Ser feminista es tener los ojos limpios

Ser feminista hoy
Ilustración de la artista francesa Malika Favre

Abrir la boca, escribir o vivir de forma feminista es partir teniendo muy claras las barreras que encontrarás. Las barreras existen, son enormes moles reales, pero eso no significa que no podamos saltarlas. Tampoco quiere decir que sean eternas.

La principal barrera de la vida que llevarás como feminista es la de la posibilidad

La de la posibilidad del ser humano de ser capaz de salir de su propio cuerpo, de transcenderlo. Eso que llamamos empatía. Cada vez que te veas plantada delante de un padre, un amigo, un novio o un cuñado que te hable de feminismo, tendrás que ser capaz de pedirle que se ponga en nuestro lugar. Tendrás que pedirle que salga de sus cómodos pantalones, y antes que eso, que salga de sus anchos pañales. Tu primo, tu amigo, tu cuñado nunca ha concebido que lo que para él era la norma, para otros y otras es privilegio.

En este artículo no daré ejemplos concretos, porque gracias a la labor de tantísimas mujeres activamente implicadas, podéis encontrar tropecientos artículos sobre los privilegios de los que se benefician los hombres a costa de la sumisión femenina. Sin embargo, subrayaré el hecho de que la capacidad de ver las cosas desde otras perspectivas no es algo que se adquiera fácilmente.

Ese machismo diluido en la sociedad

Hablando de esto con una amiga, ella me contestó, sabiamente. «Claro, dices que es difícil para los hombres ser capaces de reelaborar su perspectiva poniéndose en nuestro lugar. Dices que es complicado vivir las dificultades de los demás. Pero tú y yo somos capaces de empatizar, por ejemplo, con los refugiados que huyen de la guerra o la opresión aún sin conocerlos. ¿Por qué nosotras somos capaces y ellos no?».

Y bueno, otra amiga decía que es que a los hombres no los crían para ser capaces de ponerse de verdad en el lugar de los demás. Y puede que algo de verdad haya en sus palabras. Pero no es esa la principal causa. Es fácil entender  a quien huye de las bombas y del hambre, porque esos son enemigos monstruosos, violentos, visibles, identificables. Pero el machismo, aunque a veces (muchas veces) es feroz, está diluido y es casi transparente en sus formas. Recordemos que no solo los hombres son incapaces de comprender las necesidades del feminismo: tampoco lo hacen muchas mujeres.

¿Adónde quiero llegar?

Hemos dicho que a veces es casi imposible saltar la barrera. Que hay hombres que no serán capaces de hacerlo, nunca. Porque joder, qué bien se vive en esos pañales, y qué difícil es detenerse y pensar. Al fin y al cabo la forma de vida feminista (sí, forma de vida) es algo que requiere mucha cabeza. El feminismo, para ser comprendido, exige el hacer epojé de toda nuestra realidad. Para que se entienda. Exige poner entre paréntesis y cuestionar toda la constitución de nuestra vida social, política y amorosa. Porque no se puede concebir el feminismo sin ver que todo lo que vivimos y hacemos es un producto cultural, no biológico o natural. Así, hacemos epojé y cuestionamos la vida de familia, la educación recibida, la concepción de lo que es femenino y masculino.

El feminismo exige deconstruir todo lo que viene después de que a un bebé asignado como varón o a un bebé asignado como hembra les corten el cordón umbilical. Transformar la visión, desde el principio hasta el final. Y eso sucede prácticamente en automático. Cuando una mujer o un hombre de verdad comprenden la visión feminista, es porque se ha producido en su mente un cambio cualitativo. Yo juraría que incluso se oye un click.  No puede tratarse de  pequeños cambios cuantitativos: desengañaos, no se puede ser «un poco feminista» ni «un poco menos machista». O se percibe lo contingente y arbitrario que es el funcionamiento de nuestra sociedad (es decir, se ve que bien pudiera haber sido otro tipo de sociedad), o no se percibe. Y cuando se vislumbra que lo que es no es así por naturaleza, cada acción y cada evento cotidiano cambiarán ante tus ojos.

El feminismo es limpiar la mirada

El feminismo es limpiar la mirada. Una vez limpia, todo lo que entra a través de nuestros ojos ha cambiado. Usaré las palabras de un amigo. «Es como cuando intentas boxear pero aún no has comprendido cómo funciona. Das golpes al saco y te paras ahí, en el golpe del nudillo y ya está. Cuando comprendes que lo que importa no es el golpe, cuando vas más allá del saco y te importa solo la dinámica de tu cuerpo, entonces es cuando de verdad boxeas. Y los golpes nunca volverán a ser los mismos».

About Elena Mateos

Filósofa, poeta.

3 thoughts on “Ser feminista es tener los ojos limpios

  1. Gracias por describir de tan bonita forma lo que es el feminismo. Hace unos años que llevo «metida» en el tema. Mi vida ha cambiado a mejor sin dudarlo un segundo: no juzgo, no ME juzgo, identifico al vuelo todo tipo de machismo que me envuelve día a día, me acepto tal cual soy, me GUSTAN eso que la sociedad tacha de «imperfecciones» como mis estrías, mis tetas talla 90, mis ojos y pelo castaños; comprendo la belleza del hecho de menstruar (para mí es la máxima de la belleza femenina) aunque me pueda quejar según el mes y, además, como próxima maestra de E.P. tengo la oportunidad y el honor de poder enseñar a los pequeñajes lo que es tener los ojos limpios de verdad.

    Cierto es, que tenerlos limpios te causa más disputas, más enojos por actitudes de las personas de tu vínculo, comentarios, darse cuenta de que lo que te rodea nace del patriarcado… Son muchas las ocasiones en las que siento rabia, pena, impotencia, por no lograr hacer entender una visión tan sencilla como la del feminismo. También rabio al reconocerme a mí misma que queda muchísimo trabajo por delante. Demasiado.

    Pero todo ello vale la pena por lograr, muy poquito a poco, hacer un mundo más limpio, sobre todo empezando por un@ mism@.

    Gracias de nuevo por tal belleza de post! ¡¡¡Saludos!!!

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