El culto al cuerpo femenino y las imposiciones estéticas

 

Autora: Watchara Klakhakhai
Autora: Watchara Klakhakhai

A mis hermanas adolescentes no les gusta su cuerpo. A sus diecisiete años no les gusta lo que ven en sus espejos. Una de ellas se siente muy delgada y la otra gorda. Una de ellas es talla 0, a veces llega a ser 1, y quisiera ser 3. La otra es talla 5 y quisiera ser una 3 también; y si un día se encuentran en la talla “ideal”, sé que no se sentirán satisfechas.

Recuerdo que a mis dieciocho años tampoco me gustaba mi cuerpo. Yo era, en aquellos tiempo, una talla 5. Ahora lo recuerdo y me da una tremenda rabia no haberme amado lo suficiente. No haberme gustado lo suficiente. Yo sentía que me faltaban tetas, me faltaban nalgas; estaba, pues, muy delgada. Y ponerme faldas no me resultaba: yo sentía que mis piernas no tenían la “suficiente carne”. Así que, me odié, me odiaba, odiaba mi cuerpo y cómo me veía en las miradas masculinas. Me acostumbré a mirarme con ojos de hombre, a juzgarme. No era lo suficientemente ¿bonita? ¿buena?, no estaba segura, simplemente no era suficiente. Si pudiera decirme lo bien que estaba, me lo diría; me pondría ese bikini y esas faldas sin miedo alguno.

A los veinte pasé a ser una talla 9. Tampoco fue suficiente. Ahora me sobraba carne. Osea, las nalgas y las tetas estaban bien; ahora sí me gustaban, pero mi vientre no era tan plano. Quería menos vientre, y tal vez las pompas más firmes. Ahora quería ser talla 7. No quería ser tan delgada como antes; pero tampoco tan “gorda” como en el presente.

Finalmente, pasé por un embarazo, y ahora soy una tremenda talla 10; con piel sobrante en mi vientre, estrías, las nalgas y tetas se cayeron en el parto y no hay día que me sienta feliz de mirarme en el espejo. Ahora pienso que no me importaría ser talla 0,1,3,5,7,9… todo menos la que soy.

Pero siendo honesta, nunca estaremos contentas. Si perdemos diez kilos, después queremos perder veinte. Si nos salen pechos, ahora queremos menos caderas, si tenemos vientre plano, queremos pompas duras. ¿Cuándo nos hemos gustado realmente?

Siempre nos sobra o nos falta. Tenemos las caderas muy anchas. Los brazos muy musculosos. Los pechos muy separados. Las piernas muy chuecas… y la lista nunca termina. Nunca somos “lo suficiente”. Siempre encontramos una manera de minimizarnos, de despreciarnos, de no sentirnos merecedoras de usar cierto tipo de ropa, no comernos una rebanada de pizza, de enamorarnos de tal persona.

Estamos siempre pendientes de cómo nos miran, cómo nos objetivizan, nos sexualizan.

De verdad nos odiamos. Un odio bien infundado, bien insertado en nuestra psique desde que nacemos, somos bombardeadas por tierra, mar y aire para hacernos creer que nunca estamos bien. ¿Cuántos millones mueve la industria basada en los complejos femeninos, en machacar nuestra autoestima? Maquíllate, depílate, tíñete el pelo, adelgaza, haz dieta, acude regularmente al gimnasio, hazte tratamientos de rejuvenecimiento, opérate… Un ciclo que nunca termina.

No estamos contentas nunca. No nos dejan estar contentas nunca. Nuestra intimidad no se salva, por eso recortamos, depilamos, aromatizamos nuestra vagina; ¡incluso la operamos para que parezca más joven! Todo para que sea lo que otros esperan que sea.

El culto al cuerpo no nos deja disfrutar. No nos detenemos a pensar que podemos correr aunque nos rocen los muslos, que podemos bailar con estrías en el vientre, que podemos amamantar con pechos pequeños o grandes, que podemos besar, morder, comer aunque tengamos boca ancha y dientes chuecos, que podemos hacer el amor aunque no nos depilemos ni recortemos nada.

Vivir sin la aprobación de nadie. Vivir sin un régimen alimenticio que te mata de hambre y te hace sentir débil. Vivir sin querer ser más altas o más flacas para que alguien nos quiera, para que alguien nos lleve a la cama, para que alguien nos dé su “visto bueno”. Olvidarnos del photoshop, de los mil filtros, de los estándares imposibles y de los vientres planos después del parto.

Tenemos que besar, bailar, correr, comer, brincar y dejar de castigarnos tanto por todo sin recibir nada. Y ser verdaderamente felices mientras nos miramos en el espejo. Lo verdaderamente revolucionario y antisistema es no dejarnos atropellar por los cánones que nos imponen, liberarnos del yugo estético que debemos cumplir, ser libres y felices tal y como somos.

About Diana Arvayo Ortega

Letrada, cinéfila, feminista y madre.

2 thoughts on “El culto al cuerpo femenino y las imposiciones estéticas

  1. Me encanta tu articulo, y que verdad, nunca somos suficiente hasta que nos cansamos y gritamos basta, y entonces nos damos cuenta que siempre fuimos perfectas.

  2. Es tan cierto, gracias por este articulo, recuerdo que he estado en guerra con mi cuerpo desde que tengo memoria, desde los 4 años si no mal recuerdo. Me he sentido tan miserable, poco merecedora y poco empoderada desde que gane más peso, y pensé aah si tan solo fuera delgada me querría más. Este artículo me ayudó a recordar, ni cuando pesaba 15 kilos menos que ahora era feliz, me sentía gorda, cuando adelgace me sentía poco curvilínea y sexy. Me ha ayudado a enfocarme, en esta sociedad no importa como te veas o como seas, siempre estas mal, nunca mereces, siempre debes mejorar tu aspecto y pues ya me canse de eso, no quiero dedicar mi existencia a ser la muñeca perfecta de nadie

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