos sentimentos de amenaza fue aprender a defenderme en la vida, afrontar el miedo pero también resignarme a que nunca estaré totalmente a salvo de abusones y abusonas, y poder vivir con ello dándole a las palabras de los necios el valor que ellos mismos tienen. Que no hay nada peor que la soledad de quien no consigue siquiera hacer reaccionar a alguien a quien trata de ofender. No estoy totalmente a salvo, me hierve la sangre fantaseando venganzas que no llego a cumplir, se me llena la boca a veces con el «te voy a partir la puta boca», pero ceder a ello no me ha hecho sentir mejor jamás.

    La violencia como instrumento es patrimonio de todos, pero el sistema patriarcal es quien lo domina con mayor maestría, y ante eso el kick boxing es inútil.

  6. Yo soy una persona que no tolera las injusticias, vengan de quien vengan. Incluso aquellas que no van dirigidas a mí. Nunca me he callado la boca, a sabiendas de que me puedo llevar una hostia (aunque eso, aún, no ha pasado). Siempre le digo a mi novio que si algún tío me babosea, prefiero solucionarlo yo. Hasta el punto de que cuando me tocan el culo en una discoteca (porque ahí los hombres se sienten libres de meter mano a quien les dé la gana. Asco), agarro la mano del susodicho, la retuerzo y le digo: Como me vuelvas a tocar te corto la mano. Su reacción suele ser la de quedarse pasmados. Yo no tengo nada de fuerza física, pero creo que mi carácter fuerte no me permite dejarlo correr. Y aunque tenga mala uva en estas situciones de injusticia, os aseguro que es muy complicado en el día a día llegar a enfadarme. Quizás por mi carácter me envalentono y no pienso las consecuencias, pero a mis 31 años no me ha pasado nada y no vivo con miedo. Espero que siga así.

  7. Yo creo que la autodefensa es el aprender a que la realidad dista mucho de lo que deseamos y que necesitamos aprender a protegernos. Y así como nuestro rostro demuestra que estamos aprendiendo a no dejarnos violentar mirando de frente al mundo casi de forma natural así lo ara toda nuestra cuerpo !

  8. De todas las situaciones violentas que me tocó vivir con varios hombre, por no callarme y no seguir caminando con la cabeza baja, el que más recuerdo fue un encontronazo con un taxista. No tenía cambio y cuando le pagué se enfureció. Empezó con la cantaleta de que debía ser yo quien le diera el dinero justo, que las mujeres siempre están sin cambio… Cansada de escucharlo, me bajé y le pedí el dinero por la ventana del acompañante. Me devolvió todo en monedas, que comenzaron a caer (no una, ni dos… casi todo el puñado). Indignada le pido que me de el dinero como corresponde y fue entonces cuando soltó un «Andá a cagar, loca de mierda» e intentó irse. Fue tan grande la impotencia que me pare frente al auto. Llovía, pero no me importó. Eran las 8:00 de la mañana y estaba frente a mi trabajo. Amagó con encender el auto y hasta amenazó con «llevarme puesta», pero no me moví. Solo le repetía que no me faltara el respeto y que me diera el dinero que me correspondía. Una camioneta que pasaba por la esquina me vio y me preguntó si estaba bien, a lo que el taxista respondió: «¿Y vos qué te metés? ¿Te la querés ligar?», persuadí al conductor de irse, mientras continuaba firme frente al taxi. Él al principio se reía de esta «loca de mierda» pero después se puso incómodo y cuando la gente de la cuadra comenzó a salir ante mis gritos, sintió vergüenza. La vergüenza de quien se abusa de su condición, de quien cree que ante una mujer puede actuar como le venga la gana. Así estuvimos unos 15 minutos hasta que un compañero de trabajo salió y le pidió de malos modos que me diera el dinero como correspondía. Él no dudo, me culpó nuevamente de ser una «loca» y terminó accediendo. Si me hubiera pasado por arriba con el taxi, de seguro hubiera lamentado mucho el costo de hacer valer mis derechos. Pero esa mañana reafirmé que no hay que correrse, no hay que ocultarse, no hay que tragar bronca.

  9. En las artes marciales hay mucho machito con ganas de liberar adrenalina, pero no todos los grupos son así. Aún a malas, en muchas ciudades hay grupos no-mixtos específicamente para aprender defensa personal ante hombres y quizás pueda interesarte más el Ai-Kido que otras artes marciales porque está específicamente pensada para la auto-defensa (desarmar y reducir a un agresor) y no es tan violenta como otras.

    Lo del coche me pasó a mi algo muy parecido, aunque el tipo no se bajó a amenazarme, sólo me increpó desde dentro y la verdad es que uno arde de indignación con cosas así. Lo de los tomates, en fin, el pan vuestro de cada día.

