“Estoy mala”; nada más femenino que enfermar una vez al mes.

medicina androcéntrica menstruación regla dolor de regla histeria
Fotografía: Arvida Byström

 

En Andalucía es muy común decir que los días en que tienes la regla “estás mala”, así tal cual, sin añadir más explicaciones, como un eufemismo más de los que usamos en esos días. Si quien oye esta expresión, desde su ingenuidad o extranjeridad, no la comprende, y pregunta sin más pudor “¿qué te pasa? ¿mala de qué?” se encontrará con que ha despertado cierta incomodidad en la mensualmente-enferma interlocutora, obligada ahora a explicitar que está con la regla.

Quizá porque en mi casa no se usaba nunca esa expresión, o por mi afortunada ausencia de síntomas durante la regla, he sido muy a menudo esa persona que preguntaba preocupada por la “enfermedad” de su amiga. Y es que no deja de sorprenderme que se llame “estar mala” a un proceso natural por el que todos los meses pasamos las (cis)mujeres. Más bien, lo preocupante e indicativo de posible enfermedad o problema sería la ausencia de la regla… ¿Estoy cambiando de peso muy rápido? ¿Estoy estresada? ¿Tengo ovarios poliquísticos? ¿ESTOY EMBARAZADA? Se queda una más tranquila cuando su cuerpo le avisa de que nada de esto pasa y todo marcha normalmente.

Abusando de mi ingenuidad, suelo preguntar que por qué dicen que están malas si no se encuentran mal; entendería el uso de esa expresión cuando tienes tantos dolores que tienes que pasar el día en la cama, pero decirla mientras estás por ahí de cervezas, pues oye, no me lo termino de esperar. Muchas veces te contestan que no tiene nada que ver con una enfermedad, que simplemente es que “se dice así”, y no quiere decir que estén patologizando su menstruación ni nada… Bueno, lo de que el lenguaje no signifique nada y que sólo son expresiones creo que llevamos las feministas desmontándolo ya un tiempo.

Sin negar que la regla puede ser bastante incómoda y dolorosa para muchas mujeres, eso no quita que históricamente se ha considerado a la menstruación como la prueba de que las mujeres somos “hombres imperfectos”, desviaciones del canon de normalidad que sería lo masculino, pues nosotras tenemos complicaciones hormonales cíclicas que nos impiden ser estables y racionales, de lo que se deriva que lo que nos pase o sintamos en esos días no debe de ser del todo tomado en serio, porque nuestra naturaleza femenina se apodera de nosotras de alguna extraña manera. La idea de la menstruación como enfermedad y de las mujeres como víctimas de su propio cuerpo es algo que subyace a nuestra cultura y desde luego a nuestra ciencia médica (de esto, y de la presencia en la historia y en la actualidad de sesgos androcéntricos en la medicina, pueden les defensores de la neutralidad y la objetividad de la ciencia leer más en este libro de la doctora Carme Valls-Llobet).

Mirando qué atención se presta desde las instituciones más poderosas, respetadas y prestigiosas (en el mundo científico) al malestar de las mujeres relacionado con la menstruación, es interesante ver cómo en el nuevo Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales, el DSM-V , editado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA por su nombre en inglés), aparece un nuevo trastorno depresivo: el trastorno disfórico premenstrual. Esta nueva entidad patológica exige para su diagnóstico la presencia de síntomas como labilidad afectiva, irritabilidad, sentimientos de desesperanza o autodesprecio, ansiedad, entre otros. Dejando a un lado la crítica de cómo de autónomo puede considerarse este trastorno (pues no por ponerle un nombre ya se convierte en algo real), estaría la crítica de qué se consigue con semejante patologización de un malestar tan típicamente femenino. Ojo, que no se trata de negar que muchas mujeres en efecto se sientan más tristes o irascibles en los días previos a la menstruación, la cuestión es a dónde nos lleva considerar a esto un trastorno depresivo. Sólo categoriza y etiqueta a ese malestar, pero no ayuda a explicarlo ni a que lo comprendamos.

A lo primero a lo que nos lleva es a un nuevo nicho de mercado farmacéutico: Sarafem. Este nombre tan femenino no es más que una nueva forma de llamar a un famoso antidepresivo muy utilizado, la fluoxetina, comercializado como Prozac®. Aparte de las implicaciones económicas, están las implicaciones sociales de lo que esto significa: se psicopatologizan los malestares femeninos a base de su útero, adaptando la histeria de los siglos pasados al biologicismo que impregna la ciencia actual. De esta forma también se esencializa a las mujeres como depresivas, enfermizas y de alguna manera impredecibles, mientras esta etiología orgánica y hormonal (que tan respetable suena) sirve para ocultar los malestares sociales expresados por las mujeres (véase más aquí).

