El tamaño, como la belleza, también está en el interior

hombres bajitos mujeres altas
Via Allied Artists Pictures

Releyendo el escalofriante artículo sobre la cultura de la pedofilia y comentándolo con una amiga, nos reíamos de lo fuera de mercado que estábamos ya, a causa de nuestra edad (yo pasados los 30 y ella los 40). Es triste que las mujeres cada vez “nos hacemos viejas” antes, y dejamos de tener atractivo físico no sólo ya para los hombres de nuestra quinta, sino también para los que son incluso mayores.

Dialogando sobre este tema derivamos la conversación en si, al igual que los hombres buscan mujeres jóvenes con aspecto aniñado, las mujeres también tenemos algún tipo de “cultura tarada” similar. Nos ponemos a hacer una lista de las cualidades que buscamos en nuestras parejas y llegamos a la conclusión de que casi siempre, en un % muy muy elevado, buscamos tíos grandes, más grandes que nosotras. Ya no sólo altos, que sí, sino también con un tamaño considerablemente mayor al nuestro. Y así, entre risas, hemos decidido llamarlo la “cultura de la machotefilia” (salvando las distancias con la de la pedofilia, ya que las consecuencias de esta no son equiparables ni de lejos, evidentemente).

¿Y esto por qué es? ¿Porque nos gusta sentirnos protegidas? ¿O pequeñas? ¿O manejables? ¿Acaso un hombre bajito es menos hombre? ¿O menos válido para mantener una relación? ¿A cuántas mujeres veis con hombres más bajitos que ellas?

¡Uy! Como siempre que tengo una charla con ciertas amigas (mis favoritas), mi cabeza se llena de preguntas, me genera un debate interior que me mantiene en bucle, busco artículos sobre el tema, leo y escribo… así que ¡Holi! aquí estoy.

Como sabemos, nos han educado con películas cuyo pilar fundamental es el amor romántico. Escenas en las que la chica se ponía de puntillas para besar al chico, que apoyaba la cabeza en su pecho mientras bailaban, que dormía en su casa y se ponía su camisa a modo de enorme camisón… Protagonistas masculinos con los que ellas se sentían resguardadas porque, como ya sabemos, una mujer sin su “macho” está desprotegida.

Y así aprendimos que si volvías a casa sola tendrías que ir mirando a tus espaldas, pero que si tu novio te acompañaba podías llegar más tarde porque estabas segura; que si pasabas sola junto a un grupo de tíos, te lanzarían piropos (o insultos), pero si lo hacías con compañía masculina, no te dirían ni mu; que si hacías un viaje entre amigas era peligroso, que era mejor que también fueran chicos; que si un baboso se ponía pesado en una discoteca y no aceptaba un NO por respuesta, algún amigo tuyo se haría pasar por tu novio y te quitaría el moscardón de encima…

Todo esto lo sabemos de sobra y hemos hablado ya largo y tendido sobre ello, pero lo que no decimos es que, claro, todas estas afirmaciones son válidas siempre y cuando el hombre en cuestión sea de mayor envergadura que tú, porque si no, al parecer, no sirve.

Pues bien, yo tuve un novio bajito, y cuando digo bajito quiero decir que le sacaba casi una cabeza (es fácil para mí, ya que alcanzo el metro ochenta y encontrar contrincantes de mi tamaño, a veces cuesta, la verdad). Este hombre, que fue mi pareja durante 8 años, era menudo por fuera, sí (también era más delgado que yo, y tampoco era de extrañar, ya que, como sabéis, en las parejas las cosas se hacen a medias, y él comía por los dos, pero luego era yo la que engordaba por ambos). A lo que iba, era menudo por fuera, pero era ENORME por dentro. Y eso fue lo que me enamoró de él. Era un hombre culto, que le gustaba leer, divertido, con quien podías hablar de mil temas de conversación diferentes, respetuoso, con la mente abierta, cariñoso, educado…

