A propósito de “esos hombres”

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Ilustración: Sally Nixon

Hace un año salí de una relación que a nivel emocional fue como el Katrina, Fukushima y Haití elevados al cubo. Lo que había conocido hasta entonces era una aburrida película de sobremesa de domingo con Lorenzo Lamas de protagonista, comparado con tal experiencia. Me costó muchas horas de terapia y sí, también medicación para controlar los subsiguientes ataques de pánico y ansiedad. Salí, pero los fantasmas siguen ahí. Si es que alguna vez se llegan a ir, pues creo que, con el tiempo, lo que hacemos es simplemente aprender a vivir con ellos.

Consecuentemente elijo ser soltera. Y la verdad es que me mola. No me siento sola, no sufro, no me despierto empapada en sudor en medio de la noche preguntándome cuándo acabará tal agonía. Disfruto de mi gente querida, leo y escribo mucho, viajo siempre que puedo, canto y bailo en bragas y ciertamente duermo muy bien. Tengo mis momentos, como todo hijo de vecino, y a veces echo de menos un abrazo, una caricia; pero nada grave, vamos.

Sin embargo últimamente he recibido, sin pedirlos y sin venir a cuento, comentarios por parte de ciertos hombres tales como que “lo que hago está mal”, que “he de liberarme”, “vivir mi sexualidad”, “disfrutar de la vida”, que estoy muy cerrada a “tó lo güeno”, que” a ver si me presto más atención”, que “con eso de la soltería me estoy descuidando”, y un largo etcétera. El conjunto acompañado de un tono de reproche, condescendencia e incluso menosprecio, seguido de una mueca de satisfacción y soberbia al comprobar mi confusión y sorpresa… He de aclarar que dichos hombres no forman parte de mi familia. Tampoco son mis amigos. Ni mis amantes o ex-parejas. Bajo ningún concepto se incluyen en mi círculo íntimo. Apenas saben quien y cómo soy, menos aún sobre mis vivencias, de lo que quiero o dejo de querer, lo que me alegra o me disgusta. Y cabe añadir que en ningún momento han dado señales de estar muy interesados en conocerme.

Son hombres a los que, a pesar de mis limitaciones y mil y un defectos, siempre he tratado con respeto, simpatía, educación, cariño y empatía. Y también son hombres que, irónicamente, tienen un caos emocional capaz de parar el AVE, adicciones que dan para escribir una enciclopedia y que Txumari Alfaro se pegue un tiro, y que no entienden el sexo si no es en la promiscuidad, porque es muy posible que el planeta Tierra explote mañana mismo y por lo tanto no hay que perder ni un minuto más y debemos follar todos como conejos y si es sin condón, pues mejor. Súper liberados y en sintonía con el cosmos, vaya.

Es fácil comprender el porqué de estas constataciones respecto a mi decisión de soltería, y va mucho más allá del tópico tan manido ya de “Si una mujer de más de 30 está sin pareja, es que algo chungo ha de tener”; porque todos tenemos algo chungo indistintamente de nuestra edad y sexo, y el que diga que no, que tire la primera piedra. Viene de algo más profundo, y es el placer inmediato que les produce a ciertas personas el denigrarte. Cuando lo hacen se sienten superiores, siendo tal necesidad de grandiosidad gratuita un reflejo directo de lo poco que se consideran a ellos mismos. De ahí también los vicios varios, estímulos para calmar las constantes pulsiones, el sufrimiento. La independencia ajena les recuerda su propia dependencia enfermiza, y es insoportable.

Conozco muy bien a este tipo de hombres… He dormido con ellos, compartido hogar, confiado en vano y hecho planes de futuro que evidentemente, con semejantes sujetos, se fueron a tomar por culo a la velocidad del rayo. Hasta hace poco solían gustarme mucho. Me atraía su oscuridad, en un intento de resolver mis propios conflictos. Nos buscábamos mutuamente: yo, porque no entendía la relación con el sexo opuesto sin el dolor; ellos, porque les permitía que se me subieran a la chepa todo lo que quisiesen no, lo siguiente. Supongo que algún resquicio de mi propia adicción a lo oscuro debe quedar todavía y deben ellos de olerlo, de lo contrario no seguirían viniendo a mí con semejantes finuras prosaicas.

