El derecho al aborto en América Latina

Me llamo Gemma y es la primera vez que escribo para vosotras, Locas del Coño. Aunque suelo leer el magazine —este portal es una de las ventanas a un mundo relativamente nuevo de igualdad para mí— ahora me animo a escribiros porque, por una de esas casualidades de la vida, estoy trabajando en colaboración con el Fondo Calala de Mujeres en una campaña para captar fondos por los derechos sexuales y reproductivos en Centroamérica.

La verdad es que sé que vivo en una situación privilegiada respecto a mujeres de otras partes del mundo —aún sabiendo que aquí queda mucho trabajo por hacer— pero ha sido al ponerme las pilas con este tema cuando me he dado cuenta de cómo de complicadas son las cosas lejos de aquí.

Para que os ubiquéis, la campaña tiene el objetivo de donar todo el importe recaudado a cuatro grupos de base de mujeres que trabajan en Guatemala, El Salvador y en Honduras.

Buscando el estado de la legislación actual en esos países, para hacerme a la idea del contexto sobre el cual estamos trabajando, me di cuenta de mo de difícil (por no decir imposible) lo tienen para interrumpir su embarazo las mujeres de los tres países anteriormente mencionados. Es un derecho que tuvieron y que les han arrebatado.

Para que os hagáis una idea: De nueve países que prohíben el aborto en su totalidad, tres se encuentran en Centroamérica: El Salvador, Honduras y Nicaragua. No siempre fue así: en la conquista por los derechos de las mujeres hay avances y retrocesos, tanto aquí como allí.

Afortunadamente, los grupos de mujeres a los que apoyamos con esta campaña no se dejan pisar y se levantan tras cada golpe para buscar soluciones y alternativas, creando redes de apoyo para las mujeres, que son víctimas de estas medidas draconianas, y haciendo presión para que la legislación cambie. Su trabajo se nota: Actualmente el debate sobre la legalización del aborto está más vivo que nunca en países como El Salvador, —gracias también a la tarea de Morena Herrera, de la Colectiva Feminista de El Salvador, exguerrillera y activista feminista nombrada una de les cien mujeres más influyentes del año 2016 por la BBC— donde hay una iniciativa parlamentaria para aprobar una nueva ley que lo permita en cuatro supuestos, o en Honduras, donde se comienza a hablar públicamente sin miedo de este tema. Pero todavía les queda mucho por hacer.

En Honduras, la lucha por la despenalización de la pastilla del día después y del aborto está muy perseguida, puesto que el gobierno permite que lobbies como el Opus Dei dicten la agenda política y existan incluso listas negras de feministas que se oponen al discurso absolutamente retrógrado del gobierno. Antes del golpe de Estado, en el año 2009, las posibilidades de las mujeres embarazadas que no deseaban ser madres eran mucho mejores, pero ya hace siete años de ese retroceso.

El giro a la izquierda del nuevo gobierno de El Salvador ha sido una brizna de esperanza para todas las mujeres de su país, que tienen sus deseos puestos en que la propuesta de ley para que el aborto sea posible en cuatro supuestos y las mujeres de El Salvador dejen de tener que recurrir a agujas de hacer punto para poder abortar clandestinamente. Hasta que ese momento llegue, que espero fervientemente que ocurra como parte necesaria hacia una legalización del aborto libre y universal, las cosas están así: el aborto está penalizado y si te acusan de aborto clandestino, aunque haya sido espontáneo, vas a la cárcel 50 años.

En Guatemala, aunque el aborto en teoría es legal cuando el embarazo es producto de una violación o existe un riesgo inminente para la vida de la mujer —llamado aborto terapéutico— sigue siendo, en la práctica, de difícil acceso en la gran mayoría de casos. Ya sabéis lo que se dice, hecha la ley, hecha la trampa.

Por ahora la gran mayoría de mujeres de estos países tienen que recurrir al aborto clandestino arriesgando su vida, porque el Estado oprime sus derechos, permitiendo que la moral opresora domine el discurso político, decidiendo desde el púlpito sobre la vida de millones de mujeres sin permitir que ellas mismas tomen sus propias decisiones.