Tuve que aguantar miradas incómodas de la gente (mujeres muchas veces) y comentarios del tipo: “claro, te lo buscaste pequeño para mangonearle, porque te gusta mandar”… Y me jodían… pero no por mí, que llevo toda la vida siendo grande y estoy acostumbrada, me jodían por él. Porque daban por hecho que por su tamaño tenía menos personalidad, o menos carácter, o llámalo como quieras, que yo… Nunca contesté, más por respeto hacia él (pues entrar en esa discusión me imagino que le hubiera resultado incómodo), pero me hubiera gustado decirles que no, que no le mangoneaba, que no mandaba sobre él, ni decidía sobre su vida… Porque él tenía su pequeña cabecita (pequeña comparada con mi almendra) muy bien amueblada, tenía las ideas muy claras, tenía mucha vida interior que ofrecer y a mí me encantaba compartirla con él en igualdad. Pero claro, dices eso y luego “eres una histérica, que era una broma, mujer”… Ya…

¿Qué era lo que les incomodaba de nuestra pareja? ¿Les resultaba antiestético vernos juntos? ¿Hablando, riendo, paseando? Porque yo nunca tuve ningún problema para desplazarme por el mundo a su lado, ni para comunicarme con él… ¿Les producía rechazo imaginarnos teniendo relaciones sexuales? ¿Que él no me pudiera coger en volandas y empotrarme contra la pared? Pues miren, no, eso en concreto lo tenía complicado… pero ¿y? Pasé muchas más horas teniendo conversaciones interminables con él sobre historia, política, sobre cine, libros… sobre la vida… de las que pasamos follando (de lo cual, por cierto, tampoco tengo ninguna queja). Me sentí tan querida, tan respetada, tan acompañada… y para todo eso era tan poco importante el tamaño…

Después de romper nuestra relación, y tras la que sigue siendo uno de los hombres más importantes de mi vida (por eso de la cabeza bien amueblada y la mente abierta que os comentaba antes), pensé “Ahora me apetece un hombre alto”, y me sorprendí a mí misma buscando en las aplicaciones para ligar “empotradores de más de metro noventa”. Ilusa de mí, como si el tamaño fuese a garantizarme algo fuera de serie (cosa que no pasó, os lo puedo asegurar).

Ahora, con esa etapa ya superada, me encuentro leyendo artículos (a raíz de la conversación con mi amiga que os contaba al principio) titulados “7 razones para salir con un hombre bajito”, “Consejos para ligar para hombres bajos”, “Malas noticias para hombres bajitos y mujeres con sobrepeso”… y aguantándome las ganas de vomitar estereotipos.

Y ¿qué dicen estos artículos? Pues bien, joyitas de este tipo:

A FAVOR DE LOS BAJITOS:

  • “Para suplir sus carencias físicas, tienden a tener más labia. Son divertidos, sensibles y saben escuchar.” Y por eso luego te metes en páginas de contactos y buscas perfiles de tíos guapos y altos y sólo tienen puesta su foto, porque claro ¿Qué más quieres que te ofrezcan? ¿Que también cultiven su personalidad? ¡¡Por favor!! ¡¡Que ya son guapos y altos!!
  • “Para compensar su falta de atractivo, desarrollan dotes de liderazgo.” ¿Falta de atractivo? A ver si el atractivo de una persona radica en su personalidad y se están liando… Y, es más ¿desde cuando el liderazgo nos atrae?
  • “Te sentirás una supermodelo a su lado.” Claro, porque la única manera de sentirte guapa es rodearte de gente fea y bajita jajajaja Ay, no puedo añadir nada más sin implosionar.
  • “A los bajitos te cuesta menos retenerles a tu lado, porque tienen menos mercado.” Como si a las personas hubiera que “retenerlas” en vez de currártelo para que quieran estar a tu lado voluntariamente… y asumir que a veces el amor se acaba y que eso no tiene nada que ver con el mercado.

EN SU CONTRA:

