Puta metafórica

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Ilustración: Sara Herranz

 

De toda la vida me ha gustado estar sentada en un bar sola leyendo la prensa. Me gusta hasta hacerlo con mis colegas, imagínate cuando estoy sola. Sentada en la barra del bar con mi Jueves o una revista cualquiera. Tranquila y absorbida por las letras y las viñetas. Siempre lo he hecho y lo seguiré haciendo. Y en todo este tiempo me he visto interrumpida decenas veces, por hombres desconocidos a los que llamaba la atención lo que estaba haciendo.

He tenido que aguantar que esos hombres me dijeran lo que tenía que hacer -“ven a bailar”-, lo que no tenía que hacer – “una chica guapa no puede estar leyendo un sábado por la noche”-, lo que tenía que tomar –no, insistir 20 veces a alguien para que se tome un chupito no es ser un caballero-. La mayor parte de las veces el tipo en cuestión no insistía más allá de 5-10 minutos (que pueden ser eternos si no te apetece estar hablando con nadie, si no leyendo) en los que intentaba ser educada y amable pero dejarle claro que lo que quería era estar tranquila y leer.

Pero algunas veces con eso no llegaba, había que ponerse chunga; responder a la violencia de tener el aliento alcoholizado de un tipo en mi oreja con violencia verbal por mi parte. Incluso alguna vez alguno me ha seguido al baño y ha intentado entrar conmigo. Por suerte nunca ha pasado nada. Pero cuando por fin te pones chunga siempre suele ser lo mismo. Se llevan las manos a la cabeza y te dicen de todo. “Que te creerás muy guapa”, “tú lo que eres es una pija creída”, “PUTA”.

PUTA. Me han llamado tantas veces eso a lo largo de mi vida que ya lo tengo interiorizado. Puta porque digo que sí cuando quiero y porque digo que no cuando no quiero. Hay a quien le molestan los síes y a otros los noes. PUTA.

Puta a la cara, puta por detrás, puta a gritos en un bar y puta al oído. Lo tengo tan interiorizado que cuando oigo hablar de los HIJOS de PUTA ya siento que hayan salido de mi útero y me dan ganas de decir “No, yo no he parido a todos esos ladrones, políticos, engañifes, a la familia real, no, a mi no me metáis, yo no tengo culpa de nada”.

Un insulto que viene de la época en que lo peor que te podía pasar era ser hijo de una meretriz de las baratas. Porque los hijos de las caras eran bastardos y algunos hasta tenían el poder para quitarse esa lacra y esa mancha. Las descastadas con dinero se pueden comprar la casta, por lo visto. Pero si no tienes dinero y tampoco dueño, a la mínima de cambio vas a ser PUTA. Una puta metafórica.

Me han llamado puta muchas veces y nunca he cobrado por practicar sexo. No tengo nada en contra de la prostitución, pero no ha sido el caso. Lo he hecho con quien he querido, y sin avergonzarme por quererlo. Por lo visto eso también es ser muy puta.

Una vez un amigo me dijo que me vendía muy barata, yo le repliqué que yo no me vendía muy barata, yo me regalaba a quien yo quería. Hay gente que no termina de comprenderlo.

About Malala Ricoy Guijarro

Feminista, proabortista, tocofóbica, algo obsesiva y con muchas ganas de reventar al patriarcado

2 thoughts on “Puta metafórica

    1. Virginia, soy una puta de la edición de video, una putilla de la fotografía, un putón clown que se vende en la calle pasando la gorra. Me encanta que te haya gustado, te conozco de oídas y sigo de lejos tu trabajo, todo un honor!!

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