Cómo me dueles, mamá

maternidad misoginia interiorizada cuidados
Ilustración: Paula Bonet

 

Me ha costado mucha formación feminista dejar de odiar a mi madre.

Crecí escuchándola refunfuñar mientras fregaba el suelo. Bien bajito, soltaba su discurso de odio hacia nosotres. Odio por ser la última, la esclava, la ignorada.

Como quien ensaya en la ducha todas las palabras de rabia que quiere decir pero no se atreve. Tampoco creería que lo que tenía que decir fuese importante. Eso ya se lo había enseñado este mundo.

Recuerdo que cada vez que la escuchaba murmurar, sentía una rabia inmensa. La odiaba. Por ser frágil, por estar siempre enfadada. Sentía que se victimizaba.

Cuánta misoginia interiorizamos para odiar así a una madre que sufre.

Mi madre fue la única mujer de 5 hermanos. La única que no pudo estudiar, porque tuvo que cuidarlos a todos.

Esclava primero de sus padres, después de su marido y sus hijes. Nunca tuvo un hueco para pensar en sus propios deseos, en sus propios intereses. Siempre al servicio de los demás.

Siempre la última en opinar, la que no sabe. La que se come lo quemado. La que aguanta el desprecio de sus hijxs mientras ve cómo respetan a su padre.

A quien acudíamos cuando se rompía un pantalón, pero no cuando había que pedir opinión sobre algo importante.

Cuando en mi casa se iba la luz, solíamos encender velas y sacar la caja de fotos antiguas del armario. Mi padre cogía las fotos de su vida y nos contaba historias.

Mi madre se sentaba con nosotres y escuchaba. No tenía fotos. No tenía historias que contar.

Cómo me dueles, mamá. Cómo me duelen todas esas madres.

About Alex

Últimamente vivo tratando de desaprender lo aprendido. Ni oprimidas ni opresoras: Feminismo antiespecista o barbarie.

7 thoughts on “Cómo me dueles, mamá

    1. yo pense que mi madre vivia en contra mia pir ser mujer mo.me queria un dia entendi que no queria niñas esclavas pues no le enseñaron otra cosa 

      Mama te entedi tarde ya no te puedo pedir perdon estas muy mayor y entiendas mal las cosas

  1. Ay qué gran texto, me ha llegado mucho. A pesar de que mi experiencia no es esa (pues mi madre por fortuna nunca vivió algo así) me ha recordado mucho a mi abuela. Ojalá todas las hijas y nietas del mundo leyeran este texto.

  2. Uau, que síntesis. Primero pensé en mi madre, algo parecido, otras quejas, otros rencores. Luego pensé en mi…mmmm, en qué dirán mis queridos vástagos. Tienen 9 y ya me manifiestan sus quejas. Yo contenta por haberlos criado con derecho a voz y voto, con culpa, desde luego (qué made se ha liberado de ella eh?) Por no hacerlo mejor cada día. Pero tu post me deja con una sonrisa. Es la ley de las vidas al parecer, superar a los padres, notar sus fallas y llegar a la adultez y crear total empatía con ellos. Buen post, gracias.

     

  3. Yo pensé en la abuela de mi madre. Un día alguien me contó que había sido violada por su padre y no sé cuántas veces la historia se repite en otras generaciones.  Tengo un primo que violó a su hija y está purgando la condena. Yo no odiaba a mi madre, pero cuando ella hablaba anécdotas graciosas de su padre, que había agredido sexualmente a las nietas,  yo quería que ella se callara. Quería decirle: pero él fue un monstruo; no le importó que aquellas niñas eran sus nietas. Abusó de todas.

    Antes de ella morir le pedí perdón por rechazar sus historias, pero ahora estoy segura de que ella no sabía que aquello ocurrió.

  4. Increíble la nota, me siento muy identificada, me llevó mucho tiempo ´´amigarme´´ con la situación de mi vieja, si, la sumisa, la que calla, la que se banca todo, absolutamente todo, y aún así, nos sigue cuidando, ´como te odié por bancarte todo, por no mandarnos a la mierda y luchar por vos misma,  por no ser el ejemplo que quisiera que fueras para mí, pero claro, con 5 hijos que cuidar, una casa que mantener,dando clases particulares para  poder aportar en casa, que tiempo vas a tener para dedicarte a vos misma, el viejo no estuvo por mucho tiempo, inmerso en sus libros mientras vos hacías lo que podías para separarnos de nuestras peleas de hermanos cotidianas, me avergonzó mucho tu sumisión, pero nunca analicé el contexto en el que creciste, la ausencia de papá y los quilombos nuestros de adolescentes. Que duro fué entenderte y amigarse con vos.

  5. No se qué decir.

    Todo eso lo entiendo. Sé que no es fácil superar el pasado. Que debo ser paciente y empática.

    ¿Pero qué hago si en su constante queja y remembranza de lo que la dañó nos hace daño a quienes la rodeamos?

     

    Sé que gente herida, hiere a más gente. ¿Pero cómo se detiene esto?

    Sobre todo, cuando ella se aferra a sus malos recuerdos y no los supera. Cuando no escucha, cuando cree que todos estamos en su contra, aunque en realidad quisiéramos que sane.

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