Por otro lado, tengo la gran fortuna de contar a mi alrededor con hombres íntegros, respetuosos, comprensivos, amables y dulces que jamás osarían pronunciarse como potros desbocados ante cualquier decisión de vida ajena que no les competiese (y siempre y cuando ésta no supusiese un peligro físico y/o emocional para quien hace la elección y los que le rodean). Por muchos fantasmas que lleven dentro, que también los llevan. Ellos me hacen ver el otro lado de la moneda, con su humildad me permiten ser yo misma, y sentirme como en casa. Y es gracias a ellos y a mi fe ciega en los unicornios y el amor universal que ADORO a los hombres y no me he convertido en una soltera con apartamento en Mordor.

Así pues, hombres cual troneros en el especial Navidad del “Sálvame Deluxe”: guapísimos, partidazos, en vuestro universo personal fijo que lo moláis todo y sois los putos amos. Pues quedaros ahí, anda, y dejad ya de joder. Si en realidad os importo una mierda, no perdáis más tiempo conmigo, que en serio no vale la pena. Ni yo estoy hecha para vosotros, con vuestros comentarios ya lo habéis dejado más claro que el agua cristalina de manantial, ni vosotros para mi. Reconozco que os he dado un montón de coba, asumo totalmente mi parte de responsabilidad en el asunto, pero estoy cansada. Agradezco vuestra preocupación por mi alarmante situación, pero yo decidiré hasta cuando dura el proceso de recuperación de mis traumas varios, qué debo hacer con mi vida y cómo disfrutarla. Por favor, continuad dándolo todo como si no hubiera un mañana. Os aseguro que no voy a ser yo quien os corte el rollo.

Os deseo lo mejor, sincera y llanamente.

About Silvia Portella Torres

Soy una ilustradora de Barcelona. Viví en Berlín durante 8 años, donde descubrí un concepto de la mujer que difiere mucho del que se tiene en España, lo que no hizo más que reforzar mis valores.

6 thoughts on “A propósito de “esos hombres”

  1. Brava.  Gracias por compartir algo tan íntimo.

    suscribo al 100 % tus palabras. Hace algunos años pasaba por el mismo proceso, el efecto espejo ha sido brutal.   Espero que tu análisis llegue a cuantas más mejor, que aprendamos cuanto antes a valorar la luz y huir de las personas oscuras.

     

  2. Me ha encantado leerte. Una verdadera muestra de por qué no tenemos los tíos que ir tocándoos los ovarios diciendo cómo tenéis que vivir porque nuestra polla bla bla bla,

    Ojalá muchos lean esta entrada y sean capaces de empatizar contigo y con tantas mujeres que se sienten así.

    Chapeau! Un abrazo!

  3. Ánimo, sigue en tu línea. Me siento muy identificada! He optado por la sologamia por un tiempo indefinido por causas similares a las tuyas. Me ha gustado mucho todo lo que has explicado, nos pasa lo mismo a las que no queremos ser madres…

  4. Un clásico, el “hamijo” que se preocupa por tu bienestar sexual y porque no te conviertas en “una amargada”, juas, y en consecuencia te alecciona muy amablemente sobre tu vida con frases llenas de “deberías”. ¡Ay, mari, que me los quitan de las manos!

  5. Buenísimo post. Yo acabo de cumplir 41 y acabo de salir de una relación tóxica de abuso emocional donde me fueron infiel repetidas veces y casi me matan el alma en el proceso. Desde los 20 hasta ahora he tenido solamente 4 relaciones de pareja (por el estilo). Miro alrededor y solamente veo a hombres narcisistas, inconscientes, ajenos al dolor que causan con su falta total de respeto e inmadurez, incapaces de ser fieles o de dar cuidados y cariño sincero. Miro atrás y la causa de la destrucción de mi autoestima, de mis depresiones y hasta de mi intento de suicidio ha estado relacionada siempre con el dolor inhumano y los traumas que me han causado los hombres. He decidido dedicar el resto de mi vida a estar sola y a ser feliz. El tiempo que he dedicado a los hombres ahora lo dedico a colaborar con protectoras de animales. Quiero vivir el resto de mi vida feliz y contenta, sin preocuparme de si me quieren o me van a poner los cuernos o si me van a respetar, y sobre todo con la sensación de haber conseguido mi libertad personal.

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