  • “Caballo grande, ande o no ande.” Exactamente lo contrario de lo que nos dicen a nosotras, que debemos estar delgadas y ser pequeñas nínfulas, pero igual de injusto y asqueroso. Y luego, así pasa, que si eres más grande que él, te sientes una marimacho, gorda, enorme, poco femenina… y, por lo que dicen estos artículos, él sentirá miedo de que te lo vayas a comer o algo ¿no?
  • “El qué dirán.” Porque todas sabemos que es más importante lo que piensen los demás que tu propia libertad a la hora de tomar decisiones sobre tu vida… En fin.
  • “Una tía alta con un tío bajito queda feo.” Claro, no pegan, como si fuesen un pantalón negro con una camiseta azul marino, como si tuviésemos que quedar bonitos a los ojos de los demás, como si fuésemos objetos… ¡Oh, espera! Si esta sociedad ya nos trata siempre como tal, no sé qué me sorprende.
  • “Con los tíos bajitos no te podrás poner tacones porque te dará vergüenza.” Pues, punto número uno: genial, porque los tacones son incómodos y te joden los pies, así que cuanto menos te los pongas, mejor. Punto número dos: no deberías condicionar tu pareja a una prenda de ropa, y si así es, háztelo mirar. Y, punto número tres: si él está seguro de sí mismo -y en eso también tendrá mucho que ver tu actitud- si un día decides ponértelos, te cogerá por la cintura y se sentirá orgulloso de tener a semejante hembra a su lado -en el sentido más animal de la palabra hembra.
  • “Con un hombre bajito te sentirás como si fueras su madre, pero un hombre grande es el macho alfa con el que querrás procrear.” Dando por hecho que todas les queremos para procrear y obviando que luego la mayoría acabamos comportándonos como sus madres, independientemente de su estatura, paradojas de la vida.

A estas alturas, y con mi cabreo in crescendo, aterrizo en una noticia en la que hablan del actor de Juego de tronos (sí, el enano) y se sorprenden de que su mujer sea una tía de estatura normal y, es más, de que tengan una hija… Porque claro, los “esperpentos” sólo deben relacionarse y procrear entre ellos ¿no? Así que, mira, decido dejar de leer porque me conozco, y con tal de llevar la contraria acabo desarrollando una “enanofilia” (o como se llame) y tampoco es plan…

En conclusión, amigas, que nos pasamos la vida jactándonos de ser mujeres independientes, fuertes, resolutivas, de no necesitar a nadie y luego resulta que queremos a nuestro lado a un hombre que nos proteja. Cuando, no nos engañemos, si un tío te ofrece protección, normalmente lo hará de manera paternalista y condescendiente, con lo cual, su protección pa él. Estamos acostumbradas a que “lo normal” sea ver a hombres grandes con mujeres menudas y a que ellas parezcan “manejables”… y claro, a las mujeres nos encanta que nos manejen ¿verdad?

Entonces ¿qué puedes hacer si te enamoras de un tío más bajito que tú o si, caprichos del destino, has nacido siendo una bigarda como yo y casi toda la humanidad te mira desde abajo? Pues muy fácil, relaciónate con las personas en igualdad, independientemente de su estatura. Porque, aunque sea una frase muy manida, de verdad: el tamaño no importa. Lo que de verdad importa es cómo usas la materia prima de la que dispones y, en este caso, esa materia es gris y está dentro de nuestras cabezas (estén a la altura que estén). Evidentemente habrá tíos que te atraigan y tíos que no, bajitos y altos, pero que su altura no sea un condicionante porque, si lo es, estarás desestimando su valía sólo por su físico y, entonces, estarás jugando al juego que te dictan los estereotipos del patriarcado. Y eso sí que jode.

Así que, amigas, hagámonos mirar lo de que los tíos bajitos no nos gustan, porque quizá esa persona que alberga ese cuerpo tan menudo te pueda ofrecer muchísimas más cosas que el maromo de turno. Y si conoces a alguien que te hace feliz, aunque para besaros se tenga que poner él de puntillas ¡¡No pasa nada!! Coge a tu bajito de la mano y camina orgullosa a su lado por la calle, y lo que opinen los demás, te lo pasas un poquito por el coño, y listo.

 

About Sor_Furcia

Me cago en dios y me llevo dos. Activista y Guarrilla fake.

2 thoughts on “El tamaño, como la belleza, también está en el interior

  1. Mi chico es alto, y yo soy muy bajita. Sin embargo una de las cosas que más me gustan de él es que es capaz de hacerse pequeñito para que lo abrace como si fuera un bebito, cuando yo lo necesito, o él lo necesita. Del mismo modo puedo hacerlo yo, cuando quiero ser pequeñita y me proteja. Creo que la clave está ahí, en fluir, en no ser siempre protector o protegido, si no en poder variar entre un rol u otro según el día que hayas tenido o el momento emocional en el que estés. Creo que es un tema más que de tamaño, de tener la mente abierta, y no ofuscarse en un rol preasignado.
    Me ha gustado mucho el artículo. Besos!

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