Me parece absolutamente inadmisible que miles de mujeres tengan que arriesgar su vida para interrumpir un embarazo, usando elementos tan sórdidos como una aguja de ganchillo, una varilla de paraguas, el ácido de batería o pedazos de madera o antiparasitarios, todos ellos insertados por la vagina —con la esperanza de interrumpir su embarazo y poder seguir con sus vidas—, lo cual provoca graves lesiones, cortes y hemorragias. Sus posibilidades, a grandes rasgos son: o bien morir desangradas o por una infección provocada por un aborto arriesgado, o bien pasar medio siglo entre rejas falsamente acusadas de homicidio agravado (porque si las acusan de aborto solo pueden encerrarlas de dos a ocho años, y eso es demasiado poco por haber querido decidir sobre su propio cuerpo, según la aplicación de la ley en El Salvador). La última opción es suicidarse, y no son pocas las que se ven arrojadas a esta opción. Es la principal causa de muerte entre adolescentes… la mayoría embarazadas. ¡No hay derecho! No puedo imaginar el miedo que deben sentir. Me hace hervir la sangre.

Mi compañera Inés y yo hemos creado una campaña para recaudar fondos para el fondo de mujeres para el que estamos trabajando, y aunque no me enorgullece decir que todo esto es muy nuevo para mí, más vale tarde que nunca. Estoy súper contenta de haber llegado hasta aquí, de manera completamente inesperada, porqué ahora sé, más que nunca, que la lucha por los derechos de las mujeres es mi causa, y aprendo cada día más, dándome cuenta que el mundo no gira entorno a mi ombligo de mujer europea de clase media. ¡Queda tanto por hacer!

Tal vez ya estabais al día de estas atrocidades antes de leer esyo. Es gracias a las mujeres como vosotras que las cosas cambian: si fuera por ellos, políticos, obispos y caspa por el estilo, las cosas seguirían como en el siglo XII.

En caso contrario, puede ser que, como yo, no hubierais contemplado los problemas que otras mujeres —que podríamos ser nosotras, pero son ellas, porque han nacido ahí y no aquí, como nosotras— se encuentran cuando intentan hacer su vida, cumplir sus sueños, estar tranquilas, ser tratadas con el respeto y la justicia que se merecen.

Humildemente os pido, amigas de Locas del Coño, que echéis un vistazo al trabajo que están haciendo desde Calala, cuya tarea empezó mucho antes de que yo me uniera a su equipo y que seguirá mucho después de que mi trabajo ahí haya finalizado.

Su labor apoyando a las mujeres de Centroamérica, siempre desde el empoderamiento, puede conseguir que en un tiempo las salvadoreñas, hondureñas y guatemaltecas no tengan que abortar usando una aguja de ganchillo, sino que puedan hacerlo en un hospital donde su salud y bienestar son la prioridad del Estado que ahora las tiraniza.

Sé que son tiempos económicamente complicados (me incluyo) y que no todas podemos apoyar económicamente a las causas en las que creemos. Si no podéis, estoy segura de que estáis haciendo todo lo que está a vuestro alcance para mejorar las condiciones de las mujeres en el mundo, sea mediante voluntariado, vuestras acciones cotidianas o vuestra transformadora consciencia de igualdad, que a mí, sin ir más lejos, me ha hecho darme cuenta de una realidad que estaba bajo mis narices todo este tiempo, mientras yo dormía plácidamente a la sombra del patriarcado, un árbol de raíces profundas y fruto amargo que luchamos por desarraigar todas con más fuerza cada día que pasa.

Si por el contrario podéis colaborar, sea cuál sea la cantidad que podáis aportar, tened por seguro que vuestra aportación llegará a su destino y hará una labor fundamental en la  lucha por los derechos sexuales y reproductivos, trabajando y dando apoyo desde la base, para que todas lleguemos a tener el mañana que nos merecemos, donde nuestro cuerpo no es gobernado por nadie más que nuestras propias decisiones.

Démosle la vuelta a la aguja de ganchillo o crochet: que no tenga que ser la opción de una mujer desesperada para abortar, sino que sea nuestra herramienta para tejer un futuro mejor para todas.

Gracias por la labor que hacéis, gracias por regalarme vuestro tiempo al leer esta carta y gracias por cualquier aportación que podáis hacer a la causa.

Os dejo el enlace a la campaña por si queréis echarle un vistazo: http://www.calala.org/cause/ganchillo/

Ayúdanos a tejer una red de apoyo por los derechos sexuales y reproductivos en Centroamérica
Ayúdanos a tejer una red de apoyo por los derechos sexuales y reproductivos en Centroamérica. Más información en la web de Fondo Calala

About Gemma

Hace relativamente poco que me he dado cuenta de la importancia de reivindicar el feminismo y ahora me estoy poniendo las pilas! :D

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