About Franziska Pecadora

Soy amante de los gatos, de los libros de politiqueo denso, de la música a muy alto volumen y de las discusiones. Cuando algún hombre dice alguna burrada sobre las mujeres y/o el feminismo me gusta mirarlo con condescendencia y reírme muy alto. Estoy muy de acuerdo con lo de que “Hay un lugar especial en el infierno para las mujeres que no ayudan a otras mujeres”, que dijo Madeleine Albright. Sororidad, hermanas.

3 thoughts on ““Estoy mala”; nada más femenino que enfermar una vez al mes.

  1. Es la primera vez que me decido a escribir aquí, aunque trato de leer todos los artículos.
    Sabemos tan poco de nuestra menstruación que muchas no sabemos distinguir lo que es normal de lo que no lo es, todo rodeado de falsas verdades como el dichoso “siempre duele”. El trastorno disfórico premenstrual es una enfermedad bastante desconocida hasta ahora. Al fin y al cabo “todas somos unas locas neuróticas cuando estamos de regla” para muchos.

    Hay varios vídeos en youtube ( https://www.youtube.com/watch?v=Tmpv4FQ2JS8 ) donde mujeres que lo han pasado hablan de sus experiencias con él y de que, hasta conseguir saber que de verdad era una enfermedad, las tacharon de locas y agresivas. Una incluso contaba que su madre, que también lo padecía, se largaba de casa y la dejaba sola varios días.

  2. Nunca me encontre mal.con.la regle y mis amigas se esteñaban decian qyue eso es imposible
    Yo.creo que esta en la cabeza pues tampoco note ka memopusia

  3. Sólo disiento en una cosa: sobre el SDP, y desde luego es porque yo lo sufro, no cabe duda pero me gustaría exponer mi opinión:

    Yo sufro Síndrome Disfórico Premenstrual, lo sufro desde que tengo la regla y desde los 15 años llevo yendo al médico a contarle lo que me pasa (que no se queda en un malestar normal, sufro dolores que me hacen vomitar, fiebre que hace que me salgan llagas en la boca, cambios de humor horribles y alucinaciones, por contar los más llamativos) a pesar de lo cual hasta los 22 no se me diagnosticó. Y no lo hizo un médico de cabecera o un ginecólogo, si no un psiquiatra al que me derivaron porque “a ti lo que te pasa es mental, fisiológico no, tendrás trastorno bipolar”. Ningún médico, a excepción de una matrona que me hizo una citología, me dijo nunca que la regla no dolía. O que no tenía que doler. A lo sumo me decían que los dolores no hay por qué pasarlos y me recetaban ibuprofeno. En mi experiencia y en la de las mujeres con las que he tenido confianza para comentarlo, la regla es vista por el personal sanitario como un estado que está ahí, que no se debe tocar, un tabú que tenemos que pasar solas con la ayuda de nuestras madres y abuelas y que nos enferma (en el norte no decimos que estamos malas, decimos que estamos indispuestas”) y nos trae dolores y malestar pero que no es tan patológico como para ser tratado por personal profesional, aunque sea con unos síntomas tan claramente patológicos como los que yo sufría.

    Se nos enseña la dualidad de que estamos malas cuando menstruamos y, siendo la regla inherente a la mujer (cis), enseñar que se está mala o indispuesta por estar menstruando es enseñar que se es menos por ser mujeres; pero a la vez que lo que pasamos sea lo que sea no es importante como para que la medicina le ponga un nombre y se crea que es una enfermedad, hasta ahora, porque a las mujeres no se nos cree cuando nos quejamos y se nos tacha de débiles, cuando ya me gustaría haber visto a mí a los médicos que me miraban por encima del hombro y me decían que no tenía nada pasar lo que yo pasaba cada mes durante 15 días. Para mí es un triunfo que se estudie la menstruación y se reconozcan las patologías que pueden acompañarla, diferenciando una menstruación sana de una que no lo es y no poniéndolas a todas en el mismo saco de “cosas de mujeres”.

    Sobre los intereses farmaceúticos en todo ello yo te puedo decir que en mi caso me dieron la minipíldora (no puedo tomar estrógenos por un problema familiar) y en ningún momento se comentó darme antidepresivos salvo como ultimísimo recurso, pero como en todo dependerá del profesional que te toque y de cuánto margen se lleve por recetar uno u otro producto, lo que en mi opinión es un problema general de la sanidad.

    Muchas gracias por escribir y darnos un espacio libre donde comentar.
    Salud, feminismo y sororidad!

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.