    A mucho que tengáis que soportar cosas así, cuanta masculinidad mal entendida.

  10. Hay artes marciales y disciplinas de defensa personal que son realmente defensivas, es decir te enseñan a protegerte, a reaccionar defensivamente, no a pegar. El kick boxing no era tu deporte, va de patadas y puños. Te vendría mejor el judo o el aikido, que no consisten en sacudir a nadie, sino en impedir que otra persona te domine. Además en estos deportes, al no ser violentos, no suele haber personas deseosas de pegar. Para aprender a defenderse, los ataques son simulados, de teatro, para que veas cómo esquivar e inmovilizar a una persona violenta.

    Yo probé el jiu-jitsu y me encantó, el sensei era un señor de 1,55 m, con gafas, que pesaba menos que yo. Y ni un solo musculitos iba a despeinarle siquiera.

  11. Yo creo que la violencia como autodefensa es totalmente legítima y un modo de supervivencia.

    No creo que se trate de cambiar nuestro cuerpo ni nuestra mentalidad si no una herramienta para enfrentarnos a x situaciones «de la vida cotidiana» que nos ha todo vivir. Por ejemplo tambien deberíamos de saber electricidad, fontanería, carpintería… Porque es una herramienta mas para solucionar problemas que se nos presentan dia a dia.

    No podemos obviar que vivimos en una sociedad patriarcal y que a diario tendremos que enfrentarnos a situaciones violentas, por eso debemos estar preparadas como forma de supervivencia, como forma de autodefensa.

    y recordad hermanas ninguna esta sola! Avisad a vuestras compañeras si no os sentís preparadas. Que tocan a una y respondemos todas!

  12. Creo al igual que muchas mujeres que comentan antes que yo, que defendernos y aprender a hacerlo es algo necesario, si bien penoso porque da furia que aun no se nos considere seres humanos, dignas de libertad y respeto… Pero también entiendo tu frustración y bronca, la impotencia, y las ganas de volverse una suerte de Rambo en versión femenina para partirles en pedacitos. Luego pienso en lo que he estado conversando con mis compañeras, acerca de que el patriarcado existe para someternos, no porque seamos el sexo débil, sino justamente por nuestra fortaleza, por nuestras capacidades, por nuestro potencial de liberación y de emersión, motivo de la frustración de tantos machos. Porque a mi entender su frustración no viene solo del hecho de que no nos sometemos como se supone que deberíamos, sino que además somos mucho más capaces, mucho más adaptables, mucho más felices (con o sin pareja) y eso se supone, deberían serlo ellos. Pienso en las mujeres que descubrieron la agricultura, las que inventaron la cestería y la alfarería, los principios de las medicinas con hierbas, las quaqueras que buscaron la liberación de los esclavos pese a ser ellas mismas objeto de la opresión de su época y que luego se pusieron a buscar el derecho al voto!… y pienso en mis hermanas de compromiso y no me siento frágil, ni impotente, ni frustrada, ni sola… tengo la fuerza de mis convicciones, todas podemos elegir vivir en solidaridad y hermandad femenina, no creo que necesitemos cambiar nuestros cuerpos, solo nuestras cabezas, que no es poco. Gracias por tu nota, se la voy a recomendar a mis amigas!!

  13. Indefensión aprendida, además queremos resolver estos asuntos de manera individual mientras el público asiste atónito, petrificado. Si le hubieran llovido tomates a cualquiera de los dos, dudo mucho que se plantearan repetirlo, los hombres tenemos unos privilegios gracias al heteropatriarcado y muchos no van a cederlo por respeto a la humanidad o por avanzar como sociedad, simplemente es poder y no van a cederlo … hasta que se organicen y nos lo arrebaten.

    Ánimo!

  14. Hola

     

    Vi esta entrada y me resulto curiosa…

     

    Y me identifico mucho con ella

    La verdad es que seria lo mejor al menos según mi punto de vista volvernos mas fuertes pues muchas veces no puedes esperar que te respeten y te traten bien solo por ser mujer

     

    Si por mi fuera… Me hormonaria con testosterona , haría ejercicio y se acabaría en teoría el problema Jajaja

    Yo no temo en perder la «esencia de mujer» por volverme mas como ellos mas masculina por así decirlo

     

    De hecho es algo que me gusta y me hace sentir bien y mas «protegida»

    Además…

    Hablando de lo masculino y femenino

     

    Que es ser un hombre ? Que es ser una mujer?

    No solo esta claro x nuestros genitales sino que hablo de nuestro comportamiento y de lo que siempre se ha esperado de uno y otro

    Al fin y al cabo eso es una construcción cultural …

     

    Y no hay nada genético que determine el carácter de todos los hombres y mujeres

     

    Salu2

     

     

     

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