Mía y de nadie más

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Ilustración: Camille

Cada día me despierto sobresaltada, por las mismas pesadillas. Una noche tras otra. Y realmente siento que estoy mejor de lo que habría esperado de mí misma. Que estoy luchando, que no estoy siendo una cobarde, pero a la vez me tengo que repetir varias veces al día una serie de palabras: “Soy mía, de mi propiedad, y de nadie más”. Como si de un credo de una religión se tratase. Sé que no soy la única, y gracias a los textos de tantas otras compañeras estoy aprendiendo. Viendo todo por lo que pasé. Y superándolo, pero poco a poco.

Hará casi dos años comencé a salir con un chico con el que se suponía que yo no iba a tener problemas. Un chico supuestamente feminista, muy metido en política, que era amigo mío desde hacía años. Pero empezaron a darse situaciones que no me cuadraban, empezó a manipularme para que hiciese cosas que no me apetecían hacer, muchas veces peligrosas para mí misma. Yo no me sentía bien, pero me dejé hacer. Fui una verdadera estúpida.

Empezó a malmeter contra mis amigas, me separé de ellas. Empezó a mal meter contra lo que yo estudiaba, contra todo en lo que yo creía. Me hacía sentir mal si me apetecía cambiarme el color o largo del pelo, me instaba a que no me maquillase… Y yo tonta de mí seguí con él. Hasta que él decidió que ya no quería “soportarme”, porque yo estaba mal. Y me dejó.

Estuve unos meses después aún así con él, como amiga, como rollo, como lo que él quisiese de mí. Aunque él me dijese que no me quería. Hasta que empecé a leer. A formarme. Hasta que conocí a otra persona. Y entonces fue cuando él se asustó.

Me dijo que quería volver conmigo, que me necesitaba, me amenazó con suicidarse si no. Después me amenazó con matar a la persona con la que estaba, y llegó a dar un puñetazo a muy pocos milímetros de mi cara. Justo entonces dejé de estar ciega, pero entré en shock. Me escaqueé diciendo que necesitaba pensar. Llegué a casa y fui en busca de la ayuda de mi madre, en estado de pánico. A los días reuní el valor para mandarle un mensaje diciendo que no quería nada con él.

Y se presentó en mi portal a esperar a que volviese a casa. 

Él estaba cada vez más desesperado, y yo cada vez más asustada. Yo estaba mejor y él quería volver a controlarme. Y yo lo sabía. Esa noche llegó a amenazar con matar a seres queridos míos. A reconocer que me manipulaba, que me trataba mal, pero jurar y perjurar que no volvería a hacerlo. Y sin embargo a decir que me amaba y que incluso me fuese a vivir con él. Cuando él incluso tenía pareja en ese momento. Cuando yo ni siquiera tenía 20 años. Pero yo no estaba dispuesta a caer, aunque me tenía que repetir esas palabras todo el rato, que aún me sigo repitiendo cada día: “Soy mía, de mi propiedad y de nadie más”.

Él se fue, pero sigo con miedo a encontrármelo. A lo que pueda pasar. Tengo pesadillas con él, recuerdo todo lo que le soporté cada día. Y pienso que nunca más lo permitiré.

Soy mía, de mi propiedad y de nadie más

About Keyra R.

Mujer madrileña estudiante de ingeniería, deconstruyéndome poco a poco, y con muchas ganas de aprender. Pero también de compartir lo vivido.

4 thoughts on “Mía y de nadie más

  1. El estúpido y el tonto, además de maltratador y posible sociópata, es él, no tú. Mucho ánimo en tu recuperación, te deseo una vida feliz al lado de alguien que te trate como las personas merecen ser tratadas.

  2. Bravo linda. Eres una superviviente. Poco a poco esto pasará, te estás haciendo fuerte y no olvides que aqui tienes un hogar donde refugiarte. Un abrazo enorme compañera.

  3. Los hombres, sí todos, a menos que hayan pasado por un proceso de deconstrucción de la masculinidad, son unos idiotas. No son psicópatas. Son fieles a la construcción de la masculinidad. Son hijos sanos del patriarcado.

  4. Ha pasado mucho tiempo desde que yo misma estuve en esa situación… no quiero mentirte, todavía tengo pesadillas en las que él parece por casualidad en el lugar en el que trabajo, en la cola del cine, en algún recital…  suele aparecer como protagonista de mis pesadillas cuando estoy pasando algún momento particular mente difícil, por trabajo o cuestiones personales, pero cada año que pasa soy cada vez más capaz de hacer frente, de agredirlo físicamente y de palabra, de echarlo de escena, de defenderme, de suscitar la reacción solidaria de otras personas. Es angustiante, pero solo es un sueño, son remanentes del miedo -real y casi palpable- de volver a caer en la misma situación con otras personas o de encontrarme a solas con él, una persona que pese al daño supe querer mucho, pero también persona que es totalmente incapaz de registrar el perjuicio que ha significado para mi vida, porque solo saben pedir perdón para lograr que regresemos… y lo que más me ayuda es (y ojala te ayude de algún modo) pensar que salí porque tuve amigas que me abrieron los ojos, amigas que me apoyaron, que me acompañaron y que fue mi deseo de ser y estar mejor lo que me impulso a estar mejor, y no el daño… porque nos amoldamos al dolor, nos acostumbramos hasta que de pronto miramos hacia afuera y vemos la pradera verde y la anhelamos y decidimos correr, decidimos arriesgarnos. Somos fuertes, valientes, capaces, leales, somos tantas cosas!! tenemos tantas maravillosas características en las cuales afirmarnos, de las cuales sacar fuerzas.

    Y no quiero ofender a nadie, pero me niego a pensarme como una superviviente o sobreviviente. Yo, no solo soy mía, soy protagonista de mi propia vida, estoy al timón de mi barco. Me han sucedido cosas terribles, sí, y por ser mujer me van a seguir pasando, pero tengo capacidad, de pensar, de entender, de reflexionar, de auto superarme y casi tan importante, cuento con un grupo de mujeres que me apoya, me escucha, me ayuda a pensar y me brinda su pensar y su reflexión, su compañía y su afecto. No puedo pedir más. Formo parte de un grupo de mujeres en mi país, si tienes la oportunidad, te sugiero que busques a las compañeras de Socialismo Libertario en España, las ideas y las teorías que nos unen a españolas y argentinas me han dado tanta fuerza y quizás estas puedan ayudarte también. 

    Podríamos decir que nos une el dolor de haber vivido lo mismo pero prefiero pensar que nos une el deseo de estar cada mejor, de ser cada día más de nosotras mismas, cada más quienes queremos ser

    Un abrazo enorme. Perdón por la perorata.

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