¿Pueden las feministas criticarse entre sí?

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Ilustración: Maria Herreros

La palabra “sororidad” se ha convertido en un concepto habitual del feminismo, que hace referencia a lo que en inglés se conoce como “sisterhood”, es decir, un hermanamiento.

Según el diccionario feminista de Rosa Candel, el concepto sororidad es definido por Marcela Lagarde, feminista y antropóloga mexicana  y precursora en acuñar el término, como “Una dimensión ética, política y práctica del feminismo contemporáneo. Es una experiencia de las mujeres que conduce a la búsqueda de relaciones positivas y la alianza existencial y política, cuerpo a cuerpo, subjetividad a subjetividad con otras mujeres, para contribuir con acciones específicas a la eliminación social de todas formas de opresión y al apoyo mutuo para lograr el poderío genérico de todas y el empoderamiento vital de cada mujer”.

Así, podríamos decir que la sororidad es considerada una especie de solidaridad que debe de existir entre mujeres para defenderse y luchar contra el patriarcado, criticando el androcentrismo y la misoginia; siendo conscientes de la discriminación existente por parte de la sociedad, por el mero hecho de ser mujer.  Es decir, la sororidad implicaría una relación de amistad entre las mujeres que hemos sido creadas tanto para ser enemigas entre nosotras, como para podernos dedicar plenamente a los hombres.

Ahora bien, vayamos al quid de la cuestión. Teniendo en cuenta todo lo anteriormente explicado: ¿pueden, las feministas, criticarse entre sí? La respuesta es: SÍ, POR SUPUESTO. Y de hecho, lo hacen. Sin embargo, cuando hacemos esto obtenemos respuestas por parte de otras mujeres u hombres como “tú no eres muy feminista” o, “eso no es muy feminista por tu parte”. Por tanto, ¿es incompatible esa sororidad con la crítica hacia otras mujeres?

En mi opinión, el feminismo puede y debe guiarte hasta ésa solidaridad, y cuando llegas a ese punto has de empezar a criticar. Como bien explica Caitlin Moran en su libro Cómo ser mujer: “¿Desde cuando se confunde el feminismo con el budismo? ¿Por qué demonios, por el hecho de ser mujer, tengo que ser amable con todo el mundo? ¿Y por qué las mujeres, para colmo, tienen que esmerarse por ser “cariñosas” y “comprensivas” siempre entre ellas?” Es absurdo. 

Hoy en día la sororidad es un imprescindible para continuar con la lucha feminista y el empoderamiento, sin embargo no considero que este concepto entre en conflicto o sea incompatible en absoluto con hacer críticas a otras mujeres. Ahora bien, es importante matizar de qué tipos de críticas estamos hablando, ya que estas deben de ser CONSTRUCTIVAS y no destructivas. Éstas últimas son las únicas que nos ha venido enseñando el patriarcado a hacer a otras chicas, sobre todo cuando se trata de temas que impliquen el aspecto físico, ya que es lo único por lo que hemos tenido que preocuparnos desde incluso antes de que tuviéramos uso de razón.

Por otro lado, si nos centramos en las críticas destructivas podemos darnos cuenta de que los hombres no son constantemente informados de que están oprimiendo a otros hombres con sus comentarios, ya que se supone que van a aceptar que otros hombres les pongan verdes de forma normal. Entonces ¿por qué una mujer no va a soportar esta misma idea? Somos seres humanos y muchas veces IGUAL DE MALVADOS UNOS CON OTROS, por tanto no reduzcamos la idea de las críticas destructivas a una cuestión únicamente de feminismo, ya que se trata de una cuestión de educación, cosa que muchas veces se nos olvida.

De hecho, las críticas son sin duda, muy necesarias. ¿Qué pasa, que por ser feministas tenemos que estar de acuerdo con todo lo que se diga? Obviamente no, como puede pasar y pasa en cualquier otro ámbito, ya sea en un partido político, agrupación musical o equipo deportivo. El feminismo se caracteriza por ser un movimiento con gran diversidad y pluralidad, y ¡menos mal!, ya que este es el principal factor de enriquecimiento. También se suele oír “pues no sé quién es feminista y piensa esto distinto a ti” y muchas veces deberemos de contestar encantadas “¡eso espero!”. Es decir, necesitamos un análisis crítico desde distintas perspectivas para llegar a un punto común.  ¿Cómo sería posible sino seguir aprendiendo y continuar el proceso de de-construcción del mundo para poder verlo de otra forma? No olvidemos que la verdadera lucha está contra el sistema que tenemos interiorizado.

Así que cuando os encontréis con alguna o alguno que se considere poseedor de la potestad necesaria para deciros lo que os hace más o menos feministas recurriendo a este tipo de argumentos que implican el criticar a otra mujer, poneos las gafas violetas para detectar una vez más otra forma de machismo encubierto: se nos está asignando de nuevo el rol de tontas, agradables, sumisas y conformistas que debemos cumplir. Es decir, se está usando un contra-argumento completamente distinto, ya que primero nos enseñan a criticar a las mujeres de forma destructiva y a valorarnos solo por nuestros atributos físicos, contribuyendo con esto a la brutal cosificación sexual; pero después cuando la conciencia feminista pone de manifiesto la necesaria sororidad,  se nos cuestiona nuestra condición de feministas por tener espíritu crítico con todo lo que nos rodea, incluyendo la crítica a otras mujeres. Es decir: se nos critica hagamos lo que hagamos; nada nuevo, vaya.

Por eso, es importante no caer en este grave error y ser conscientes de que no es más que otra forma de machismo, pero esta vez no les demos el gusto de sonreír con amabilidad y asegurar que nos mantendremos en los moldes para los que hemos sido diseñadas. Sí, principalmente necesitamos sororidad, pero también necesitamos mucha auto-crítica para poder seguir avanzando y crear un ambiente de afectos positivos y bienestar que contribuya cada día más al necesario empoderamiento feminista. 

Y por último, también necesitamos que nos dejen de decir lo que podemos hacer o no por ser feministas, eso sobre todo.

 

 

 

About Vicky Martínez Arévalo

Proyecto de feminista: siempre aprendiendo.

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